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Textos de Antonio Blay

Textos de Antonio Blay (69)

Diumenge, 06 Juliol 2014 16:03

El deseo (capítulo 6). El deseo en la oración

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Quizá esto lo veremos ilustrado, aunque suene un poco extraño, al hablar de la oración. La oración es frecuentemente una expresión de lo que yo deseo. Lo mismo si deseo ser muy bueno, o muy virtuoso, que si deseo que se solucione un problema que yo tengo, del tipo que sea. Entonces mientras yo estoy formulando mi deseo en la forma de oración, ¿qué está funcionando realmente en mí? Está funcionando un aspecto del sentimiento y está funcionando un aspecto de la mente. Pero no funciona en absoluto el aspecto de la energía.

Los deseos son realizables.

Siempre yo puedo realizar mi deseo, porque el deseo es expresión de mi propio fondo. Si yo quiero llegar a una mayor plenitud es porque esta plenitud existe en algún sitio en mí. Si yo quiero llegar a una mayor realidad es porque esta realidad existe en mí. Y si no existiera en mí, yo no tendría noción de que pudiera existir una mayor realidad.

Todos podemos realizar nuestros deseos del todo, en el sentido de actualización de nuestro modo de ser y de sentimos. Nuestro modo de ser y de sentirnos no depende del exterior aunque creamos que es así; depende de cómo yo reacciono al exterior, no del propio exterior.

Cuando en nosotros hay el deseo de algo, eso quiere decir que esencialmente existe en nosotros la posible realización de ese algo. El deseo puede tener dos formas básicas: o bien yo deseo llegar a ser de un modo determinado, o bien deseo algo externo a mí. Yo puedo desear llegar a vivir con una gran serenidad, o con una gran seguridad interior, o con una gran paz; o puedo desear una casa muy bonita, o poder disponer de unos medios económicos que me permitan una autonomía en mi vida.

El deseo hace proyectarme hacia algo porque intuyo que a través de aquel algo yo podré realizar un mayor grado de mi propia identidad, o de mi plenitud, o de mi satisfacción, o de mi claridad mental, o de algo que para mí es importante. Pero el deseo en sí no es realización. El deseo no es nada más que una tensión hacia algo. El deseo es una relación que hay entre yo tal como me vivo ahora y yo tal como me intuyo o espero llegar a ser. El deseo es importante, es fundamental, pero a condición de que llegue a su término. En la medida en que yo aprendo a actualizarlo, a convertirlo en acto, en realidad presente, es positivo; pero es obstáculo en la medida en que yo me acostumbro a vivir en el deseo, y sostengo, mantengo, alimento, este deseo. 

Diumenge, 02 Març 2014 20:59

El deseo (capítulo 2)

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Pero eso que hablamos del deseo como proyección de futuro, podemos verlo también desde otro ángulo distinto.

El deseo es el lenguaje por el cual se anuncia nuestro crecimiento. Todo crecimiento, todo desarrollo, se anuncia previamente a través del deseo. El niño pequeño que necesita moverse, que necesita gesticular, tocar las cosas, que necesita tratar de incorporarse y ver hasta donde puede llegar o no llegar...; cuando después el niño necesita un afecto, una comprobación de que es aceptado..., cuando después tiene una curiosidad intelectual, y va experimentando... Todo esto lo hace porque hay algo que lo empuja por dentro, porque hay un impulso que se manifiesta en su conciencia en forma de deseo, en forma de ganas de... hacer algo. Estas ganas de, son el lenguaje por el cual se manifiesta todo lo que es y todo lo que va siendo.

Dimarts, 04 Febrer 2014 10:31

El Deseo (capítulo 1)

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El deseo, proyección dinámica

En otras ocasiones he hablado de la necesidad de encarar los deseos, de hacer algo con ellos, de vivirlos. Hoy ampliaremos este tema.

El deseo es siempre una proyección. Por eso, cuando digo que actuemos de acuerdo con el deseo es para que el deseo deje de ser deseo y se convierta en algo presente, actual. El problema del deseo es que se mantenga como deseo. Es lo mismo que el temor. El problema del temor no es tenerlo; es mantenerlo. Si yo puedo traer el temor aquí, ahora, lo despacharé, se resolverá, se disolverá. Lo mismo que el deseo.

Dijous, 02 Gener 2014 18:31

El arte y la ciencia de la felicidad

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Nuestra identidad profunda es Felicidad

Dentro del desarrollo de nuestras facultades superiores en el nivel espiritual hemos de tratar algo que parece utópico y que no obstante está al alcance de nuestra conciencia. Es lo que podríamos llamar el arte y la ciencia de la Felicidad.
Se suele considerar que la felicidad es algo de otro mundo, que en esta vida es imposible encontrar nada que sea realmente y definitivamente pleno, pero esto se refiere a nuestro modo habitual de funcionar.

El orgullo es el problema más difícil de resolver y por eso no nos ha de extrañar que quien desee trabajar de veras en la vida espiritual se encuentre enfrentado a dificultades, problemas y contrariedades de todo tipo, y que muchas veces sea víctima de grandes injusticias. ¿Por qué? A veces porque la persona se «desconecta» de su entorno y no sabe ver las leyes más simples de la vida. Otras veces esto sucede porque sólo cuando la persona se encuentra con dificultades, cuando tiene que movilizar todos sus recursos interiores, cuando se enfrenta con cosas imposibles -cuando vive su impotencia, su limitación, cuando se da cuenta de que está ante algo que no puede solucionar, cuando se enfrenta a la crítica, al ridículo, inerme, sin poder hacer nada-, si sabe estar atento y consciente, aquello se convierte en una oportunidad extraordinaria para descubrir la no-realidad de su yo personal.

Dimarts, 05 Novembre 2013 15:39

Todo está en el Silencio

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La práctica del Silencio debe ser aprendida; mejor dicho, debe ser aprendida la práctica de dejar lo que no es silencio, pues sólo así se presenta el Silencio. El Silencio no es algo que nosotros podamos manejar o manipular; el Silencio es algo que siempre está ahí y sólo hay que descubrirlo; y se descubre cuando se quita lo que lo cubre, cuando se quita todo lo que lo oculta a nuestra conciencia. Por eso el trabajo no se relaciona con el Silencio mismo, sino con las demás cosas. Es cuando yo suelto las demás cosas-porque no tienen nada que ver con el Ser esencial, con Dios, con la realidad-, cuando entonces viene el Silencio. Cuando veo que ninguna idea, sensación, acción, tiene nada que ver con la Realidad profunda de mí, del Ser, cuando me doy cuenta de esto, lo suelto todo, lo dejo ir todo y me quedo sin nada. Este aprendizaje de “soltar” y de desidentificación es el que hay que realizar.

El sentido de la vida no es sólo el sentido global de la vida, es el sentido de cada instante de la vida, pues si yo no vivo este sentido en cada instante, yo no podré realizar este sentido. En mi etapa de búsqueda, el sentido de la vida es encontrar la plenitud; luego, si éste es el sentido de la vida, éste es también el sentido de cada momento de la vida, de cada circunstancia; porque «la vida» es un término demasiado general, y si me conformo con esta idea general descubriré que mi conducta particular está muy lejos de este objetivo. Es convirtiéndolo en objeto efectivo de ahora y del momento siguiente como yo realizaré este objetivo. Es, pues, una consigna de cada momento. ¿Estoy abriéndome ahora a lo que es la plenitud, la felicidad, el ser, la verdad, me estoy abriendo a ello? ¿O estoy esperando que algo o alguien me dé un poco más de afirmación o de satisfacción?