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Sábado, 30 Septiembre 2017 17:16

Sobre la Unidad

Publicado por  Jordi Sapés
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La Biblia explica que Dios creó al ser humano arquetípico: Adán. A continuación lo diferenció haciéndolo macho y hembra, para que pudiera reproducirse y multiplicarse; y más tarde, cuando ya había mucha gente en el mundo y todos hablaban la misma lengua y utilizaban las mismas palabras, Dios confundió sus lenguas, de modo que no se entendieran entre sí. Y los dispersó por toda la tierra.

Las lenguas de los que llegaron hasta la Península Ibérica se agrupan, según los lingüistas, en el subconjunto de lenguas iberorománicas, y son: el catalán, el castellano y el galaicoportugués. Nadie sabe de dónde proceden los que hablan euskera, o sea que, probablemente, ya estaban aquí. En cualquier caso, el resto de pueblos procedentes de Babilonia, los consideraron tan difíciles de entender cómo se tenían entre ellos mismos.

Esta actuación de Dios, confundiendo primero las lenguas y luego las mentes, es una de las tantas acciones sorprendentes que Él realiza y que a veces nos resultan difíciles de entender. Pero como la ignorancia no excluye el cumplimiento de la ley, sobre todo de la divina, mejor nos atenemos al consejo que reza: lo que ha desunido Dios no lo unifique el hombre; sobre todo por la fuerza.


Reflexionando sobre el sentido de esta división a propósito, se nos ocurre  que puede tener que ver con el amor. Siempre que hablamos del amor hablamos de la unidad, pero perdemos de vista que la unidad exige la previa diversidad; de lo contrario no es unidad, es uniformidad. Y la uniformidad es una falsa unidad, es una unidad forzada.


Fijémonos en los uniformes de los militares o de los colegios: en la práctica sirven para ignorar que cada uno de los uniformados es una persona distinta, con capacidad de decidir. En la milicia el uniforme resulta útil para distinguir al “enemigo” de  “los tuyos”, pero en el colegio no tiene otro objetivo que facilitar la despersonalización del alumno y convertirlo en una pieza más del sistema.


En cualquier caso, ni la milicia ni el colegio son ámbitos que promocionen precisamente el amor; lo que promocionan es la competencia, tanto entre sus propios integrantes como con otros colegios o ejércitos. No obstante, llaman amor a la identificación con sus colores, que son supuestamente superiores a los otros; y proclaman que formar parte de su colectivo es una suerte inmensa que los individuos por sí mismos no merecen y a la que han de corresponder con una entrega personal sin límites.


Pero Dios repite la fórmula las veces que haga falta e introduce la división en el seno de todas las uniformidades. Lo hace con el fin de que la persona, que es la única portadora de la esencia divina, pueda brillar con luz propia y elegir con quien quiere compartir su existencia y en qué colectivos desea participar. Porque, para poder entregarse, si es que así lo decide, primero uno tiene que ser dueño de sí mismo.


Cuando Dios actúa siempre tenemos la impresión de que hay algo que se disgrega. A los más mayores nos explicaron en el colegio franquista que la Revolución Francesa fue una catástrofe que rompió con lo más sagrado del orden y las tradiciones; y sin embargo, la declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano nos hizo conscientes de nuestro valor individual: eso que los uniformistas se empeñan en ignorar.


La unidad es algo que se produce espontáneamente cuando el ser humano se siente atendido y respetado. Si esto no sucede, lo adecuado es hacerse notar disintiendo de la mayoría. Y si la mayoría no permite la disensión, la única posibilidad de no ser ignorado y anulado es abandonarla. Stuart Mill, el filósofo fundador de la democracia parlamentaria ya previó que esto podía pasar: que un colectivo minoritario se viera desatendido y oprimido por leyes promulgadas a través de procedimientos democráticos. En estos últimos tiempos, muchos colectivos ( la gente de color, las mujeres, lo homosexuales, etc.) han tenido que transgredir abiertamente las leyes para poder conquistar primero sus derechos y obtener, a continuación, el respeto de los demás.


Si el abandono de la mayoría se demuestra necesario, la separación ha de ser provisional, claro, el camino de la unidad es el camino correcto. Pero los valores más elevados del ser humano: libertad, justicia, conciencia, unidad… son objetivos a alcanzar que no permiten sucedáneos, porque los sucedáneos matan el espíritu. La prepotencia y el desprecio en nombre de la democracia y de la unidad son actitudes que provocan heridas difíciles de cicatrizar.


Por eso, todas las personas conscientes, de todos los pueblos, debemos oponernos activamente a que esto suceda. Últimamente resulta más complicado que antes matar físicamente a los que se oponen a la uniformidad, pero en cambio las mentes se anestesian y anulan con mayor facilidad. Así que bienvenidos sean los conflictos que nos recuerdan nuestra capacidad de ver, amar y transformar la realidad de acuerdo con nuestra naturaleza esencial.

