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Viernes, 09 Mayo 2014 15:58

El deseo (capítulo 4). El deseo como impulso interior

Publicado por  Miquel Cazaña
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Cuando en nosotros hay el deseo de algo, eso quiere decir que esencialmente existe en nosotros la posible realización de ese algo. El deseo puede tener dos formas básicas: o bien yo deseo llegar a ser de un modo determinado, o bien deseo algo externo a mí. Yo puedo desear llegar a vivir con una gran serenidad, o con una gran seguridad interior, o con una gran paz; o puedo desear una casa muy bonita, o poder disponer de unos medios económicos que me permitan una autonomía en mi vida.

O sea, puedo desear algo de mí, de mi interior (en relación a mi modo de ser), o puedo desear un objeto. Pero cuando miro bien eso..., me doy cuenta que en último término las dos cosas son una sola. Yo deseo un objeto, o deseo unas determinadas condiciones exteriores, porque creo que en aquellas condiciones yo me sentiré mejor, yo seré más feliz, yo viviré de un modo más pleno. O sea que, en definitiva, siempre estamos buscando vivir de un modo más pleno, más satisfactorio, más completo, más auténtico. Lo que pasa es que a veces lo buscamos directamente, aspirando al estado en sí, y otras veces lo buscamos indirectamente, a través de una condición externa: que las personas cambien, que tengan otro carácter, que en mi trabajo me asciendan, que yo aumente de categoría, etc. Pero en el fondo siempre todo va a parar a esta exigencia profunda de vivir yo más mi propia plenitud, de un modo u otro.

Bien. Esta plenitud se desea porque ya está empujando por dentro. El deseo no viene simplemente de algo que nos falta. Si nos faltara algo y sólo eso, esto no generaría nunca el deseo. El deseo solamente se genera cuando, por un lado, yo vivo limitado, y por otro lado, otro nivel en mí vive o percibe una plenitud. Es el contraste entre estas dos cosas que hay en mí lo que genera el deseo. Si yo solamente fuera eso limitado, viviría la limitación como única posibilidad, sin contraste posible, sin demanda posible. Yo sería eso y no podría aspirar a más porque no podría sentir o intuir nada más. Pero resulta que a pesar de vivir unas limitaciones, algo en mí intuye que hay otro modo de vivir más pleno, más auténtico. Esto es lo que produce el deseo.

El deseo no nos viene nunca del exterior, el deseo nos viene por ese desequilibrio interior existente entre lo potencial y lo actualizado. Si no hubiese este potencial, aunque se nos ofrecieran exteriormente toda clase de estímulos, no habría respuesta interior. Yo tengo hambre y en la medida que tengo hambre, la intuición, el instinto, me dice que he de comer unas cosas; pero en el momento en que el hambre ha quedado satisfecha, en el momento en que hay un equilibrio entre mi conciencia orgánica y mi demanda interior, entonces ya no hay hambre, y aunque aparezcan alimentos en el exterior, aquello no me produce hambre. El hambre se debe, pues, a un desequilibrio interior. Y todo deseo es exactamente igual; las cosas exteriores no me tentarían si no hubiera una demanda interior.

 

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4 comentarios

  • Enlace Comentario Martes, 27 Mayo 2014 07:25 publicado por Ricard_Miquel

    Gracias Sra. Rosa.
    Creo que es bueno comunicar lo que se vive cuando se minimiza al máximo el personaje. Nos da fortaleza y ánimos.
    Y dar ánimos está relacionado con dar Alma, que es lo que hace Dios en mi parecer.
    Hasta pronto.

  • Enlace Comentario Sábado, 17 Mayo 2014 20:06 publicado por Rosalia

    Me encanta vuestras reflexiones,son esclarecedoras.Yo si observo que el deseo ha sido el motor para moverme sino acomodada al dia dia.pero ese deseo.vuelve en forma de otra demanda.

  • Enlace Comentario Jueves, 15 Mayo 2014 17:21 publicado por Imanol

    Muy bueno Rosa el comentario sobre el texto y como siempre muy esclarecedoras y profundas las palabras de Blay, sin embargo me gustaría resaltar que aunque, como bien se ha puntualizado, el deseo pone de manifiesto el desequilibrio entre el potencial no actualizado y lo que reclama por actualizarse esto aunque parezca obvio y por experiencia propia, siempre está supeditado a que uno se haya desembarazado de los claros oscuros de su personaje, porque a poco que quede algún rescoldo activo el deseo de algo, incluida la realización del ser, siempre está supeditado a los propios intereses del personaje.

  • Enlace Comentario Jueves, 15 Mayo 2014 11:31 publicado por Rosa

    El desequilibrio entre lo que está empujando por dentro, como potencial para actualizar, y el no cumplimiento de esta actualización, es lo que provoca el deseo. Este me parece como una llamada a una necesidad de equilibrio, como ley intrínseca a la que tiende la vida manifestada. En la tríada formada por la realidad del potencial, la llamada del deseo y la necesidad de la manifestación, el deseo actúa como un puente, un nexo de unión para recrear vida. Cuando una semilla se desarrolla, es gracias al Deseo de llegar a la plenitud de su forma. Esta vive un tiempo hasta que se degrada y desaparece con el Deseo de seguir un nuevo ciclo de vida. El potencial es siempre idéntico a sí mismo, las formas cambian incesantemente. El potencial es sin tiempo, la forma vive en el tiempo.
    Me pregunto por qué estamos en la manifestación. Creo, que para vivir la vida conscientemente desde este lado, y poder descubrir y reconocer el Potencial Creativo que somos. Así, instigados por el Deseo y reclamados por la necesidad de la Manifestación de nutrirse de substancia esencial, podemos obrar como magos, al asumir el poder del Potencial para dirigir nuestras capacidades hacia las sencillas y concretas recreaciones de cada día.

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