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Miércoles, 28 Febrero 2018 18:51

El Amor: un camino y una finalidad

Publicado por  Isabel Moya
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Uno de los frutos más transformadores que aporta el Trabajo a nuestras vidas es la calidez y profundidad de las que se van impregnando nuestros actos a medida que vamos avanzando en él. Creo que esto es debido a que vamos tomando conciencia, poco a poco, de que el Amor se va instaurando en nuestras vidas.  La observación, y progresiva constatación vivencial de que todo lo impregna, todo lo mueve, todo lo relaciona...,  nos va haciendo vibrar en su sintonía, modificando maneras de pensar, sentir y hacer, hasta conducirnos al redescubrimiento de nuestra verdadera Naturaleza, hasta llegar a tener la certeza de que Yo Soy eso, Amor.

Cuando comencé el Trabajo ya había leído previamente algo de Blay y me sonaba lo de que somos un potencial de Inteligencia, Amor y Energía. ¡Y además, un potencial infinito! No obstante, por entonces, esta afirmación me parecía un poco inverosímil, porque aunque aspiraba a vivir mucho más plenamente, contemplaba y medía el mundo y a mí misma bajo los patrones sociales adquiridos e interiorizados en mi “Yo Idea” los cuales limitaban y distorsionaban mi visión y percepción Real.

Así que primero había que desmontar todas estas ideas que acostumbran a estructurar nuestro mundo: pequeño, limitado y supuestamente previsible, al que miramos y nos relacionamos desde la dualidad: “yo y el mundo”, con el propósito de convertirlo en algo mucho más grande, real y fuente de infinitas oportunidades, que nos vaya acercando a sentirnos en la Unidad:  “yo en el mundo”, formando parte de todo.

Construimos así, progresivamente, el Yo Experiencia, desarrollando todos y cada uno de los potenciales. Las actividades y vivencias cotidianas nos sirven de base para que, despiertos, respondamos a ellas de la manera que sintamos oportuna.  Nuestra vida concreta comienza a percibirse cada vez menos amenazadora en cada uno de sus ámbitos y va surgiendo la confianza en nosotros y en los demás, en el devenir de las cosas, en lo que ves y en lo que no ves.

Para mí, una de las primeras consecuencias del Trabajo, dónde yo noté que se estaban plasmando sus efectos,  fue en el ámbito laboral. Percibir cómo se desdibujaba la barrera que acotaba “lo que te toca hacer” y “lo que no” para pasar a intentar dar lo mejor de ti mismo en cada momento, es, según mi experiencia, de por sí muy liberador y reconciliador, a la vez que incuestionable, porque dejas de pensar que has de defenderte a fin de que no abusen de ti, y en cambio comienzas a coger el control y a aportar a la situación tu participación por el simple hecho de que tienes la capacidad de ello y por la satisfacción que produce el hacerlo.


También, cómo no, me he encontrado con momentos y situaciones determinantes y tristes de la vida que nos recuerdan que nuestra personalidad  no controla los acontecimientos y entonces, despiertos, percibimos que solamente podemos estar ahí, en presencia, asistiendo a lo que está aconteciendo, que nos trasciende, intentando quizás aportar algo que pueda ser necesario, de la misma manera que contemplamos maravillados, la salida del sol una madrugada o ponerse en el anochecer.

Pero algo nos empuja a profundizar más en la conciencia y el “Yo Experiencia” no deja de ser sino otro vehículo para conducirnos al “Yo Esencial”. En este punto se hace vital cultivar las experiencias que nos lleven a concretar  el encuentro con el Amor.
Blay dice... que primero se aman las formas, luego nos damos cuenta que el Amor brota de nosotros y amamos esto que sentimos, después al Amor y por último al Ser,  que es de dónde proviene el Amor...

El Trabajo, en todo momento, nos guía y acompaña en el proceso de ir traspasando vivencialmente las puertas que han de llevarnos desde nuestro punto de partida, que acostumbra a ser el del amor selectivo a unas formas determinadas, hacia poder ir conectándonos progresivamente con nosotros mismos, con nuestra esencia, para darnos cuenta de nuestra verdadera Naturaleza y por ende, de la de todo lo demás. Hasta llegar al descubrimiento del Ser, hasta llegar a Dios y  sentir, confiados y abiertos, que hemos vuelto casa y de que nos ponemos en sus manos.
Con estos propósitos el Trabajo se va convirtiendo en nuestro Camino, en nuestra manera de hacer y de vivir. Indiferentemente del punto en el que nos hallemos y de los resultados personales que cada uno vayamos consiguiendo, me parece una excelente manera de experimentar la vida que somos.

Gracias por poder compartir en ADCA que, amorosamente, nos brinda un espacio y tiempo concreto donde conectarnos y relacionarnos. Pertenecer a un grupo de trabajo como éste me llena de satisfacción.

Leer 2257 veces Modificado por última vez en Jueves, 01 Marzo 2018 07:26

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