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Miércoles, 05 Diciembre 2012 12:37

Acerca del fin del mundo

Publicado por  Jordi Sapés
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Todos habréis oído hablar de la enésima predicción del fin del mundo. Esta vez está previsto para el solsticio del 21 de diciembre del año en curso. Parece ser que en estas fechas, el  Sol se va a alinear con el centro de la galaxia, cosa que viene ocurriendo cada año durante el mes de diciembre.

El sentido común ya nos dice que el universo no puede terminar ahora, porque sería un final absurdo: un desperdicio colosal de energía y un fracaso absoluto de la conciencia y de la humanidad. O sea que la lógica de las cosas indica que tenemos mundo para rato. No obstante quizás estemos asistiendo al principio del fin de una determinada manera de interpretarlo que está agotada pero todavía puede persistir unos cuantos años. 

Ojalá que termine este modelo de sociedad en el que las dificultades se “arreglan” a base de despedir trabajadores de las empresas; expulsar familias de sus hogares, dejar a los disminuidos al albur de las circunstancias familiares y aumentar los impuestos a la población para pagar más intereses a los poderosos. Ojalá que finalice un sistema económico que aparece como una gran estafa a la vista de todos.  Primero nos invitaron a gastar todo el crédito que ellos nos daban y, de repente, lo han restringido hasta el punto de impedirnos trabajar. Ojalá que acabe el conformismo y la pasividad con la que aceptamos esta situación; porque parece como si nos hubieran robado el alma y nos hubiéramos quedado petrificados escuchando que no hay alternativas.

Así que el mundo no se va acabar, pero el sistema, que es algo de menor tamaño, puede que sí. Y hay otra cosa, todavía más pequeña en tamaño pero grande en importancia, que puede desaparecer del todo el próximo 21 de diciembre: nuestra alienación personal, este bloqueo que nos impide mirar, ver lo que hay y obrar en consecuencia, proponiendo un cambio radical en la forma de producir y distribuir la riqueza y en las pautas sociales que posibilitan decidir cómo hacerlo. 

Esta oportunidad la tenemos cada año por estas fechas. Son fechas que nos predisponen a buscar dentro de nosotros algo real y sólido en lo que apoyar nuestra existencia y el sentido de la vida. Este es el significado de la Navidad: que durante estos días somos capaces de vislumbrar más de lo habitual nuestra naturaleza espiritual, simbolizada por el nacimiento de Jesús. Estaría bien que nos preocupáramos por recordar a nuestros hijos el significado de la Navidad  y la Epifanía (los Reyes Magos), símbolos que nos hacen vislumbrar goces superiores. Lo cual no impide que celebremos el cambio de año con ritos paganos, si nos apetece.

Lo que sí deberíamos evitar estos días, es sumergir a nuestros hijos en montañas de juguetes, la mayoría de los cuales constituyen una ofensa a su creatividad y desarrollo personal. Ojalá la crisis sirva para disminuir la imagen de “cuerno de la abundancia” que les “regalamos” y que golpea sus mentes indefensas. Ahí tenemos la ocasión de diferenciar entre el amor que sentimos por nosotros mismos siendo tan generosos y el amor por ellos que requiere una mayor responsabilidad por nuestra parte.

Los Reyes Magos no solo le ofrecieron oro al niño Jesús; también le dieron incienso, reconocimiento de su realidad espiritual y mirra, augurio del esfuerzo que tendría que hacer para expresarla. Si nosotros fuéramos más respetuosos con nuestra tradiciones y las transmitiéramos adecuadamente, a lo mejor nuestros hijos no se encontrarían  cazando moscas de mayores y llegarían con mayor facilidad al Trabajo espiritual. Así que si el mundo que se acaba es este mundo del derroche en lo superfluo mientras se ignora y desatiende lo fundamental, bienvenido sea este final.        

