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Miércoles, 05 Diciembre 2012 12:56

Respecto a la palabra Dios

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Yo utilizo la palabra Dios. Sé que hoy en día resulta anacrónico hablar de Dios, y especialmente mencionar la palabra Dios. Esto se debe a varias cosas. En primer lugar, la mentalidad general va adquiriendo un tono cada vez más, si no materialista, por lo menos sensorialista. También porque la idea que en general se tenía hasta ahora de Dios ha quedado trastornada por los nuevos conceptos, tanto de la ciencia como, por otro lado, de la misma teología. Asimismo porque las asociaciones emocionales e intelectuales que despierta esta palabra son rechazadas a veces por la persona adulta, porque no encajan con los valores que ella vive en tanto que persona adulta. Y entonces se produce como una especie de incomodidad, y se rechaza en bloque todo lo que parece que va ligado a esa idea de Dios.

Esa idea de Dios lleva aparejada una cierta rigidez, unas ciertas obligaciones, unas estructuras teóricas, unos deberes morales o moralizantes, etc. Incluso dentro de las mismas corrientes de espiritualidad, se nota, desde hace algún tiempo, un cambio; un cambio en el sentido de una espiritualidad no fundamentada ya en un Dios como Ser Trascendente, sino orientada más bien hacia una dimensión inmediatamente horizontal, es decir hacia una labor social. Y, aunque la mayor parte de las personas siguen teniendo la intuición de que existe algo detrás de las cosas, sin embargo, en virtud de la confusión exterior, de la contradicción de ideas, de la dificultad que parece existir en el mundo para aclararse, esta creencia o intuición de que existe un Ser Superior queda, de hecho, como algo pobre, como algo inefectivo, inoperante, en la vida real de las personas.

Cuando yo hablo de Dios, me refiero no a la idea de Dios, no a ningún concepto de Dios, sino a algo que hay detrás de toda la multiplicidad, de todo lo fenoménico, detrás de las apariencias. Es algo que se intuye como Realidad en Sí, como base primordial de todas las cosas. Para mí, no sólo las cosas se están haciendo, se están estructurando, se están desarrollando interna y externamente, sino que hay algo que preexiste a ese desarrollo, a esa actualización o manifestación. Respecto a esta Realidad Trascendente -que es una realidad esencialmente viva, y, por lo tanto, no una categoría puramente teórica o intelectual- aunque, por definición, no podemos tener una idea de lo que es en sí, al menos podemos conocer algunos de sus rasgos, algunas de las características que necesariamente ha de tener. Para mí, ese Dios es, a la vez, personal e impersonal; es inmanente y es trascendente.

(Podemos sustituir la palabra Dios por cualquier otra palabra mientras sea representativa, significativa, mientras señale a esa Base, a esa Realidad en Sí. Esto ya es una cuestión individual: cada uno debe buscar una palabra que no despierte antagonismos en sus asociaciones emocionales en lo personal).

Dios es personal

Digo, pues, que Dios, para mí, tiene esa naturaleza personal, aunque esto pueda parecer chocante para muchas personas. Yo, en principio, concibo, intuyo al Ser Superior como teniendo todas las características que nosotros percibimos dentro de lo que existe. Pues bien, una de estas características y valores dentro de lo que existe es el valor de la personalidad, en el sentido de constituir una unidad de voluntad, una unidad de inteligencia, una unidad de acción. En este sentido considero que el Ser Trascendente es personal. Para mí, el Ser Trascendente es la Persona única, la Persona Absoluta, de la que todas las cosas son expresión. Para mí, ese ser personal es el verdadero, el único sujeto, el Yo Absoluto.

Entonces, todo lo que existe, el Universo en pleno, es Su personalidad, Su manifestación, Sus vehículos y formas de autoexpresión. Para mí, toda la existencia es una autoexpresión del Ser en Sí (en un sentido muy parecido a lo que podemos concebir en el hombre: una realidad en sí, una realidad central, que es lo que intuimos con el nombre de Yo, y, luego, una múltiple expresión de este yo, a través de la personalidad, desde su mente, su afectividad, su capacidad de asimilación o de reacción respecto al entorno en que vive).

Dios es impersonal

Para mí, Dios es impersonal en el sentido de que está más allá de las limitaciones de la persona, en el concepto habitual de la palabra persona. Tiene un carácter absoluto respecto a todo y, por lo tanto, podemos verlo también como Base Esencial, como Principio Primordial, como Realidad Total.

