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Pese a todos los elementos comparativos que hallamos en todas las grandes religiones, el cristianismo ofrece un elemento diferenciador que le confiere una identidad indiscutible: la estirpe semítica intensamente modelada por la cultura y el pensamiento helenistas. El pensamiento griego ha ido expresando los dogmas cristianos a medida de sus configuraciones. Sin el helenismo el cristianismo dejaría de ser la religión del occidente europeo, que la diferencia de su matriz judía y sobre todo de su “pariente” islámica, a la que le ha faltado un mínimo hervor helenístico. Quizá esto explique bastante las concordancias y las discordias existentes en la llamada “casa de Abraham”. Sin duda, que las discordancias serían menos acentuadas, entre las tres religiones semíticas, sin el hervor helenístico y sobre todo, la concepción del Logos Occidental. Sin él, no se entendería el misterio trinitario en Dios, y las descripciones de las naturalezas personales de Jesucristo. Habría un mayor consenso en la acentuación del monoteísmo en Dios, y en el profetismo excepcional de Jesús de Nazaret, como lo acentúa sobre todo la tradición sufí. Y con esta base, quizá, se verían sometidos dogmas y creencias a una lectura distinta. Pero esto no es, ni será así. Pese al esfuerzo ecuménico de algunos, aunque aquí, ya no concerniente a las exclusivas religiones semíticas sino a las grandes religiones mundiales, el Logos es el gran obstáculo de un pluralismo religioso sin reservas.

Igandea, 01 Apirila 2018 09:58

La Presencia está presente siempre

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Ciertamente, al principio hay que trabajar porque predominan en nosotros los viejos hábitos mentales, los miedos, los recelos, las inseguridades; y aunque en un momento dado nos sentimos muy ligeros, muy libres, al poco tiempo vuelve otra vez la fuerza de la costumbre a encerrarnos en nuestras ideas, en nuestros miedos y precauciones, y hemos de renovar una y otra vez esta Presencia hasta que va adquiriendo una continuidad. Y llega un momento en que esta Presencia constantemente renovada cambia por completo toda mi actitud en la vida en un sentido totalmente positivo; donde había angustia, deja de haberla, donde había preocupación, duda, sospecha, todo eso deja de existir; y me doy cuenta de que interiormente estoy siendo conducido, como en el fondo siempre lo he sido.

Pero ahora reconozco que mi inteligencia no es nada más que una pequeña avanzadilla, una pequeña delegación de la Inteligencia Absoluta. Y al estar conectado con esta gran Inteligencia dejo de apoyarme exclusivamente en mi pequeña delegación. Entonces estoy constantemente atento para ver con claridad desde la Gran Mente, no desde mi pequeña mente; ésta se convierte en lo que realmente es: en una delegación.

Y esto no solamente afecta a la mente para ver y valorar las cosas, sino también al corazón para sentir y a la voluntad para actuar. Descubro que el amor no es algo que fabrico yo, sino algo que me es dado; y que, en la medida que yo me abro a esta Presencia activa de Dios, este Amor-Felicidad aumenta y aumenta, y es como un pozo sin fondo; es realmente una Fuente que mana desde la Vida Eterna. Y me doy cuenta de que la fuerza no es la que tengo yo personalmente, no es la que puedo acumular o renovar a través del descanso, sino que hay una Fuente enorme, fantástica, de Energía que está expresándose en mí, en la medida en que todo yo me mantengo abierto a esta Presencia activa de Dios.

Azteazkena, 28 Otsaila 2018 18:59

Tres pilares del Trabajo Interior

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Aunque el trabajo interior se puede abordar desde diferentes perspectivas, y de hecho cada buscador tiene su propio camino, en lo que es el mío, y teniendo como guía a Antonio Blay, podría sintetizarlo en tres aspectos fundamentales: El Centramiento, La Actitud Positiva y La Aceptación.
El descubrimiento de un testigo o sujeto de lo que ocurre en nuestra conciencia marca un hito en el proceso de retorno a nuestra propia naturaleza, hasta este momento es como ir buscando en una habitación a oscuras la puerta de salida; no estamos satisfechos con nuestras vidas y buscamos todo aquello que nos de un poco de paz, felicidad y seguridad, sabemos lo que no queremos pero descubrimos que todo aquello que nos da seguridad o felicidad no es permanente, y es como la zanahoria que siempre está más lejos.

Hay un momento en que vemos con claridad que en el centro de toda esta búsqueda, de todo deambular por la vida, hay una realidad inalterable, un lugar de libertad, que está más allá de todo lo que ocurre y por lo tanto más allá del tiempo, en el presente; se le puede nombrar sujeto, testigo, yo profundo, presencia, y es lo que Es siempre, seamos o no conscientes. En este momento empieza de verdad el trabajo interior porque sabemos a donde vamos, aunque requerirá de todo nuestro esfuerzo y entrega para ir superando este entramado mental psicológico hecho de miedos, deseo y hábitos, para que quede lo que siempre ha sido; mi propia naturaleza.

Azteazkena, 28 Otsaila 2018 18:51

El Amor: un camino y una finalidad

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Uno de los frutos más transformadores que aporta el Trabajo a nuestras vidas es la calidez y profundidad de las que se van impregnando nuestros actos a medida que vamos avanzando en él. Creo que esto es debido a que vamos tomando conciencia, poco a poco, de que el Amor se va instaurando en nuestras vidas.  La observación, y progresiva constatación vivencial de que todo lo impregna, todo lo mueve, todo lo relaciona...,  nos va haciendo vibrar en su sintonía, modificando maneras de pensar, sentir y hacer, hasta conducirnos al redescubrimiento de nuestra verdadera Naturaleza, hasta llegar a tener la certeza de que Yo Soy eso, Amor.

Cuando comencé el Trabajo ya había leído previamente algo de Blay y me sonaba lo de que somos un potencial de Inteligencia, Amor y Energía. ¡Y además, un potencial infinito! No obstante, por entonces, esta afirmación me parecía un poco inverosímil, porque aunque aspiraba a vivir mucho más plenamente, contemplaba y medía el mundo y a mí misma bajo los patrones sociales adquiridos e interiorizados en mi “Yo Idea” los cuales limitaban y distorsionaban mi visión y percepción Real.

Así que primero había que desmontar todas estas ideas que acostumbran a estructurar nuestro mundo: pequeño, limitado y supuestamente previsible, al que miramos y nos relacionamos desde la dualidad: “yo y el mundo”, con el propósito de convertirlo en algo mucho más grande, real y fuente de infinitas oportunidades, que nos vaya acercando a sentirnos en la Unidad:  “yo en el mundo”, formando parte de todo.

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