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Yo no soy aparte de las otras personas

Escrito por Antonio Blay Fontcuberta

Este es pues, el sentido primordial, inmediato [de los valores]: Llegar a ser yo mismo; no confundirme con mis cosas, con mis cualidades, con mis productos, ni, sobre todo, con mis efectos exteriores. Cuando yo polarizo mi actitud de búsqueda en esa dirección de ser yo mismo, se desvanecen automáticamente  la mayor parte de dificultades o adversidades con las que tropiezo.

     Cuanto más me apoyo en las cosas, más susceptible soy de quedar lesionado, herido. En cambio, cuanto más suelto, más despegado estoy de las cosas -no por indiferencia, no por estar encerrado en un muro de frialdad, sino porque vivo una identidad más profunda, que me libera de las cosas que se mueven-  más yo descubro que las cosas son en sí esencialmente positivas. Viviendo desde este punto de vista creativo, la misma destrucción es algo en sí totalmente positivo, por cuanto es una manifestación, parcial, de la Realidad Superior. Si estoy apegado a las estructuras, a las normas, bien sean externas -personas, circunstancias, ambientes- o internas -estados- más estaré luchando con la dinámica de la vida y más estaré sintiéndome violentado por cualquier cosa que pueda alterar esas estructuras o formas o ideas o estados.

    

     Vivimos en una actitud extremadamente cómoda, pasiva. Vivimos como si viniéramos aquí a instalarnos en un confort, y desde él asistir pasivamente al desarrollo de las cosas, como meros espectadores. Y nosotros somos eminentemente actores de la existencia, y yo soy actor con todo mi ser. Todo mi ser se está expresando y se está recreando constantemente junto con esta expresión y recreación de todo, pues yo no soy aparte de la vida, yo no soy aparte de las otras personas, yo no soy aparte de la vida, yo no soy aparte de la naturaleza, aparte de la existencia. Yo, como personalidad concreta, soy naturaleza, soy humanidad, soy circunstancias, soy historia.  Por consiguiente, toda mi personalidad ha de ser un proceso constantemente dinámico, constantemente en transformación. Y toda resistencia a esa transformación se traduce en dolor.

    

     Tal vez todo esto suene como algo muy remoto, muy extraño, comparándolo con nuestro modo actual de vivir. Es posible que así parezca. Pero las cosas son así, y sólo en la medida en que nosotros descubramos, por nosotros mismos, cómo son, conseguiremos algo positivo. No existen remedios fáciles para lo que es consecuencia de una perspectiva distorsionada. No existen aspirinas para el error de perspectiva en la vida.

 

Antonio Blay Fontcuberta. Creatividad y plenitud de vida. Editorial Iberia. Barcelona. 1973.

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