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Muchas veces, en los artículos de ADCA hablamos de la necesidad de estar despierto como único remedio al nivel de conciencia del personaje; al que, por el contrario, llamamos estar dormido. Esta necesidad de estar despierto, de ser conscientes de ser el sujeto de nuestra existencia, cae por su propio peso cuando las pesadillas a las que nos somete el personaje se hacen insoportables y uno busca algo sólido y verdadero.

En la pasada asamblea anual de ADCA, algunos de los asistentes hicieron mención de la dificultad que encuentran en comentar los artículos que salen cada mes en la web, como este mismo, ya que observan en ellos un nivel y profundidad ante los cuales creen que cualquier cosa que digan no aportará nada al mismo, que en lugar de enriquecer no se hará sino empobrecer lo que ya está escrito.

Este comentario generó una cierta desazón en los redactores, ya que convertía el esmero con el que se emplean para ofrecer unos materiales dignos de ser leídos y comentados en una especie de boomerang que se volvía en contra de su propia finalidad.

El orgullo es el problema más difícil de resolver y por eso no nos ha de extrañar que quien desee trabajar de veras en la vida espiritual se encuentre enfrentado a dificultades, problemas y contrariedades de todo tipo, y que muchas veces sea víctima de grandes injusticias. ¿Por qué? A veces porque la persona se «desconecta» de su entorno y no sabe ver las leyes más simples de la vida. Otras veces esto sucede porque sólo cuando la persona se encuentra con dificultades, cuando tiene que movilizar todos sus recursos interiores, cuando se enfrenta con cosas imposibles -cuando vive su impotencia, su limitación, cuando se da cuenta de que está ante algo que no puede solucionar, cuando se enfrenta a la crítica, al ridículo, inerme, sin poder hacer nada-, si sabe estar atento y consciente, aquello se convierte en una oportunidad extraordinaria para descubrir la no-realidad de su yo personal.

lundi, 02 décembre 2013 17:10

Economía y espiritualidad

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Hace tres o cuatro años, en uno de los artículos publicados en www.aticzendo.com, planteé que la superación del actual sistema económico y social tendría que apoyarse necesariamente en la espiritualidad, porque sólo la espiritualidad era capaz de trascender la lógica del beneficio y la acumulación del capital. Lo que nunca me hubiera imaginado es que la iniciativa surgiera del Vaticano. Aquí tenéis algunos fragmentos significativos de la última publicación del Papa Francisco: Evangelii Gaudium.  

Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil.