Print this page
Mércores, 08 Abril 2015 11:29

Las prisas y el Trabajo.

Written by 
Rate this item
(5 votes)

En el Trabajo, y en concreto en la tarea de despertar en nuestra vida cotidiana, suele darse una situación muy común, que es la dificultad en despertar cuando tenemos prisa. Si en ese momento suena un despertador, hay un dilema evidente entre atendernos a nosotros o seguir en pos de aquella actividad, a veces tan trascendente como ir a comprar una barra de pan.

Esta dificultad suele superarse tras no pocas semanas o meses de esfuerzo, y aún así de tanto en tanto vuelve a aparecer en determinadas ocasiones con la fuerza suficiente como para, como mínimo, ponernos a prueba.

Quisiera en este artículo constatar algunos mecanismos que tienen lugar a un nivel más bien subconsciente y cuyo conocimiento puede ayudarnos en esta tarea de ser cada vez más nosotros mismos, aunque vayan a cerrar el supermercado.

El primer aspecto que quiero destacar es el carácter redentor, tan falso como arraigado, con el que el personaje suele presentarnos esta premura en llevar a cabo tal o cual tarea. Una redención que, como todas, y por seguir utilizando una terminología religiosa acorde con tiempos de Pascua, toma forma a partir de un “pecado” por resolver, de una vivencia interior determinada que vivimos de forma negativa y que precisa ser reparada, y además serlo de una forma concreta: a través de la consecución pronta de aquello que tenemos entre manos. Si nos fijamos, nos será fácil reconocer en nosotros una sensación, una nota de fondo que se expresa en un abanico que puede abarcar desde una ligera punzada desagradable hasta una angustia severa, y que es la que en un principio nos impele a poner esa tarea por delante de cualquier cosa, y de nosotros. 

Esta sensación tiene un gran efecto distorsionador de la realidad, lo cual se hace evidente cuando le preguntamos a la persona ¿qué imagina el personaje que pasará si no atiende a estas prisas? la respuesta que solemos obtener suele ser bastante desproporcionada, como si el hecho de darnos unos pocos segundos para tomar conciencia de nosotros fuera razón suficiente como para que peligrara nuestro puesto laboral por no contestar un mail de forma inmediata, o para perder el amor y el respeto de nuestros seres queridos por no volver pronto a casa con una barra de cuarto integral, por poner sólo dos ejemplos. 

Podemos constatar, pues, en esta dinámica una trampa que a poco que sigamos dormidos tiene el poder de atenazarnos, pero que podemos poner en evidencia, a base de desenmascarar tanto esta identificación con las limitaciones del yo-idea que cristaliza en ese malestar punzante que nos impulsa a hacer como, también, la falsa promesa con la que el yo-ideal supuestamente nos salvará de este tormento: si conseguimos tal o cual objetivo todo se arreglará: la angustia cesará, los demás nos valorarán y, por tanto, también podremos hacerlo nosotros.

Por ejemplo, podemos detenernos en esa angustia o malestar y observar qué cuadro dibuja de nosotros: ¿somos unos gandules porque nos hemos quedado más tiempo del debido en cama?, ¿somos unos inmaduros porque hemos dejado volar la imaginación con alguna situación agradable y se nos echa el tiempo encima? ¿somos unos irresponsables porque nos hemos enganchado al televisor viendo una serie o película y ahora esto nos escuece? O, ¿hay algo más? ¿Cual es el origen de esta condena con grilletes que debemos redimir y que la única forma de hacerlo es obtener tal o cual resultado en tal o cual actividad y en tal o cual periodo de tiempo? Y aquí podemos observar otro aspecto reseñable, que es la gran carga social que todos hemos recibido en cuanto al valor de la actividad por la actividad, la loa de una productividad a menudo ciega y, en cierto modo cercana al consumismo, igualmente ciego, que no tiene en cuenta nuestra presencia a la hora de hacer, una presencia que impregnaría de amor y cuidado todo lo que hacemos, y que iría acompañada de la energía y la inteligencia que le da sentido, lucidez y vida. Porque cada cosa que hacemos, despiertos, deviene un diálogo fecundo con el exterior, una realización en sí misma en tanto que nos invita a invertir lo mejor de nosotros en ello, y nos permite disfrutar de este intercambio con la realidad en toda su dimensión. Pero, mal podemos hacer esto si en lugar de recrearnos estamos en juego, si en lugar de actualizar lo que somos en relación con algo necesitamos ansiosamente que ese algo salga de una forma y en un plazo de tiempo determinados. Entonces no hay ningún atisbo de nosotros, sólo la noción de incertidumbre que padecemos al depender del resultado para Ser.

 

Read 8321 times Last modified on Mércores, 08 Abril 2015 12:09

Latest from Jordi Calm

7 comments

Login to post comments