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Limpiar y reeducar el inconsciente

Escrito por Antonio Blay Fontcuberta

Yo nunca podré cambiar en mi modo de sentir y de funcionar si no consigo cambiar las ideas profundas aceptadas que hay en mí. Yo puedo ver conscientemente, por ejemplo, todo esto que ahora estamos explicando y oyendo, y eso no me cambia. Suponiendo que lo acepte y que lo vea claro, eso, curiosamente, no me cambia. De momento me da una expansión, una cierta ilusión, pero luego me encontraré que estoy funcionando como siempre. Porque lo que me hace funcionar son los modelos, las ideas, las consignas que están metidas dentro y que están aceptadas. Hasta que no cambie las consignas, las ideas profundas, no puedo cambiar los modos de funcionar. Cuando cambie las ideas profundas cambiarán mis modos de funcionar sin mayor esfuerzo. Son estos condicionamientos profundos que se han adquirido. El hombre es un ser de ideas cristalizadas, tal como funciona. Y el verdadero trabajo exige que yo llegue a transformar, a limpiar, todas estas ideas que están cristalizadas dentro.

     Por lo tanto, hay un trabajo aquí grande a hacer para limpiar todo ese inconsciente, para reeducarlo. De hecho, el inconsciente funciona como un sector de la mente pero que está lleno de ideas equivocadas, entonces lo que realmente necesita es que se le reeduque. Y veremos cómo.

 

     Cuando yo voy reeducando ese inconsciente se va produciendo una reunificación de lo que ahora vivo como consciente por un lado e inconsciente por el otro. O sea, que al ir actuando desde la mente consciente sobre el inconsciente y al irle haciendo aceptar, comprender, unas verdades más positivas, más reales, entonces esta separación que ha estado existiendo durante toda mi vida y que yo he ido fortaleciendo toda mi vida desaparece; entonces tiende a reunificarse el inconsciente personal y el consciente personal. O sea, que una de esas divisiones desaparece; y desaparecer esa división quiere decir que se une la energía que había en el inconsciente y la energía que hay en el consciente, que se unen todos los conocimientos que hay en el inconsciente y los que hay en el consciente. Y toda la fuerza, la carga afectiva, se une, y eso entonces da una conciencia nueva de ser, como si a uno le hubieran dado muchísima más energía, de sentirse todo uno de una pieza, de sentirse con una libertad, de sentirse como una unidad. Todavía no lo es; pero ya este cambio entre consciente e inconsciente produce una sensación extraordinaria, como si uno empezara a nacer de nuevo.

 

[…]

 

     En el momento en que mi inconsciente, que mi mente, descubre en profundidad que yo no soy ningún yo-idea, que yo no soy, ni tengo nada que ver con mi modo de ser, sino que yo soy ser, en ese momento, cuando eso llega a ser una realidad, una evidencia, que yo no soy ningún modo de ser, entonces la mente suelta esa prohibición rotunda que había tenido de aceptarse a uno mismo tal como es. Porque hasta ahora ha estado uno viviendo siempre en función de una obligación, obligación de ser de un modo y obligación de evitar ser de los otros modos.

 

     Cuando me doy cuenta de que yo no soy mis modos, de que yo soy una identidad central, y que esa identidad es invulnerable (no depende para nada de nada, es más bien ella la que crea todo), entonces ahí se suelta esa idea que estoy viviendo cuando digo: “yo”, y al decir “yo” estoy diciendo un modo de ser y un modo de llegar a ser. Y es como si uno se liberara de toda esa camisa de fuerza que lleva como reglamento y modelo, y por primera vez se diera permiso para respirar profundamente, para andar libremente, para sentirse ser con toda libertad. Y esto mismo hace que la censura que estaba manteniendo todo lo inconsciente dentro se vaya abriendo, y se vaya permitiendo que vayan saliendo energías, ideas, recuerdos, que hasta entonces habían estado guardándose cerrados con llave.

 

Antonio Blay Fontcuberta. Transcripción literal del “Curso de psicología de la autorrealización”. San Cugat del Vallés. 1982.

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