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Domingo, 30 Abril 2017 09:02

Sobre las dificultades para "expertos"

Written by  Jordi Calm
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A modo de complemento del texto escogido por Jaume Arasa el mes pasado sobre la obra de Blay, quisiera remarcar un aspecto sobre las dificultades que considero que puede ser interesante tratar, y es su recurrencia. Porque sucede a muchas personas inmersas en el Trabajo, incluso ya avanzada su travesía en él, que la vida les presenta dificultades que deben traspasar, a veces de forma abrupta, a veces de cierto calado. Además, con el añadido de que en ocasiones no les resulta difícil relacionar estas dificultades con el mismo Trabajo, por ejemplo, cuando trabajan el yo-experiencia.


Y esto a más de uno le puede parecer chocante, y puede pensar: ¡Pues vaya gracia! yo que me apunto a estas cosas para ser más feliz, y resulta que ahora me encuentro con más líos, y encima cuando llevo un buen tiempo Trabajando y se supone que ya debería tener bien agarrada esta felicidad que busco.

Pero resulta que los tiros no van en esta dirección, y si por ejemplo siempre hemos sabido que la energía no era nuestro fuerte, en lugar de no necesitarla, o de venirnos dada por arte de birbiloque, lo que sucede es que la vida nos aboca a situaciones en las que indefectiblemente nos vemos obligados a sacar fuerzas de flaqueza para superarlas, fuerzas que de entrada no vemos por ningún lado pero que con el tiempo (y no antes de buscar con cierta insistencia el libro de reclamaciones) más pronto o más tarde acaban apareciendo, y podemos disponer de ellas para enfrentar esa y cualquier otra circunstancia.


Sin embargo, es fácil preguntarse sobre la necesidad de todo este proceso: ¿esta dinámica ha de funcionar siempre así?,  ¿por qué, si ya nos esforzamos en seguir un camino que de entrada no es fácil, con tanto diario, centramientos, talleres, etc…, además hemos de ir sobrellevando estos vaivenes?


La respuesta es que esto sucede porque, a pesar de lo que nos pensamos, y por suerte para nosotros, es lo que hemos pedido: desarrollo, realización, plenitud. Y un desarrollo real, que podamos reconocer, asimilar, integrar y hacer nuestro (en la medida en la que tenga sentido atribuirnos nada a nivel personal, como bien dice Blay en el artículo anterior).


Porque, además, de entrada no se suele anhelar una plenitud parcial sino completa, no queremos aprender a tocar el piano, sino a dirigir toda la orquesta.  Y así como un niño cuando crece se trata de que lo haga de forma proporcionada en todas las partes de su cuerpo, también en este paso que pretendemos dar hacia una mayor plenitud es menester hacerlo de forma uniforme. Y si acontece que hay una parte de nosotros que tiene mayor dificultad en alcanzar esta expansión, lo propio es que esa limitación se manifieste, se Trabaje, y se trascienda.  De hecho toda realización, y todo Trabajo (este o cualquier otro), dignos de tal nombre han de cumplir este requisito.


Blay ilustraba este extremo de forma más directa diciendo que si pedíamos un piano mejor que nos apartáramos. Y es que, afortunadamente para nosotros, nos baja con todas las teclas, y de los de cola, que son los que suenan mejor.


Así pues, no es este un terreno para componendas, para apaños que nos permitan ir tirando “un poco mejor que antes”. El “virgencita, virgencita, que me quede como estoy” no es para los que, además de decirlo, buscan realmente una realización. Siguiendo con los ejemplos de Blay, él decía que esto era como escribir una carta, cuando la escribimos podemos borrar, rectificar y pulir, pero cuando la enviamos, la suerte está echada.


Y, en verdad, es una suerte que sea así, porque normalmente esta demanda de mayor plenitud y realización da fe de lo más auténtico en nosotros (seamos más o menos conscientes de este destino), de igual manera que lo propio de una flor es abrirse y mostrar su fragancia, y lo inherente a cualquier pájaro es volar. Respondamos pues a este anhelo esencial con valentía, y en todos sus frentes, porque será cerrando este círculo en toda su extensión como podemos alcanzar esta plenitud y felicidad que nos orientó hacia el Trabajo, y hacerlo además de forma cada vez más estable y segura, sabiendo que estas continuas expansiones son nuestra razón de ser, y que si han de venir nuevos estímulos que las provoquen, bienvenidos sean para este fin.


Esta es la semilla que sembramos en el Trabajo, primero desde el despertar, después con el manejo cada vez más consciente y capaz de nuestro yo-experiencia, y después con la integración y la vivencia de esta realidad superior que se expresa en nosotros y que, a modo de inesperado e inmenso regalo, se nos da el don de ser conscientes de ella.

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2 comments

  • Comment Link Venres, 30 Xuño 2017 15:43 posted by ANA MARIA

    Totalmente de acuerdo Jordi, gracias por tu escrito, para crecer y desarrollar nuestras capacidades, sobre todo las que tenemos en déficit, asi se nos presentan las circunstancias en la vida y asi las cogemos les damos la vuelta y las vivimos con inteligencia, amor y energía. Me atrevería a decir que es maravilloso. Gracias

  • Comment Link Xoves, 25 Mai 2017 19:48 posted by Imanol

    Muchas gracias Jordi, es muy cierto eso que apuntas, nosotros mismos somos los que pedimos plenitud y realización, y el Ser que somos responde dándonos las situaciones precisas para ello, nos gusten o no.

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