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Sábado, 06 Febrero 2016 07:06

Las relaciones humanas

Publicado por  Antonio Blay
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Cuanto más estoy descubriéndome yo como ese foco de energía, inteligencia y afectividad, y no como una forma particular de sentir, de pensar y de hacer, cuanto más me vivo como fondo más veo lo maravillosa que es cada persona tal como es. En cambio, cuanto más me vivo como forma particular más estoy dividiendo a las personas en unas que van a favor y otras que van en contra. La prueba de que se vive realmente en lo esencial de uno es esta facilidad natural de aceptar a la otra persona de verdad, no de una manera vaga, implícita, sino de un modo actual como tal persona en particular. Ello quiere decir que estoy viviéndome en lo fundamental.

Cuando se vive lo fundamental hay una total libertad en cuanto a las formas. En la medida en que las formas me detienen, que me apego a ellas o las rechazo, quiere decir que yo me estoy viviendo como forma; por lo tanto la relación humana es un test y a la vez una escuela para ir despertando. 

En la medida que voy viviéndome en lo que soy, dejo de vivir para conseguir cosas, dejo de utilizar al otro para que me dé o me escuche; me dé seguridad o me dé afirmación de mi propio valor. En la medida que vivo la realidad mía -la energía, la felicidad y la comprensión-, el otro es un medio, gracias al cual yo expando esa comprensión, ese amor, esa energía. Amar a alguien no es hacerle ningún favor; en cambio el personaje siempre vive el amar a otro como que está haciéndole un favor especial, favor del que espera una serie de pagos , de compensaciones. Amar a alguien es un privilegio, el privilegio de poder expresar en la existencia lo que yo soy como esencia y por lo tanto es el otro que me hace un favor a mí cuando yo puedo amarle y comprenderle; está enriqueciéndome, está haciéndome crecer.

En el fondo el sentido de la relación humana es llegar a vivir en la unidad detrás de la multiplicidad, permitir que la multiplicidad, que las diferencias existan completamente, pero que, a la vez, yo sea capaz de aceptar esas diferencias radicales porque estoy viviendo lo que está detrás de las diferencias, que es, una vez más la inteligencia, la afectividad, la energía.

La relación humana es, por un lado, un modo de crecer; por otro lado es un modo de expresar en el mundo concreto lo que soy en el mundo abstracto. Es un proceso constante de creación, de crecimiento, de juego gozoso, de poder compartir un poco más con el otro lo que yo soy y lo que el otro es en el fondo.

La relación humana ha de limpiarse de ese sentimentalismo que hemos adquirido en virtud de un personaje de ser bueno. La relación humana ha de basarse en la realidad, no en el deber moral de ser buenos, sino en un realismo exigente. Sólo el realismo exigente conduce a la unidad. Por lo tanto veamos con claridad el juego que solemos hacer de que yo soy amable para evitar conflictos y los problemas que me crean esos conflictos. El juego que estoy haciendo por el que estoy siempre tratando de evitar que el otro se enfade ¿porque lo amo?, no, porque temo que en su enfado me dirá cosas muy desagradables y entonces yo tendré que vivir hacia él cosas desagradables. Esa bondad está basada en la debilidad y el temor. Sólo cuando soy fuerte puedo ser amable. Cuando soy fuerte no temo, no necesito defenderme y entonces el amor y la amabilidad son auténticos , son genuinos. 

 

Texto extraído del libro: Ser. Curso de psicología de la autorrealización. Antonio Blay. Editorial Indigo 2009

Leer 4458 veces Modificado por última vez en Sábado, 06 Febrero 2016 10:09

3 comentarios

  • Enlace Comentario Domingo, 21 Febrero 2016 15:34 publicado por leire

    Me encanta este texto de Blay porque nos ofrece la visión del verdadero amor, del verdadero sentido de la relación con el otro. Me parece que éste es uno de los campos donde más limitaciones tenemos y el origen de gran parte de nuestro sufrimiento debido a la manera en que nos han enseñado desde pequeños qué es el amor, como dice Laura, con un enfoque egoísta basado en dar a condición de si recibo y en valorar al otro en función de si le beneficia o no al personaje. En función de si se adapta o no a sus consignas y a la visión sesgada del mundo que éste nos presenta.

    He experimentado que el dar de verdad, ese mostrarme ante el otro como lo que soy, sin artificios, aporta siempre más que recibir porque cuando doy me lleno todavía más de las capacidades esenciales que soy, pues vivo el placer de ejercitarlas de manera consciente. Por eso estoy totalmente de acuerdo con Blay en que amar es un privilegio, el mayor de los privilegios.

  • Enlace Comentario Sábado, 20 Febrero 2016 19:56 publicado por laura

    Para mí no hay nadie que explique como Blay lo que es el auténtico Amor y lo que significa relacionarse desde ahí. Antes de conocer sus libros intuía que no era eso que nos inculcan de pequeños a la mayoría de "portarse bien" pero no podía explicar lo que realmente me parecía que no veía por ningún lado.

  • Enlace Comentario Miércoles, 17 Febrero 2016 16:33 publicado por Rosa

    ¿De qué manera nos relacionamos?
    En el apego “rechazamos” otra cosa que no sea aquella a la que estamos apegados. Curiosamente en el rechazo estamos “apegados” a otra cosa que no es aquella a la que rechazamos. Son las dos caras de la misma moneda: el apego. En la detención o inhibición nos abstenemos para no fracasar, o para sentirnos falsamente libres de lo que se espera de nosotros. Aun así, estamos sometidos a las ideas. Nos sentimos vulnerables porque dependemos exclusivamente de lo externo y no hemos ejercitado suficientemente nuestras capacidades internas ¿Qué es lo que tememos, de qué huimos? Posiblemente de la sensación de que algo anda mal.
    En las tres reacciones estamos prisioneros o atados a unas ideas o formas. Hay que mirarlas de frente, y ver el “cuelgue” que nos priva de la verdadera libertad.
    Ni conseguir, ni utilizar. Simplemente dar. El otro me estimula a concretar la operatividad y el amor en la verdad del presente.

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