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Domingo, 02 Julio 2017 08:54

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Publicado por  Ana Balado
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Se me está cayendo el pelo, día a día.  Aunque me habían dicho que esto no iba a ocurrir la realidad es que sí. Me cambia el aspecto, sé que no soy esa cara ni esas formas y, poco a poco, me voy ocupando de lo que le sucede a mi cuerpo.

Estoy  tranquila y en paz, esto es lo que hay, no me preocupa nada. La realidad no está equivocada en nada: a esta conclusión he llegado sobre todo a través de la enfermedad, de todo este proceso, mi cuerpo está cansado, débil, dolorido, pero yo no. Si vuelvo la vista atrás y recuerdo tanto sufrimiento… esto es Jauja. Je, je, solo se lo puedo decir a los que estamos en el Trabajo. No hay el sufrimiento ni la pena típicos de cuando deseamos que las cosas sean de otra manera, hay realidad, sin más.


Todo esto me está ayudando, entre otras cosas, a desidentificarme de las formas; con las que estaba tan identificada. Ahora compruebo que cuando estamos en el Trabajo la existencia nos pone delante las circunstancias que nos van a mover para que desarrollemos el potencial que tenemos en déficit. Comprenderlo, integrarlo y ponerlo en práctica transforma de verdad la realidad. Esto lo he comprendido e  integrado gracias a la enfermedad y a la voluntad de querer ver más allá.

En estos cinco o seis meses se han ido dos personas que conocía y con los que he coincidido en la oncóloga. Empiezo a relacionarme y a convivir con todo este mundo de hospitales, tratamientos y personas que, de repente, ya no están. Todo esto es nuevo para mí; y desde luego me ha abierto una perspectiva de la realidad que jamás había imaginado. Pero os digo que no hay nada que encuentre fuera de lugar, todo sigue un orden, un orden en el que yo misma estoy inmersa. Pero desde mi presencia, lo vivo sin ningún horror, calificativo que suele ser muy utilizado en estos casos.

No paro de dar gracias a Dios por haberme permitido llegar despierta hasta aquí. Todos los conflictos aparentes en los planos inferiores se desvanecen cuando se contemplan desde más arriba. Mi experiencia me dice que me he pasado toda una vida tratando inútilmente de resolver problemas de estos que crea nuestro personaje, o el personaje de la gente que nos acompaña, y estos problemas se han resuelto en el momento que he podido contemplarlos y actuar desde un nivel de conciencia superior, al reconocerme en lo que soy y obrar en consecuencia.

Ahora puedo darme cuenta de la pérdida de tiempo que supone elucubrar sobre los planos superiores desde el personaje. Lo cierto es que, desde este nivel de conciencia en el que estamos habitualmente, en el que se mueve la mayoría de la gente, no hay visión ni noción de la realidad que somos. Y es un sueño creer que el pensamiento nos va a conectar con estos planos más elevados. De hecho, si fuera posible subir ahí con el pensamiento, no entenderíamos nada.

En fin, quiero compartir con vosotros estas vivencias y animaros a seguir con el Trabajo con la mayor conciencia que le podáis poner. Os aseguro que Dios nos devuelve este esfuerzo multiplicado por cien.

Leer 6703 veces Modificado por última vez en Domingo, 02 Julio 2017 09:03

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