Iniciar sesión

Jueves, 06 Junio 2013 17:45

Coger el sujeto y olvidar el objeto. Coger el objeto y olvidar el sujeto.

Publicado por  Jordi Sapés
Valora este artículo
(0 votos)

Desde un punto de vista práctico, ¿qué es lo más importante: la conciencia de mi o la conciencia de lo que tengo que hacer?, ¿el sujeto o el objeto?

Depende. A veces tengo que prestar más atención a  mi  realidad personal y a veces tengo que prestársela a lo que tengo delante.

¿Cómo podemos diferenciar ambas circunstancias? Pues es bastante fácil: tenemos que ver a qué cosa le estamos dando mayor importancia. Si lo que nos interesa es nuestro prestigio individual, nuestra valoración, nuestra fama y nuestro poder personal, tenemos que prestarnos atención a nosotros mismos por encima de cualquier otra cosa. En cambio, si lo que nos interesa es perfeccionar  lo que tenemos delante, llevar a cabo un proyecto, colaborar en un movimiento social, etc. entonces deberemos prestar la máxima atención posible a esta labor y dejarnos a nosotros mismos en un segundo plano.

Si reflexionamos y somos honestos con  nosotros mismos, cada uno verá en qué está más interesado. Como decía Gurdjieff: vale mas ser temporalmente egoísta que eternamente injusto; o sea que preocuparse por uno mismo no es ningún delito. Puedo preocuparme por mi porque necesito liberarme del personaje, porque necesito reforzar mi yo experiencia, porque siento el llamado del yo esencial que me pide tiempo para el centramiento o la meditación o porque he descubierto mi vocación y estoy reestructurando toda mi existencia. No hay nada de malo en ello. Lo único que se me puede pedir es que lo haga a conciencia.

Igual que se me requiere conciencia cuando el propósito es trasformar la realidad con mi acción personal. Si alguien piensa que puede trasformar algo cumpliendo estrictamente lo que la sociedad le exige, está muy equivocado. Todo el mundo conoce el refrán que dice: el que hace lo que puede no está obligado a más; pero en el Trabajo defendemos que, haciendo solo lo que uno puede, nadie se mueve de sitio, porque vive prisionero de sus limitaciones. Así que para modificar algo es preciso hacer mucho más esfuerzo del que se requiere para mantener las cosas tal como están.  

Lo que es fatal es invertir los esfuerzos en un ámbito con el fin de mejorar el otro. Por ejemplo:  intentar ganar prestigio y valoración a base de destacar públicamente o renunciar a ser uno mismo a cambio de poder político, económico o social. En ambos casos la acción está desvirtuada y en vez de fortalecer los ámbitos elegidos, los perjudica. Tanto el que se pretende reforzar como, por descontado, el que se ha optado por subordinar o ignorar.

Cada vez que nos sentimos mal retribuidos por lo que hacemos, no solo en dinero, sino en reconocimiento y prestigio, es señal de que nos tenemos que prestar más atención a nosotros mismos y reforzar nuestro yo experiencia. Porque de lo contrario, tampoco vamos a dar a los demás aquello que necesitan; lo que haremos será apoyar sus déficits para que ellos nos ayuden en los nuestros. Así que los esfuerzos que hagamos no van a solucionar nada y dejarán insatisfecho a todo el mundo.

La acción real que transforma nuestro entorno sólo se puede hacer cuando nos sentimos lo suficiente seguros de nosotros mismos como para prescindir de cualquier clase de retorno. Y eso no significa que los demás nos tengan sin cuidado, significa todo lo contrario.   

          

 

Leer 4558 veces Modificado por última vez en Jueves, 06 Junio 2013 17:47

1 comentario

  • Enlace Comentario Miércoles, 19 Junio 2013 10:20 publicado por Rosa

    La acción real implica también al interior y al exterior en una acción de unidad basada en la interacción de ambos y no en la función parcial del yo o no-yo. Por ejemplo: voy a comprar pan, y en la tienda ofrecen varias especialidades. Yo elijo, (interior) surge el deseo de probarlo (puente que relaciona el interior con el exterior), y acto seguido lo compro (acción sobre lo exterior). He sido consciente de cual elegía y he sido consciente de que quería probarlo y de que lo compraba. Sin las especialidades de pan (exterior), no habría elección (interior). Sin la elección y el deseo de probarlo no habría podido coger el pan. En la síntesis “escojo un pan”, encontramos al sujeto (interior) y al objeto (exterior) implicados en una unidad de relación.
    ¿De qué maneras podría desvirtuarse esta acción? Una forma podría ser renunciando a elegir y comprando lo de siempre porque al personaje se le antoja demasiado arriesgado probar una nueva especialidad. Prefiere la rutina que ya conoce. En este caso para que no se desvirtúe la acción tendría que haber consciencia de la elección entre la rutina y la novedad. Otra forma podría ser la de comprar el pan porque se le sugiere que debe probar la nueva especialidad, y entonces cede ante la presión que el vendedor ejerce, cuando no tenía la más mínima intención de probarlo.
    ¿Es el pan un objeto pasivo? En apariencia si pero si nos detenemos a observar veremos que la elaboración peculiar de cada especialidad de pan (objeto) actúa como un estímulo para el sujeto que lo observa. Parece pasivo porque no se mueve y no habla pero también podemos apreciar que hay distintas formas de expresión, a veces mucho más contundentes que la palabra: su mera presencia objetiva. Es activo en cuanto a la expresión y pasivo en cuanto que no puede decidir cualquier acción sobre sí mismo. Por ello es un objeto.
    Cuando el que tendría que comportarse como sujeto procede de forma mecánica, sin elección consciente, desaparece como sujeto y solo queda el objeto: el mismo y el pan de siempre. Para que haya una interacción real debe pasarse conscientemente del plano de la idea con la consiguiente volición al plano de la acción. Cualquier estímulo puede servir para ejercitar la consciencia.

Para poder participar con tus comentarios en el artículo es necesario ser socio simpatizante de la asociación, lo cual es gratuito y sólo requiere tu registro en esta web. Más información en el apartado COMO HACERSE SOCIO.