Dios es inmanente

Dios es inmanente en el sentido de que está en la base, en el centro de todo lo que existe, de que en el fondo es la Realidad en Sí de todo lo que es, sin distinción de personas, o de reinos -mineral, vegetal, etc.-. Todo lo que existe es, en su centro, esta realidad, por el mismo concepto que he dicho anteriormente de que todo lo que existe es la autoexpresión, o la personalidad, del Ser en Sí. Por lo tanto, la última realidad central de todo lo que existe es el Ser. El último sujeto, el único sujeto central detrás de todas las convenciones y todas las estructuras relativas, es el Ser, Dios.

Dios es trascendente

Es trascendente en el sentido de que todo lo que existe, toda la creación de la cual El es el sujeto, de la cual El es el autor o protagonista, no afecta sustancialmente a su propia identidad. El es idéntico a sí mismo, sin depender para nada de su acción, de su manifestación. Y, en este sentido, lo podemos intuir, al mismo tiempo, como trascendente e inmanente.

Extracto del libro Conciencia, Existencia y Realización. Editorial INDIGO

 

 

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4 comentarios

  • Enlace Comentario Jueves, 24 Enero 2013 21:45 publicado por Pilar Maria

    Dios por tanto no necesita de nadie y sin embargo está presente en cada uno, en cualquier forma que existe, tanto si le alaba como si no...por eso es tan GRANDE, porque siendo TODO quiso manifestarse en todos y cada uno particularmente. Así es como se quedó dentro del hombre y cómo ahora mismo soy DIOS en mi. Gracias por recordármelo con este texto, ha sido una nueva revelación de lo Superior en mi.

  • Enlace Comentario Lunes, 17 Diciembre 2012 13:40 publicado por Esteban

    Creo que me suena bien vuestro enfoque con respecto a Dios como personal e impersonal, objeto ,sujeto en cuanto hacéis una descripción más próxima a mi sentir.
    De niño me arrodillaba junto a la cama para orar al Díos que me presentaban semana a semana en la iglesia ;después de unos años de intentos de hablar y pedir al supremo incluido Jesucristo, aún poniéndome pesado en mis plegarias y poner cara de mil maneras, mi comunicación con este Dios era igual a la de un náufrago .
    ¿ Queréis decir que mi pequeña inteligencia forma parte de la GRAN inteligencia ,mi pequeño amor forma parte del GRAN amor y mi cuerpo energía forma parte de la GRAN energía ?
    ¿ Es posible que como se apunta que desde mas-menos 4 años quedé confinado a vivir sobre la base de la idea que tenia de mi y del exterior con todos los sensores que conectan con la existencia desconectados ?

    Un saludo a todos/as.

  • Enlace Comentario Domingo, 16 Diciembre 2012 12:16 publicado por Jordi Sapés

    A mí lo que me gustaría resaltar es que el planteo que Blay hace de Dios lo trasforma de objeto a Sujeto. Porque la religión tradicional, por mucho que lo considere omnisciente, misericordioso o todopoderoso, contempla a Dios como un objeto magnificado, algo que nosotros no somos, un no-yo. Y, lo que es peor, algo que nosotros debemos temer o podemos utilizar.

    Claro, es lógico que esta idea tan infantil de Dios, que a veces parece figurar en la nómina del Vaticano, se vea rechazada por cualquier individuo que tenga un asomo de conciencia personal. Cuando la persona despierta, se vive ella misma con la capacidad necesaria para enfrentar la realidad de una manera responsable, sin necesidad de amenazas ni de que le prometan una moto si se porta bien. Por eso los ateos reivindican una capacidad moral que, a veces, parece estar por encima de la de los creyentes; precisamente porque no responde a ningún cálculo que contemple una recompensa trascendente.

    Pero una vez superado este concepto utilitario de Dios, cuando la persona expresa todo su potencial, sin segundas intenciones, porque está en su naturaleza y es su forma de existir, si en su momento te apartaste de una religión impuesta, la indagación sobre la propia naturaleza humana te devuelve a Dios. Y no porque busques seguridades en una supuesta existencia post-mortem sino porque necesitas encontrar la realidad y el sentido en la vida cotidiana.

  • Enlace Comentario Viernes, 14 Diciembre 2012 09:47 publicado por jcalm

    Una de las cosas que siempre llamó mi atención al leer éste y otros textos de Blay sobre Dios era que lo convertía en algo cercano y accesible, en algo que, al igual que el resto de su mensaje, podías integrar en tu conciencia y experimentar. Además, y esta es también otra característica de su legado, esta integración de Dios en tu conciencia, y por tanto en ti, es un camino que tarde o temprano descubres que puedes recorrer hasta donde quieras, o hasta donde te sientas llamado a hacer, no hay límite ninguno en el otro lado, si es que se puede expresar así. Blay, con sus palabras, trata de ayudarnos a superar esta barrera que, de entrada, hay en casi todos nosotros con el concepto de Dios, y nos permite traspasar una frontera que nos da acceso a una manera diferente de ver la vida.

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