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5 comentarios

  • Enlace Comentario Martes, 17 Octubre 2017 15:53 publicado por Imanol

    Da la impresión que actualmente hay un gran impulso social, económico, político e incluso religioso a esa uniformidad que se señala en el artículo. Algo así como un poner todo el esfuerzo en construir una unidad ficticia pase lo que pase y cueste lo que cueste, sospecho que para el poder económico establecido le resulta más fácil controlar personas “uniformadas” que individualidades libres. Lo que está claro es que este “pseudo- amor” anestesia y adormece sobre manera al individuo y lo que es más peligroso al Amor con mayúsculas, que precisamente se actualiza en la existencia amando las diferencias. Apunto una frase de Max Scheler que hace referencia a esto: “Cuando el amor pretende ignorar las diferencias no es más que resentimiento u odio por los valores positivos de las personas o de los colectivos singulares”

    Gracias por el articulo Jordi.

  • Enlace Comentario Domingo, 08 Octubre 2017 08:37 publicado por Pilar Maria

    Me ha encantado el artículo y sobre todo lo bien la nueva perspectiva que se abre en mi mente al leerlo porque estoy en un pueblito de Sevilla de dos mil habitantes y rancio a ultranza pasándolas canutas todos estos días. He tenido que salir a la defensa de un matrimonio acosado la noche anterior del 1-O por una gigantesca bandera española y he tenido mucha vergüenza de los comentarios de familiares, vecinos y amigos con los que no he podido más que decir tres o cuatro palabras antes de parar para decir "stop" cuando en vez de razonar comienzan a insultar...el nivel cortito con sifón. Pero hay algo que me ha llamado mucho la atención cuando se ponen realmente las cartas sobre la mesa, las personas con las que he hablado puede que no entiendan ni compartan un sentimiento de independencia pero al valorar que la dignidad humana debe estar por encima de cualquier otra consideración todo el mundo ha agachado la cabeza y ha cerrado el pico. En ese punto han acabado todas las discusiones y no es que me haya sentido victoriosa, pero he visto que no todo está perdido y que desde ese punto podemos sentarnos a dialogar con un poco de conciencia y sentido común. Como siempre Jordi eres un faro muy potente en mi vida y no me cansaré de darte las gracias.

  • Enlace Comentario Jueves, 05 Octubre 2017 19:40 publicado por Rosalia

    Entiendo del articulo que las personas para vivir esa unidad que tanto nos hablas primero ha de ser persona, es decir, consciente y vivir el potencial del amor, permitiendo las diferencias. Como dice el artículo, brillar con Luz propia. Por el contrario los uniformados solo responden desde la mecanicidad, seguir el patron que les han marcado y cuando alguien desentona hay que reprimirlos e intentar anestesiar las mentes.
    Me aclara mucho todo lo que estoy viviendo estos dias. Gracias Jordi.

  • Enlace Comentario Lunes, 02 Octubre 2017 19:27 publicado por Carlos

    Comprometido artículo en estos tiempos en que se quiere imponer una uniformidad en nombre de la unidad. Unidad sí, pero la que yo quiera, vienen a decir.
    Saco varias conclusiones.
    La primera, es que somos uno, pero cada uno de una manera, como nos recuerda Jung en la introducción del libro oracular chino "I Ching": todos los cuarzos cristalizan manera hexagonal, pero no hay dos cuarzos iguales en la naturaleza.
    La segunda es que no hay crecimiento espiritual ni nivel superior de conciencia sin análisis de la realidad en la que vivimos y compromiso de actuar en ella.
    Qué le vamos a hacer, pero quien busque en la espiritualidad una escapatoria, va a convertirla en una droga más, y no en lo que realmente es.

  • Enlace Comentario Domingo, 01 Octubre 2017 10:53 publicado por PILAR LOURDES

    Gracias Jordi. Siempre gracias

    Una de las cosas más bonitas que a mi me está ocurriendo estos días con mis compañeros de trabajo, Ana y Fernando, es que cada uno de los tres tenemos una visión diferente de lo que se está viviendo en Cataluña y algunas mañanas hemos debatido sobre el tema teniendo ideas diferentes.

    Y sin embargo, los tres en todo momento, durante esos debates, éramos plenamente conscientes de que la expresión libre de nuestras discrepancias no empañaba lo más mínimo nuestra profunda y armónica relación.

    Esa idea de unidad y de amor sencillo y cotidiano que vivo cada día con ellos y que conservo agradecida en mi corazón durante estos días, mientras todos vemos lo que ocurre, ha brotado al leer tus palabras y me apetece compartirla con todos.

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