El amor profundo, formación total

Escrito por Antonio Blay (texto seleccionado por Imanol Cueto)

Del amor se ha hablado tanto y todos tenemos tantas experiencias del amor, que a cada uno de nosotros nos parece que sabemos qué es el amor y los demás no. Yo diría que lo más importante es aprender a distinguir cuándo el amor tiene un carácter superficial, aunque sea intenso, y cuándo tiene un carácter profundo. El amor no se puede medir por su intensidad, porque la intensidad depende sólo de la carga energética que lleve. Lo que da calidad al amor es su profundidad, o sea el centro desde el que procede.

Hay personas a las que vemos muy apasionadas, poseídas de un frenesí, de una intensidad y de una pasión ardiente. Parece que allí hay una gran cantidad de amor. Lo que sí hay es una gran cantidad de apasionamiento, de pasión, también algo de amor y mucho de ilusión. Pero aquel amor no es profundo, y porque no es profundo es inestable.

Cuanto más externo, cuanto más superficial es el amor, depende más de las formas concretas, definidas. Cuanto más profundo, va más allá de las formas, está más liberado de todo lo que son circunstancias concretas. Por eso cuando decimos que hemos de amar a Dios del todo, no significa que nuestro amor ha de ser como una caldera hirviendo, con mucha presión interior. Queremos decir que se ame desde el fondo. ¿Cómo se consigue llegar hasta el fondo? Estando despierto mientras se ama, no dejándonos apoderar por la fuerza emotiva, ni por las asociaciones que la emoción prende en nuestra mente, tratando de ver claro lo que sentimos y de abrir más y más esto que sentimos, sin dejar al mismo tiempo de mirarlo, repitiendo el acto de amar, el gesto interior de amar y siguiendo mirando lo que sentimos, nuestro mismo acto de amar.

Siempre que amamos de un modo superficial hacemos interiormente un gesto de apretar y de hecho apretamos algo por dentro. Cuando el amor es profundo quizás se aprieten también cosas por dentro, pero la profundidad del amor está más allá de las cosas que podamos apretar. El acto supremo de amor es la entrega total, y cuando hacemos una entrega total no apretamos nada, lo entregamos todo. Por lo tanto, el verdadero amor superior, este amor de entrega a Dios, no requiere en nosotros ninguna intensidad, sino sólo una gran apertura, porque sólo abriendo lo que cerramos, podremos descubrir y vivir lo que hay detrás de lo superficial. Y así es como vamos ahondando en nuestro interior, abriendo, abriendo, deshaciendo, entregando, no apretando.

Antonio Blay Fontcuberta

Yoga Integral
Editado en 1989

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Escrito por Antonio Blay (texto seleccionado por Imanol Cueto)
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2 comentarios

  • Enlace al Comentario Jaume Jaume Sábado, 29 Febrero 2020 22:26

    Hemos usado tanto la palabra amor, que en general; en lugar de reconocerlo como la apertura en profundidad a lo que somos, la confundimos con los sentimientos que - por muy intensos que sean- son superficiales.

  • Enlace al Comentario Carmen Carmen Martes, 04 Febrero 2020 12:00

    Bonito artículo el que has elegido. Gracias por compartirlo!*

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