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Domingo, 01 Septiembre 2013 06:19

Prestar atención a lo que nos molesta.

Publicado por  Jordi Sapés
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Todos llegamos al Trabajo porque queremos ser felices. Y tenemos derecho a ello porque esta es nuestra naturaleza esencial. El problema es que el personaje ha distorsiona la percepción de nosotros mismos y nos ha llevado a identificar la felicidad con el hecho de que ocurran determinados sucesos, al tiempo que nos prohíbe ser felices si estas circunstancias no se dan.

Nos cuesta mucho entender que la complejidad del mundo y la poca fuerza que tenemos individualmente convierten esta felicidad condicionada en una quimera. Y sin embargo, destinamos la mayor parte de nuestro tiempo y esfuerzos a manipular la realidad con la intención de alcanzar este objetivo. Así que es imprescindible que revisemos esta forma de enfocar la existencia porque es obvio que nunca nos conducirá a ser felices.

Si la felicidad la somos, no puede depender de las circunstancias porque lo que somos lo somos siempre, en cualquier situación. Y dado que la mayoría de situaciones por las que atravesamos ofrecen alguna dificultad que nos puede causar sufrimiento, tenemos que hacer el esfuerzo de entender cómo se puede ser feliz en estos momentos  en vez de desgraciado. Para eso es preciso estar situados en unplano de conciencia superior al habitual y hacer justamente lo contrario de lo acostumbrado: procurar actualizar el amor que somos en estas circunstancias, especialmente aquellas que el personaje considera  adversas para sus intereses.

Esta actitud supone pasar por encima del sentimiento habitual de rechazo que experimentamos en estas ocasiones y poner la atención en eso que se nos presenta como adverso. Normalmente no prestamos atención a lo que nos molesta, lo que hacemos es juzgarlo de forma peyorativa y rechazarlo emocionalmente, con lo cual sólo conseguimos dar mayor fuerza a la negatividad. Prestarle atención implica reconocerlo como real, con la misma realidad que nos adjudicamos a nosotros. Reconocerlo como real no es lo mismo que aceptarlo porque de entrada me seguirá pareciendo mal; aunque veré la inutilidad de pretender que desaparezca. Nosotros somos y estamos aquí por derecho propio; y esto que nos molesta, también. A lo mejor ni tan siquiera se ha enterado de que nos está molestando. Pero lo que es seguro es que no ha venido a este mundo con el propósito de interferir en nuestra existencia. De hecho, la comparte, forma parte de ella; por eso no desaparece por más que le proyectemos pensamientos y sentimientos negativos.

Cuando la presunta molestia es un ser humano, el personaje lo utiliza para hacernos buenos, por comparación. Eso es fácil de conseguir: cuanto peor resulta ser la gente que nos rodea, más brilla nuestra bondad. Así que queda claro que somos buenos; pero no felices, porque por bueno que uno sea, es imposible ser feliz cuando estás rodeado de gente mala. Así que mejor optar por la recomendación que nos da el Evangelio y que nos insta a amar a nuestros enemigos, porque los enemigos son tan nuestros como los amigos: nadie nace amigo o enemigo, somos nosotros que los hacemos amigos, si favorecen nuestros intereses, o enemigos, si los perjudican. 

Pero aunque su conducta, o su mera existencia, represente una dificultad para nuestros propósitos o proyectos, esta existencia forma parte de la realidad que les incluye a ellos y a nosotros; así que lo inteligente es incluirlos también en nuestra conciencia en vez de rechazar la realidad como injusta o equivocada.

Quizás, después de tantos años de escuchar que para ser bueno hay que perdonar a los demás, conviene resaltar que perdonar no es una alternativa propia de gente buena sino de gente lista. En vez de decir: “no seas malo”, quizás sea mejor decir: “no seas estúpido”; a ver si de esta manera hacemos más caso de las recomendaciones de lo Superior. Porque así como la bondad es algo de lo que parece que podemos prescindir o dejar para más adelante, de la inteligencia no conviene pasar; porque andar equivocado expresamente no presenta ninguna ventaja.

