Eficacia de la oración

Escrito por Antonio Blay. Texto seleccionado por Carlos Ribot

Creemos que con esto empieza a verse más claro el por qué y en qué condiciones una persona puede vivir feliz, y puede esperar unos beneficios que se prometen a todo lo que es realización espiritual. Muchas personas están pidiendo en sus oraciones que se les libere de los problemas. Bien. En la medida en que los problemas son un medio para desarrollar capacidades concretas, en esta misma medida nunca la oración nos solucionará ningún problema, porque una ley, a nivel elemental, es que desarrollemos nuestras capacidades.

Ocurre exactamente como con el niño pequeño que pide a su padre que le solucione los terribles problemas que le han puesto en el colegio. Si se trata de un padre consciente, nunca lo hará, porque nada debe hacerse para impedir que el niño desarrolle sus capacidades por sí mismo. Si nosotros tenemos problemas es porque estamos pendientes de unos valores determinados. Cuanto más acuciantes sean nuestros problemas, es que más importancia estamos dando a determinada situación –a que nos quieran, nos comprendan, etc.–. Estamos dependiendo de algo, estamos apoyando nuestra seguridad en algo. Por lo tanto, estamos en un nivel determinado. Y no podemos pedir que se nos solucione todo, porque ello no es propio de ese nivel. Ese nivel requiere trabajo y esfuerzo. Para solucionarlo todo hemos de subir de nivel. Hemos de ascender al plano de las enseñanzas de Cristo. Este nivel está demostrado no sólo por El, sino por multitud de personas de todos los siglos y tradiciones.

Este ascenso es paralelo al trabajo interior. Es un proceso de evolución de la conciencia. Cuanto más está la conciencia identificada con el yo personal, más tendemos a vivir en el primer nivel, el del más fuerte. A medida que vamos identificándonos con el mundo de las cosas estamos pasando más o menos por la segunda fase: la ley de la justicia equitativa, en la que hemos de llegar a madurar, a perfeccionarnos. Cuando, finalmente, nuestra conciencia descubre que lo único real no es nuestro yo, como ser absoluto, con todo lo demás subordinado a él, cuando no estamos ya, en relación con los otros, sosteniéndonos mutua y equitativamente, cuando descubrimos que hay una realidad que está por encima de nosotros, realidad que sostiene, mantiene y dirige todo, cuando esto se realiza como descubrimiento interior, entonces es cierto que se produce esta protección. Se produce esta sustitución del yo personal por el Yo divino. En todos los planos existe una Providencia, pero en cada uno de ellos la Providencia se ajusta a sus leyes propias. Es absurdo pretender cambiar determinadas cosas de nivel. Va en contra de la misma razón de ser de cada nivel.

Creemos que esto aclara la discordia sobre si existe o no un poder superior, y sobre si este poder superior es capaz de actuar en lo inferior y en qué medida son contestadas las oraciones. Depende básicamente de la capacidad de contacto interior que tengamos. Capacidad de contacto quiere decir poder situar nuestra noción clara de conciencia, de Yo, en el punto más alto, donde Dios es Dios, donde lo Real es Real. No donde nos apoyamos en apariencia, no donde nos apoyamos en ideas o en valores convencionales, sino donde más vivimos la intuición de que el Ser es. Y cuanto más seamos capaces de vivir y mantenernos en ese punto, más las leyes propias de ese nivel se expresarán a través de nosotros.

En ese plano superior sólo hay armonía. En ese campo de la divinidad solamente actúa la felicidad, la plenitud, la inteligencia y el poder creador. Es en los planos inferiores donde se manifiesta lo que parece disarmonía. Si podemos mantenernos arriba, mantendremos la armonía y podremos llegar incluso a transformar, hasta un cierto grado, nuestro funcionamiento de los niveles más elementales.


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Escrito por Antonio Blay. Texto seleccionado por Carlos Ribot
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