 

     

 
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2 comentarios

  • Enlace Comentario Sábado, 22 Diciembre 2012 19:36 publicado por Jordi Sapés

    Gracias por tu comentario Rosa. Lamentablemente, sigo recibiendo correos de esta cadena que promueve la reducción del sueldo de los políticos así como de su número. El PP ya lo ha puesto en práctica en el parlamento de Castilla y León. De esta manera solo podrán dedicarse a la política la gente que puede vivir de renta. Y además, disminuyendo el número de parlamentarios se hará del todo imposible que entren en los parlamentos los partidos minoritarios. ¿Para qué necesitan sueldo los políticos del PP?, con lo que han saqueado de Caja Madrid y Caja Valencia pueden vivir muchos años. Ya se encargan de resolver el problema que han creado. A ellos nunca les falta de nada pero nosotros “hemos gastado lo que no teníamos” porque no sabemos conformarnos. Así que para restablecer la buena salud del sistema financiero, presuntamente indispensable para que todo vaya bien, están despidiendo a miles de funcionarios y trabajadores, desalojando de sus casas a la gente humilde, eliminando las becas comedor para los niños y las subvenciones para los discapacitados, malvendiendo la sanidad pública, construida con tantos años de esfuerzo, a sus amigos para que hagan más negocio, destruyendo la investigación científica, la cultura y las ONGs que trabajan para el tercer mundo, etc., etc. ¿Para qué tantos políticos?, a ellos les basta con uno.

    En cambio nosotros necesitamos miles, millones de políticos. Sobre todo gente bien formada, que sepa manejar bancos, escuelas y hospitales y ponerlos al servicio de la colectividad. Capaces de administrar los esfuerzos de todos en beneficio de todos, sin dejar que se pierda la aportación de alguien y no permitiendo que nadie sufra necesidad. De tal manera que lo importante sea lo que haces, no lo que ganas. Necesitamos estar a favor de la gente y dispuestos a trabajar para la gente. A nadie le resuelve nada que estemos en contra de los políticos mientras permitimos que no rindan cuentas de lo que han hecho. ¿Para qué servimos nosotros?: ¿para votar al PP y después al PSOE?, ¿y después otra vez al PP, y luego al PSOE?

  • Enlace Comentario Miércoles, 12 Diciembre 2012 17:17 publicado por Rosa

    Quien ahora manda es un modelo de sociedad que da el poder al mundo financiero. Es un modelo deshumanizado en el que todo se convierte en número y dinero. Esta mecánica sigue un curso implacable en el que para salvarse de ser devorado u obtener los máximos beneficios se hunde a los otros sin contemplaciones. Esta dictadura del capital a la que estamos sometidos, está provocando una guerra a nivel mundial, cuyas armas son las tecnologías de comunicación, el dinero, los números, la simulación, la competitividad feroz, la especulación, la corrupción, la defenestración de recursos y la avaricia sin límites. Aunque en principio las tecnologías, el dinero y los números son neutros, puestos al servicio de los demás conceptos se convierten en un cóctel letal.
    Es el modelo de la ley del más fuerte. Los débiles o sometidos mueren de hambre, se arruinan y pierden los derechos más fundamentales para hacer frente a la extorsión y a la estafa. Con la excusa de que los fuertes dan de comer a los débiles, se hacen toda clase de atropellos y abusos, mientras algunos se enriquecen desmesuradamente a costa de empobrecer al resto.
    El otro modelo está basado en la ley del amor que se manifiesta a la tierra que nos sustenta, y a todos los que la habitan, con el equilibrio de sus recursos, la cooperación, ayuda y el bien de todos. Hay algunos grupos, asociaciones y organizaciones que la practican. Pero el colectivo sigue una vía lenta con avances y retrocesos. Cuantos más seamos los que estemos en ello, más nos acercamos a la superación del modelo deshumanizado. Hay una necesidad imperiosa de ir al fondo de nosotros mismos para que podamos hacer realidad nuestro granito de arena, y aportarlo a los grupos que trabajan en ello.
    Recomiendo la película El Capital del director Costa-Gravas, que pone en evidencia las deficiencias del sistema financiero capitalista que ha desembocado en la actual crisis económica y de valores mundial.

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