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Textos de Antonio Blay

Textos de Antonio Blay (59)

Martes, 02 Diciembre 2014 13:20

La ayuda de lo Superior en el Trabajo Interior

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Éste es otro aspecto muy interesante del trabajo. Cuando uno trabaja interiormente, porque verdaderamente lo siente así, porque esta demanda le nace de dentro, ha de saber que no es uno mismo quien en realidad inicia el trabajo sino que ese trabajo nace o se origina en lo Superior.

Lunes, 10 Noviembre 2014 10:21

Somos la conciencia.

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Nosotros lo vivimos todo en nuestra conciencia, y de hecho nuestra conciencia es el universo en el cual vivimos, es nuestro universo individual. Este universo individual está formado por todo lo que son actualizaciones del foco central, al que llamamos potencial, de nuestra inteligencia, de nuestra afectividad y de nuestra energía. A través de esas respuestas que se producen ante unos estímulos, nosotros vamos tomando conciencia de unas formas, de unos seres, de unos valores, de unos significados. Y por el aprendizaje que hemos hecho solemos creer que sólo somos el cuerpo, y a lo que asociamos con ese cuerpo lo llamamos yo, mío, mis cosas. Pero en realidad somos todos los contenidos de la conciencia, todos.

Miércoles, 08 Octubre 2014 09:07

Un concepto clave en la vida espiritual

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Todos nuestros mecanismos, todos nuestros contenidos psicológicos, ideas, sentimientos, están siempre basados en estructuras contingentes, transitorias: deseamos tener un cargo, ganar dinero, vivir en un sitio determinado...etcétera; deseamos una serie de cosas, las cuales, todas, por su propia naturaleza, son transitorias, están destinadas a transformarse y a desaparecer.

Miércoles, 03 Septiembre 2014 18:25

El deseo (capítulo 7). La fe operativa

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Curiosamente, hemos ido a parar a esta noción, que parece extraña (teniendo en cuenta de donde hemos partido), de la Fe. ¿Qué quiere decir Fe? Vemos en el Evangelio constantemente esta referencia a la Fe. «Si tuvierais fe...», «todo es posible a los que creen»... «¿tú crees que puedo curarte?»... (y entonces se produce la curación). Siempre aparece este condicionamiento a la fe. Pero, claro, muchos de nosotros tenemos la palabra fe asociada a cosas desagradables, o poco deseables, según hayan sido nuestras experiencias; y parece que todo el mundo anda un poco receloso con esta palabra fe.

Domingo, 06 Julio 2014 16:03

El deseo (capítulo 6). El deseo en la oración

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Quizá esto lo veremos ilustrado, aunque suene un poco extraño, al hablar de la oración. La oración es frecuentemente una expresión de lo que yo deseo. Lo mismo si deseo ser muy bueno, o muy virtuoso, que si deseo que se solucione un problema que yo tengo, del tipo que sea. Entonces mientras yo estoy formulando mi deseo en la forma de oración, ¿qué está funcionando realmente en mí? Está funcionando un aspecto del sentimiento y está funcionando un aspecto de la mente. Pero no funciona en absoluto el aspecto de la energía.

Los deseos son realizables.

Siempre yo puedo realizar mi deseo, porque el deseo es expresión de mi propio fondo. Si yo quiero llegar a una mayor plenitud es porque esta plenitud existe en algún sitio en mí. Si yo quiero llegar a una mayor realidad es porque esta realidad existe en mí. Y si no existiera en mí, yo no tendría noción de que pudiera existir una mayor realidad.

Todos podemos realizar nuestros deseos del todo, en el sentido de actualización de nuestro modo de ser y de sentimos. Nuestro modo de ser y de sentirnos no depende del exterior aunque creamos que es así; depende de cómo yo reacciono al exterior, no del propio exterior.

Cuando en nosotros hay el deseo de algo, eso quiere decir que esencialmente existe en nosotros la posible realización de ese algo. El deseo puede tener dos formas básicas: o bien yo deseo llegar a ser de un modo determinado, o bien deseo algo externo a mí. Yo puedo desear llegar a vivir con una gran serenidad, o con una gran seguridad interior, o con una gran paz; o puedo desear una casa muy bonita, o poder disponer de unos medios económicos que me permitan una autonomía en mi vida.

El deseo hace proyectarme hacia algo porque intuyo que a través de aquel algo yo podré realizar un mayor grado de mi propia identidad, o de mi plenitud, o de mi satisfacción, o de mi claridad mental, o de algo que para mí es importante. Pero el deseo en sí no es realización. El deseo no es nada más que una tensión hacia algo. El deseo es una relación que hay entre yo tal como me vivo ahora y yo tal como me intuyo o espero llegar a ser. El deseo es importante, es fundamental, pero a condición de que llegue a su término. En la medida en que yo aprendo a actualizarlo, a convertirlo en acto, en realidad presente, es positivo; pero es obstáculo en la medida en que yo me acostumbro a vivir en el deseo, y sostengo, mantengo, alimento, este deseo. 

Domingo, 02 Marzo 2014 20:59

El deseo (capítulo 2)

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Pero eso que hablamos del deseo como proyección de futuro, podemos verlo también desde otro ángulo distinto.

El deseo es el lenguaje por el cual se anuncia nuestro crecimiento. Todo crecimiento, todo desarrollo, se anuncia previamente a través del deseo. El niño pequeño que necesita moverse, que necesita gesticular, tocar las cosas, que necesita tratar de incorporarse y ver hasta donde puede llegar o no llegar...; cuando después el niño necesita un afecto, una comprobación de que es aceptado..., cuando después tiene una curiosidad intelectual, y va experimentando... Todo esto lo hace porque hay algo que lo empuja por dentro, porque hay un impulso que se manifiesta en su conciencia en forma de deseo, en forma de ganas de... hacer algo. Estas ganas de, son el lenguaje por el cual se manifiesta todo lo que es y todo lo que va siendo.

Martes, 04 Febrero 2014 10:31

El Deseo (capítulo 1)

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El deseo, proyección dinámica

En otras ocasiones he hablado de la necesidad de encarar los deseos, de hacer algo con ellos, de vivirlos. Hoy ampliaremos este tema.

El deseo es siempre una proyección. Por eso, cuando digo que actuemos de acuerdo con el deseo es para que el deseo deje de ser deseo y se convierta en algo presente, actual. El problema del deseo es que se mantenga como deseo. Es lo mismo que el temor. El problema del temor no es tenerlo; es mantenerlo. Si yo puedo traer el temor aquí, ahora, lo despacharé, se resolverá, se disolverá. Lo mismo que el deseo.