Leer 8324 veces Modificado por última vez en Domingo, 01 Septiembre 2013 15:12

4 comentarios

  • Enlace Comentario Domingo, 15 Septiembre 2013 12:31 publicado por edit

    Es verdad que todos queremos ser felices pero a mí lo que realmente me llevó al trabajo fue mi necesidad de saber quién y que soy, y fundamentalmente encontrarle un sentido a mi vida.
    Bien, dejando esto aparte, es verdad que nos cuesta trabajo reconocer como real aquello que nos molesta y que por supuesto al igual que nosotros estamos aquí por derecho propio, aquello que nos molesta también lo está, por ejemplo: una pulga. Esta sensación de querer y desear que aquello que nos molesta debiera desaparecer es como consecuencia del nivel de conciencia en el que nos encontremos en ese momento.
    Pongamos un ejemplo: Vamos a suponer que este mundo es como una orquesta que está interpretando una sinfonía y que nosotros somos los instrumentos que la componen: violines, flautas, tambores, platillos…etc. Ahora resulta que el violín está interpretando su melodía sin saber que está armonizada con el resto de los instrumentos y de repente el tambor entra en escena y pega varios bombazos. El violín siente que lo está jodiendo el puñetero tambor y que debería desaparecer de este mundo. A continuación la flauta dice que le molestan las trompetas, al piano el contrabajo y así sucesivamente. (Nivel de conciencia inferior). Ahora supongamos que el violín es capaz de “separarse” un poco ampliando su atención y comienza a escuchar la melodía, es decir el conjunto de todos los instrumentos a la vez, el timbre especial de cada instrumento, la belleza del conjunto de melodías armonizadas y se da cuenta que todos son imprescindibles para que esta sinfonía sea como es, incluso los bombazos del tambor. (Conciencia superior).
    Bueno para darle un toque de humor a este escrito (el humor nunca debe faltar) de modo que no nos olvidemos que la pulga también estaba allí por derecho propio picándole al director de la orquesta.
    Un abrazo para todos

  • Enlace Comentario Jueves, 05 Septiembre 2013 15:23 publicado por Jordi Sapés

    El juicio es un invento del personaje, pero la persona o la circunstancia que lo suscita y lo recibe es bien real. Lo que yo defiendo es que prestemos atención a eso que nos parece mal; no en la media en que nos parece mal, sino en la medida en que está aquí.
    Y no es tan difícil; simplemente no estamos acostumbrados a hacerlo. Nos han educado para rechazar lo que nos disgusta y hay que sobreponerse a esta costumbre, pero no es difícil prestar atención a algo. A veces hacemos una traducción incorrecta de la recomendación "amar a nuestros enemigos"; lo traducimos como que nos han de gustar. Y no es eso, sólo les hemos de prestar atención.

  • Enlace Comentario Miércoles, 04 Septiembre 2013 17:48 publicado por nico

    Felicidades por el articulo,Jordi. La claridad y clarividencia del mismo reconforta y creo que nos ajuda a situarnos. No me pararé a comentar la dificultad de actualizar el amor que somos en esas circunstancias, porque creo que es evidente.
    El reto, como siempre, es poder estar presente y este presente nos llevarà a incluir en nuestra conciencia todo aquello que se nos presenta.

  • Enlace Comentario Miércoles, 04 Septiembre 2013 14:04 publicado por Imanol

    Hola Jordi. S, me ha parecido muy interesante tu articulo como una forma de hacer ver que es muy importante prestar atención a lo que nos molesta, porque la observación de esto, es precisamente lo que nos puede ayudar a descifrar todo el engranaje compulsivo de nuestro personaje. Ahora bien hay algo que me cuesta entender… si partimos de la base que la estructura del personaje es algo que se sobrepone a nuestra realidad esencial ¿Cómo puede ser que algo que nos agrade o desagrade tenga entidad de realidad? O quizás expresado de otro modo ¿no es el propio personaje con sus presupuestos y su circuito cerrado del Yo idea al Yo ideal el que proyecta sus agrados y desagrados al impactar con las circunstancias externas? Yo lo que entiendo es que es el propio personaje el que le da entidad de realidad a algo que por sí mismo no la tiene…

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