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samedi, 01 avril 2017 16:21

El vuelo del espíritu y los vencejos

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El P. José Luis Santos, de Oseira, tiene gran facilidad para encontrar metáforas que aclaran el sentido de algunas lecturas que se escuchan en las liturgias. La que viene a continuación es suya y me ha dado permiso para utilizarla.

El vencejo es un pájaro común en nuestras latitudes; suele verse en grandes bandadas, a mediados de primavera, cuando vuelve de África para anidar durante el verano: siempre con la misma pareja y siempre en el mismo sitio. Este pájaro se alimenta de insectos que caza volando con el pico abierto.

Pero no solo caza volando; de hecho lo hace todo volando, incluso aparearse y dormir: para dormir las bandadas ascienden a un altura de 2 o 3 mil metros, y se mantienen, medio aletargados pero sin dejar de mover las alas, sostenidos por corrientes de aire. Así, volando, pueden permanecer meses y meses sin descansar; solo se posan en lugares altos para anidar y nunca descienden al suelo.

El orgullo es el problema más difícil de resolver y por eso no nos ha de extrañar que quien desee trabajar de veras en la vida espiritual se encuentre enfrentado a dificultades, problemas y contrariedades de todo tipo, y que muchas veces sea víctima de grandes injusticias. ¿Por qué? A veces porque la persona se «desconecta» de su entorno y no sabe ver las leyes más simples de la vida. Otras veces esto sucede porque sólo cuando la persona se encuentra con dificultades, cuando tiene que movilizar todos sus recursos interiores, cuando se enfrenta con cosas imposibles -cuando vive su impotencia, su limitación, cuando se da cuenta de que está ante algo que no puede solucionar, cuando se enfrenta a la crítica, al ridículo, inerme, sin poder hacer nada-, si sabe estar atento y consciente, aquello se convierte en una oportunidad extraordinaria para descubrir la no-realidad de su yo personal.

mercredi, 01 mars 2017 19:18

Espiritualidad, religión y mística

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Decía Antonio Blay que la espiritualidad es la experiencia del espíritu. Posiblemente sea esta experiencia lo que define los primeros años de nuestra infancia porque de hecho estamos buscamos la felicidad, el sentido y la seguridad que experimentamos cuando todavía no nos habían desconectado del fondo. Si no hubiéramos vivido esta experiencia no tendríamos demanda alguna de estas cosas, porque nadie desea algo que desconoce y menos todavía, si no es material y tangible. Por otro lado, decimos que, en sus primeros años, el niño no se diferencia de la madre ni se tiene a sí mismo por algo separado del entorno: señal de que tiene otro punto de referencia de sí distinto de su cuerpo.


Más tarde, de forma progresiva, el entorno nos enseña a identificarnos primero con el cuerpo que tenemos y más adelante nos obliga a confundirnos con nuestras posesiones y a olvidarnos por completo de nosotros mismos. Nos identificamos con el cuerpo, los conocimientos, las relaciones y el poder que conseguimos y nos olvidamos de nuestra identidad esencial que permanece en el inconsciente como algo inútil. En el mejor de los casos, asoma la cabeza cada vez que atravesamos alguna situación crítica: cuando  el recurso a lo material parece imposible o inútil.

mercredi, 01 mars 2017 19:04

El amor por el amor o el amor como actitud

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Otra característica que ha de reunir el amor -y muy importante, yo diría que la base del secreto de amar es que en este aprendizaje que decimos, hemos de procurar expresar el amor, sentirlo y proyectarlo pero apoyándonos cada vez más en nosotros mismos, no en el objeto o persona que amamos. Amar es ejercitar una facultad que tenemos dentro, es expresar una realidad de inteligencia, con la voluntad y la energía.


El amor se desarrolla de dentro a fuera. Cuando amo estoy desarrollando está realidad, esta capacidad que hay en mí, estoy desarrollándome ya de hecho, estoy tomando conciencia de mí mismo, estoy siendo más yo mismo. Por lo tanto amar no es hacer un favor al otro ni tampoco esperar recibir un favor de él. El favor es poder amar, poder desarrollar yo mi capacidad, poder vivir mi ser. Es que estamos acostumbrados a amar sólo en la medida en que el otro se nos ofrece como amable o estimable, en que cumple unos requisitos, unas necesidades, unos deseos nuestros. No hay duda que es así como surge el amor, que éste es el mecanismo inicial de brote del amor. Pero quien quiera desarrollar un poco más el amor ha de aprender a tomar conciencia de su amor como facultad propia y a ejercitar el amor simplemente por el hecho del amor mismo, por la fuerza misma del amor, porque el amar no hace sino expresar su realidad interior, vivirse más plenamente, ser más yo.