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Viernes, 04 Octubre 2013 09:25

El Papa Francisco.

Publicado por  Jordi Sapés
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En círculos eclesiásticos se cuenta un chascarrillo que ha tomado relevancia estos últimos meses. Se refiere a una discusión que implica a la Santísima Trinidad: 

Cuentan que el Padre llama al Hijo y le comunica que las cosas en la Tierra andan muy mal y tendrá que volver a bajar a nuestro planeta. El Hijo se niega en redondo, aduce que en su anterior descenso lo pasó muy mal y no está dispuesto a repetir la experiencia. El Padre insiste, dice que es algo que no puede eludir pero Hijo se resiste. Total que interviene El Espíritu Santo diciendo: No os enfadéis, ya bajaré yo, que no he estado nunca en el Vaticano y me hace gracia visitarlo.

Bien, pues parece ser que esta visita se ha hecho realidad: tenemos un nuevo Papa que habla y se comporta como si hubiera entendido el Evangelio. Fijaros lo que dice en diversas declaraciones.

La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas

Veo con claridad que la Iglesia necesita curar las heridas y dar  calor a los corazones de los fieles con su presencia y proximidad. La veo como un hospital de campo después de una batalla. Es absurdo preguntarle a un herido grave si tiene colesterol o tiene el azúcar alto. Primero hemos de curar su herida y después podremos hablar de lo demás. 

La religión tiene derecho a expresar sus opiniones al servicio de la gente, pero Dios ha hecho al ser humano libre y no podemos inmiscuirnos espiritualmente en su libertad.

El confesionario no es una sala de torturas sino un lugar en el que el Señor  nos estimula a actuar lo mejor que podamos.

El anuncio de la salvación es previo a las obligaciones morales y religiosas. Pero hoy día da la impresión de que lo estamos planteando al revés.

Dios está presente en la vida de todas las personas, en la vida de cada uno. Aunque la vida de esta persona sea un desastre, se entregue al vicio, a las drogas o a cualquier otra cosa. Dios está presente en su vida. Aunque la vida de una persona parezca un  terreno lleno de espinos y hierbajos, siempre es un espacio en el que la buena simiente puede crecer. Tenemos que confiar en Dios. 

La mujer ha de tener un papel más importante en la Iglesia y ha de estar presente en los lugares en los que se toman las decisiones importantes. 

Solidaridad es una palabra que corre el riesgo de ser cancelada del diccionario, porque molesta. Porque te obliga a mirar al otro y darte al otro con amor.

Violencia, explotación, discriminación, marginación, planteamientos restrictivos de las libertades fundamentales, tanto de los individuos como de los colectivos, son algunos de los principales elementos de pobreza que se deben superar. Precisamente estos aspectos caracterizan muchas veces los movimientos migratorios, unen migración y pobreza.

Donde no hay trabajo falta la dignidad, es difícil tener dignidad sin trabajar; el trabajo es dignidad, llevar el pan a casa, y amar. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que lleva a esta tragedia. Un sistema económico que tiene en el centro un ídolo que se llama dinero. Pero Dios ha querido que en el centro del mundo estén el hombre y la mujer y que lleven adelante el mundo con su trabajo, y no el dinero.

Parece imposible pero tenemos en el Vaticano un papa que piensa igual que nosotros. Y como era de esperar, la Conferencia Episcopal Española, los obispos de un estado que  tiene 6 millones de parados, no se ha hecho eco de estas palabras.

Pero nosotros sí que tenemos que divulgarlas y exigir que la Iglesia que administra los obispados y las parroquias se haga eco de las mismas. A nosotros nos conviene que una institución que mantiene una influencia tan importante como la Iglesia Católica vuelva a predicar el Evangelio de una forma clara y práctica. Así que atentos a lo que sucede en el Vaticano.

 
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1 comentario

  • Enlace Comentario Sábado, 19 Octubre 2013 08:08 publicado por Rosa

    La vida de una persona siempre es un espacio en el que la buena simiente puede crecer, porque Dios está presente en todos.
    Estas palabras del Papa Francisco son pertinentes para el mismo organismo de la Iglesia Católica. Aunque este organismo sea corrupto, se trata de un organismo vivo, formado por personas, que en muchas de ellas ha crecido ya la buena simiente. Y esto es un hecho por dos cuestiones que han sucedido. La primera implica a todos los que han elegido a este Papa con la intención de regenerar este organismo, y después la persona del mismo Papa Francisco que es un ejemplo de claridad, profundidad de conciencia y de transparencia.
    Otra frase de él y que le sitúa en un perfil de indignado es la que exclamó en una entrevista en la tragedia de Lampedusa:
    “Es una vergüenza” Lo dijo con serenidad pero con contundencia.

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