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Azteazkena, 01 Azaroa 2017 11:03

Tiempos de Apocalipsis

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El libro del Apocalipsis, se escribió a principios del Siglo II, en un momento en el que las primeras iglesias cristianas se vieron perseguidas. El tono del libro es de denuncia de la organización social basada en el materialismo y de alabanza de los que pretenden edificar un mundo que se apoya en las enseñanzas de Jesucristo.

Al principio se le dio un carácter profético interpretando que anunciaba un retorno inminente de Jesucristo: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” Con esta interpretación se pretendía dar ánimo a los que estaban siendo perseguidos: “esto no va a durar mucho, Jesucristo vendrá en seguida y pondrá las cosas en su sitio”.

Bien, han pasado más de dos mil años y las cosas siguen sensiblemente iguales; tanto es así que la palabra “apocalipsis”, que en griego significa “revelación”, se ha convertido en sinónimo de “desastre colectivo”. Siempre que los textos de nivel superior se divulgan cambian su sentido; en este caso, en la imaginario popular, el protagonista de la historia ha dejado de ser Jesucristo y, en su lugar, se han hecho famosos los cuatro jinetes que aparecen en el libro: la guerra, la peste, el hambre y la muerte.

En el mismo nivel mental superior existe la capacidad de hallar ideas nuevas, originales: la creatividad mental. La mente concreta no puede conseguirlo porque se limita a barajar los datos que ha ido recogiendo, haciendo combinaciones dentro siempre del mismo círculo cerrado. A lo más conseguirá nuevas combinaciones de los mismos datos, pero no una auténtica obra nueva, una creación.
 
La creación es la visión, también repentina, de una perspectiva inédita. Para conseguir esta perspectiva es obvio decir que hay que situarse en un nivel distinto del acostumbrado. Hay que dejar lo viejo, aunque no sea más que por un momento, dejar de dar vueltas alrededor de los datos conocidos. Y requiere un adiestramiento.

De nuevo estamos ante la necesidad de renunciar a pensar, de tranquilizar la agitación de la mente concreta. El método más rápido para obtener el silencio mental consiste en aprender a mirar las cosas con atención, interés y sin pensar sobre ellas. Sólo mirarlas, aunque sean cosas o personas ya muy conocidas.

Larunbata, 30 Iraila 2017 17:22

Lo espontáneo o mi primer Pinocho

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Atribuyen a Platón la siguiente respuesta ante la pregunta de un alumno:

-Maestro, ¿qué sabías al nacer?

-Al nacer lo sabía todo…pero lo he ido olvidando.

El sentimiento de plenitud de la infancia es algo que sigo teniendo muy vívido en mi recuerdo. Con seis o siete años de edad mi padre organizaba una de sus muchas ferias del libro como parte de su actividad en el movimiento asociativo que se generó en la transición española. Fundó la asociación de vecinos de la localidad con unos estatutos en los que se reflejaban una prioridad que le obsesionaba: el acceso a la educación y a la cultura gratuitas para beneficio de las clases trabajadoras. Entiendo de dónde venía y entiendo hacia dónde quería ir, pero lo que más entiendo es que la infancia y la juventud eran para él un terreno en el que sembrar, un terreno favorable para parir un nuevo mundo.

Larunbata, 30 Iraila 2017 17:16

Sobre la Unidad

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La Biblia explica que Dios creó al ser humano arquetípico: Adán. A continuación lo diferenció haciéndolo macho y hembra, para que pudiera reproducirse y multiplicarse; y más tarde, cuando ya había mucha gente en el mundo y todos hablaban la misma lengua y utilizaban las mismas palabras, Dios confundió sus lenguas, de modo que no se entendieran entre sí. Y los dispersó por toda la tierra.

Las lenguas de los que llegaron hasta la Península Ibérica se agrupan, según los lingüistas, en el subconjunto de lenguas iberorománicas, y son: el catalán, el castellano y el galaicoportugués. Nadie sabe de dónde proceden los que hablan euskera, o sea que, probablemente, ya estaban aquí. En cualquier caso, el resto de pueblos procedentes de Babilonia, los consideraron tan difíciles de entender cómo se tenían entre ellos mismos.

Esta actuación de Dios, confundiendo primero las lenguas y luego las mentes, es una de las tantas acciones sorprendentes que Él realiza y que a veces nos resultan difíciles de entender. Pero como la ignorancia no excluye el cumplimiento de la ley, sobre todo de la divina, mejor nos atenemos al consejo que reza: lo que ha desunido Dios no lo unifique el hombre; sobre todo por la fuerza.

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