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Mercoledì, 01 Novembre 2017 11:03

Tiempos de Apocalipsis

Written by  Jordi Sapés
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El libro del Apocalipsis, se escribió a principios del Siglo II, en un momento en el que las primeras iglesias cristianas se vieron perseguidas. El tono del libro es de denuncia de la organización social basada en el materialismo y de alabanza de los que pretenden edificar un mundo que se apoya en las enseñanzas de Jesucristo.

Al principio se le dio un carácter profético interpretando que anunciaba un retorno inminente de Jesucristo: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” Con esta interpretación se pretendía dar ánimo a los que estaban siendo perseguidos: “esto no va a durar mucho, Jesucristo vendrá en seguida y pondrá las cosas en su sitio”.

Bien, han pasado más de dos mil años y las cosas siguen sensiblemente iguales; tanto es así que la palabra “apocalipsis”, que en griego significa “revelación”, se ha convertido en sinónimo de “desastre colectivo”. Siempre que los textos de nivel superior se divulgan cambian su sentido; en este caso, en la imaginario popular, el protagonista de la historia ha dejado de ser Jesucristo y, en su lugar, se han hecho famosos los cuatro jinetes que aparecen en el libro: la guerra, la peste, el hambre y la muerte.


Así que esta afirmación de que el tiempo está cerca no puede referirse a la sociedad sino a la realización espiritual. El Apocalipsis está escrito para animarnos a mantener una visión superior de la existencia, en medio de una realidad material y social que no solo no colabora con esta visión sino que la persigue. Esta dificultad  para hacer compatibles los niveles espirituales y las dinámicas sociales tendrá un largo recorrido en el tiempo; que nadie sueñe con “darle la vuelta a la tortilla”; porque, además, si esto fuera viable, el resultado seguiría siendo otra tortilla. 

No obstante, cada vez que una persona denuncia una situación de injusticia o rehúsa colaborar con un sistema que niega la dignidad del ser humano, cada vez que se intenta disfrazar el desafuero de orden y la represión de justicia, lo superior se hace presente e ilumina las conciencias de los que están abiertos a la luz. Cuanto mayor es la oscuridad ambiental, más resalta esta luz.

Y a todos los que aspiramos a vivir y situarnos en lo superior, esta luz nos afecta porque revela claroscuros en esta conciencia personal y colectiva que orienta nuestra existencia. Los claros son los deseos de fraternidad, de armonía, de felicidad, de humanismo, de gozo y disfrute de la diversidad; los oscuros son la inhibición, el reparto de culpas, las ganas de aplastar al otro, de castigarlo y de aniquilarlo moralmente. Desde la perspectiva de lo Superior hay que aceptar la existencia del conflicto, porque el conflicto señala un desequilibrio real, pero hay que aprovecharlo para edificar algo mejor a lo previamente existente. Es absurdo pretender arreglar un desequilibrio reforzando aquello que lo ha provocado.

La represión es una negativa a ampliar la visión para imaginar una alternativa que contemple a todos los actores del proceso. Fijaros cómo procede aquí la parábola del buen samaritano y quién está haciendo el papel del sacerdote y del levita. Si el viajero asaltado y apaleado hubiera muerto el problema no existiría, pero el viajero no puede morir porque es portador de la esencia, así que no hay más solución que atenderlo. Se necesita que aparezca en escena un buen samaritano. Y esta es la parte amable de la situación, podrá tardar más o menos tiempo pero es obligado que aparezca. Esto es lo que significa: “el tiempo está cerca”.

Individualmente está más cerca para unos que para otros. Internamente cada uno verá si escoge la ley o la misericordia. Y externamente: por sus obras los conoceréis.       

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