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Xoves, 30 Novembro 2017 19:30

La realidad: curso de profundización y diálogos

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Lo que os estoy proponiendo en este ciclo es que nosotros hemos de (o podemos) vivir lo que es nuestra realidad profunda; porque esta realidad ya la somos y, además, en su propio plano ya es consciente; totalmente consciente. El problema está en que mi mente externa está absorbida por unas determinadas cosas; y así es imposible sintonizar con ese plano de conciencia de realidad profunda. Para remediar esto, os propongo distintos medios para despertar a esa realidad profunda, la cual cambiará de manera absoluta nuestra capacidad para vivir y para manejar las cosas.
 
  Pregunta: Esa realización total de la conciencia profunda de uno, que ya es una realidad en sí..., ¿soy yo mismo, en un desplegamiento de mi conciencia de ser? ¿soy yo un punto que me estoy desplegando a partir de todo lo que son aspectos de todo tipo fenoménico o concreto? ¿Es eso mi actualización?
  Blay: Esto es así visto desde aquí abajo, desde la conciencia sensorial.
 

  Pregunta: Sí. Pero es que yo he de partir de aquí abajo para llegar a mí mismo como la conciencia plena y real que soy allá arriba.
  Blay: Pero es que ese «llegar»..., resulta que ya estás ahí ¿sabes?
 

Mércores, 01 Novembro 2017 11:19

El camino de vuelta a casa

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Siempre he sabido que había algo más. Algo que no era capaz de captar a través de los sentidos pero que estaba ahí y era el origen de todo, era sobre lo que se asentaba lo demás y lo que daba sentido a la existencia. La intuición me decía que las cosas no podían acabar en el plano físico, sabía que había una realidad superior que lo abarcaba todo. Esta certeza iba acompañada de un sentimiento de soledad, de vacío, ya que no encontraba mi lugar en el mundo; no acababa de ver cuál era el sentido de mi vida. No me llenaban las cosas que se suponía me tenían que llenar, pues sabía que el sentido de la existencia era otro. Recuerdo que con nueve años me miraba al espejo y me preguntaba quién era y porqué estaba yo aquí y no otra persona, porqué Dios me quería aquí. Buscaba respuestas; me buscaba a mí misma.

En este camino de búsqueda de mi naturaleza esencial, me convertí en una ávida lectora de libros cuyos ejercicios iba practicando pero que no lograban calmar mi sed interior. Así que continué buscando hasta que a los quince años encontré el yoga y, he de decir, que durante diez años esta milenaria técnica ha sido, en mi caso, una fabulosa herramienta de autoconocimiento personal.

Más tarde, Jordi Sapés, Pilar de Moreta y Jordi Calm vinieron a Pamplona para impartir un seminario de introducción al Trabajo de Antonio Blay y en ese momento supe que había encontrado algo muy valioso.

Mércores, 01 Novembro 2017 11:03

Tiempos de Apocalipsis

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El libro del Apocalipsis, se escribió a principios del Siglo II, en un momento en el que las primeras iglesias cristianas se vieron perseguidas. El tono del libro es de denuncia de la organización social basada en el materialismo y de alabanza de los que pretenden edificar un mundo que se apoya en las enseñanzas de Jesucristo.

Al principio se le dio un carácter profético interpretando que anunciaba un retorno inminente de Jesucristo: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” Con esta interpretación se pretendía dar ánimo a los que estaban siendo perseguidos: “esto no va a durar mucho, Jesucristo vendrá en seguida y pondrá las cosas en su sitio”.

Bien, han pasado más de dos mil años y las cosas siguen sensiblemente iguales; tanto es así que la palabra “apocalipsis”, que en griego significa “revelación”, se ha convertido en sinónimo de “desastre colectivo”. Siempre que los textos de nivel superior se divulgan cambian su sentido; en este caso, en la imaginario popular, el protagonista de la historia ha dejado de ser Jesucristo y, en su lugar, se han hecho famosos los cuatro jinetes que aparecen en el libro: la guerra, la peste, el hambre y la muerte.

En el mismo nivel mental superior existe la capacidad de hallar ideas nuevas, originales: la creatividad mental. La mente concreta no puede conseguirlo porque se limita a barajar los datos que ha ido recogiendo, haciendo combinaciones dentro siempre del mismo círculo cerrado. A lo más conseguirá nuevas combinaciones de los mismos datos, pero no una auténtica obra nueva, una creación.
 
La creación es la visión, también repentina, de una perspectiva inédita. Para conseguir esta perspectiva es obvio decir que hay que situarse en un nivel distinto del acostumbrado. Hay que dejar lo viejo, aunque no sea más que por un momento, dejar de dar vueltas alrededor de los datos conocidos. Y requiere un adiestramiento.

De nuevo estamos ante la necesidad de renunciar a pensar, de tranquilizar la agitación de la mente concreta. El método más rápido para obtener el silencio mental consiste en aprender a mirar las cosas con atención, interés y sin pensar sobre ellas. Sólo mirarlas, aunque sean cosas o personas ya muy conocidas.