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Martes, 01 Mai 2018 08:50

La energía del propósito

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Las vivencias en el Trabajo  me sorprenden. No hace mucho,  percibí delante de mí, una  materia casi imperceptible que estaba hecha de desagrado. Lo advertí  claramente. Eso me conmovió porque ignoraba que ello permaneciera vigente, después de lo amorosa y acogedora que me sentía. 


Me di cuenta  que la energía del propósito que estaba trabajando: “llevar el Amor a la práctica”,  operaba  en el momento justo, para el cual ya estaba preparada en el proceso del propósito. No era un acontecimiento negativo sino muy al contrario, un acontecimiento de consciencia con el que me había hecho el obsequio de verlo el observador. Ello fue una puesta a punto, un aviso de la zona sin tiempo, para lo que había de sucederme.

Martes, 01 Mai 2018 08:41

El problema del dolor

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Cuando en la vida nos vemos en la necesidad de recibir golpes y pasar por amargos desengaños que nos llegan sin buscarlos, contra toda aparente lógica y justicia, si solo vivimos tales situaciones de un modo personal, convertiremos muchos momentos de nuestra vida en tragedias. No se trata, para evitarlos, de cerrarnos a las experiencias desagradables, volviéndonos insensibles, sino de ampliarlas hasta llegar al fondo de la experiencia, a donde no llega ya su bofetada. Sin este trabajo interno no existe forma posible de solucionar problemas de esta índole. La solución llega buscando la verdad positiva, profunda última de la cosa. Nunca contraponiendo una verdad parcial frente a otra verdad también parcial, que jamás arrojarán una solución total.

Domingo, 01 Abril 2018 10:30

Un Trabajo bien hecho

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Igual que muchos de nosotros, antes de conectar con el Trabajo de Blay,  llevaba muchos años moviéndose por círculos esotéricos y grupos de espiritualidad. Contactó con el Trabajo en un seminario que hicimos en marzo de 2015 y empezó a trabajar los despertadores y a explicar un poco los detalles de su vida personal.

Cuando empezamos en el Trabajo nuestro personaje agradece poderse comunicar  con alguien que se interesa por él, alguien que no le conoce y a quien puede explicar sus desgracias, sufrimientos y también los méritos a los que se siente acreedor. Ella hizo como hace todo el mundo: procurar dar la mejor imagen de sí misma. Y tenía mucho que contar porque mostraba una fuerte personalidad, una personalidad que había rechazado jugar el papel tradicional de mujer sumisa y se había enfrentado a la familia y a la sociedad que la rodeaba defendiendo su autonomía y sus derechos.

Pero claro, se encontró con que el Trabajo bendecía esta afirmación personal pero responsabilizaba a su personaje de sus sufrimientos y le echaba por tierra su presunta superioridad moral en el papel de consejera que desarrollaba en paralelo a su actividad como terapeuta.  Como es típico en esta fase del Trabajo, explicaba que, a menudo, cerraba el ordenador de golpe, molesta por mis comentarios, para volverlo a abrir más tarde con calma y paciencia para reconsiderar lo que íbamos observando. Que nos digan que una parte importante de nuestros sufrimientos son un invento del personaje es un aliciente cuando no nos apoyamos en el victimismo, pero que nos despojen de nuestra presunta superioridad sobre los demás duele mucho: y ella lo aguantó primero y lo aceptó después.

Pese a todos los elementos comparativos que hallamos en todas las grandes religiones, el cristianismo ofrece un elemento diferenciador que le confiere una identidad indiscutible: la estirpe semítica intensamente modelada por la cultura y el pensamiento helenistas. El pensamiento griego ha ido expresando los dogmas cristianos a medida de sus configuraciones. Sin el helenismo el cristianismo dejaría de ser la religión del occidente europeo, que la diferencia de su matriz judía y sobre todo de su “pariente” islámica, a la que le ha faltado un mínimo hervor helenístico. Quizá esto explique bastante las concordancias y las discordias existentes en la llamada “casa de Abraham”. Sin duda, que las discordancias serían menos acentuadas, entre las tres religiones semíticas, sin el hervor helenístico y sobre todo, la concepción del Logos Occidental. Sin él, no se entendería el misterio trinitario en Dios, y las descripciones de las naturalezas personales de Jesucristo. Habría un mayor consenso en la acentuación del monoteísmo en Dios, y en el profetismo excepcional de Jesús de Nazaret, como lo acentúa sobre todo la tradición sufí. Y con esta base, quizá, se verían sometidos dogmas y creencias a una lectura distinta. Pero esto no es, ni será así. Pese al esfuerzo ecuménico de algunos, aunque aquí, ya no concerniente a las exclusivas religiones semíticas sino a las grandes religiones mundiales, el Logos es el gran obstáculo de un pluralismo religioso sin reservas.