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Jueves, 02 Enero 2014 18:36

Propuestas para el Nuevo Año

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El nuevo año comenzó oficialmente el pasado 1 de enero, pero hay muchos que no se han enterado  porque siguen viviendo exactamente igual que el año anterior. No importa: un año son 365 días y el año nuevo puede empezar en cualquiera de estos días. El único requisito para iniciarlo es que el día sea realmente nuevo y tenga la vocación de convertirse en cotidiano. Porque hay muchos años nuevos que no duran ni una semana: mueren ahogados por la rutina que el viejo consigue imponer.

Jueves, 02 Enero 2014 18:31

El arte y la ciencia de la felicidad

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Nuestra identidad profunda es Felicidad

Dentro del desarrollo de nuestras facultades superiores en el nivel espiritual hemos de tratar algo que parece utópico y que no obstante está al alcance de nuestra conciencia. Es lo que podríamos llamar el arte y la ciencia de la Felicidad.
Se suele considerar que la felicidad es algo de otro mundo, que en esta vida es imposible encontrar nada que sea realmente y definitivamente pleno, pero esto se refiere a nuestro modo habitual de funcionar.

Muchas veces, en los artículos de ADCA hablamos de la necesidad de estar despierto como único remedio al nivel de conciencia del personaje; al que, por el contrario, llamamos estar dormido. Esta necesidad de estar despierto, de ser conscientes de ser el sujeto de nuestra existencia, cae por su propio peso cuando las pesadillas a las que nos somete el personaje se hacen insoportables y uno busca algo sólido y verdadero.

Lunes, 02 Diciembre 2013 17:41

Sobre la reserva a la hora de comentar los artículos.

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En la pasada asamblea anual de ADCA, algunos de los asistentes hicieron mención de la dificultad que encuentran en comentar los artículos que salen cada mes en la web, como este mismo, ya que observan en ellos un nivel y profundidad ante los cuales creen que cualquier cosa que digan no aportará nada al mismo, que en lugar de enriquecer no se hará sino empobrecer lo que ya está escrito.

Este comentario generó una cierta desazón en los redactores, ya que convertía el esmero con el que se emplean para ofrecer unos materiales dignos de ser leídos y comentados en una especie de boomerang que se volvía en contra de su propia finalidad.