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Sábado, 06 Junio 2015 08:40

Ver al personaje y superarlo.

Publicado por  Jordi Sapés
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Como ya sabéis, el plan de Trabajo que hemos desarrollado permite hacer la experiencia de despertar y objetivar el personaje en un plazo promedio de 14 meses. A los que llevamos tiempo en esto nos parece un éxito, pero para los que se inician es mucho tiempo. Tanto que este Trabajo de despertar y ver el personaje tiene el peligro de acabar haciéndose compatible con la existencia habitual.

Ojalá tuviéramos la posibilidad de elegir entre la pastilla roja o la azul; si eligiéramos la correcta, nos darían el susto de muerte que implica ver, de golpe, la realidad tal como es. O que cayera un rayo del cielo que nos derribara del caballo del personaje como le aconteció a San Pablo. Por cierto que San Pablo, después de la caída, estuvo siete años preparándose antes de empezar a predicar, pero el susto ya lo había tenido.

En esta línea de Trabajo, arrastramos la maldición colectiva de aparecer como un “curso de crecimiento personal”, otro más. Bastante bueno porque “hace crecer” bastante, pero no tanto como quisiéramos; y además hay que esforzarse mucho. Durante los primeros meses, nos tenemos que enfrentar con un personaje que pretende que le bendigan sus ideas, su preocupación por los demás y sus buenas obras. Cuesta Dios y ayuda ver que esta es precisamente la trampa a evitar y que la cuestión no es “crecer” en esta dirección sino dirigir la atención hacia algo muy distinto: el ser. Y cuando empezamos a intuirlo aparece otro obstáculo: la comodidad y la cobardía. La comodidad de que el mecanismo decida por nosotros y responsabilice a los demás de nuestras dificultades, y el miedo a prescindir de esta mentira tras la que llevamos tanto tiempo parapetados.

Superar el personaje implica despertar y permanecer despiertos. Después de ver al personaje la única utilidad que tiene es hacer de despertador. El personaje no tiene nada que se pueda aprovechar, no tiene ideas buenas; no hay ninguna idea que sea buena, aplicar cualquier idea a la realidad implica ignorar la realidad y sustituirla por un juicio inútil. Y juzgar a las personas es una barbaridad porque cualquier persona es un potencial ilimitado de inteligencia, amor y energía.

No dejéis que vuestro pensamiento se ponga a buscar apresuradamente ejemplos que justifiquen el juicio a los demás. Sobreponeros a esta tentación mecánica y mirad despiertos lo que hasta ahora habéis contemplado dormidos: personas y situaciones. El cambio es radical, no es una cuestión de matiz. Si no nos parece radical es que no hemos comprendido qué es el personaje y hemos optado por convivir con él. Si es así, mejor sería no haber empezado el Trabajo porque el personaje lo habrá utilizado para engordar el yo ideal.

A esto me refiero en el primer párrafo de este artículo: a lo mejor llevamos tantos días hablando del personaje que ya nos hemos familiarizado con él y lo estamos viendo solamente como un estorbo. No es un estorbo, es un mecanismo que nos anula por completo y nos hace vivir en un mundo horrible, carente de significado y de solución. El personaje nos hace ver las cosas al revés de cómo son: nos hace desconfiar de nuestra inteligencia cuando dudamos y nos hace sentir seguros de estar en lo cierto cuando consideramos algo como indiscutible. Nos considera responsables cuando nos empeñamos en modelar a los demás según nuestros gustos e intereses y nos presenta como inmoralidad el hecho de respetar su manera de ser aunque no coincida con la nuestra. Nos acusa de aventureros y utópicos cuando luchamos por algo difícil de alcanzar y nos proclama maduros cuando optamos por la seguridad de lo establecido.

El mundo, una vez despiertos, es tan diferente del ordinario que si habéis finalizado el análisis del personaje y os preguntáis “¿y ahora qué viene?” es que solo habéis añadido una idea más a las que ya teníais.               

 

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