Georgina

Georgina

Hay otro aspecto que entra, también, en la autoexpresión: la vida considerada como un todo.
En la vida podemos tener una actitud egocentrada, como suele ocurrir. La vida, generalmente, es para conseguir unos medios que me den seguridad, tranquilidad para mí y los míos; yo me esfuerzo, pero luego descanso; me divierto, obtengo una cierta satisfacción y así voy tirando. Esto es natural, inevitable; podríamos decir que es la primera fase de la motivación humana y nadie puede pasar más allá hasta que no ha superado esta primera etapa.

Hace ya unos años estaba trabajando junto a un compañero y gran amigo, Nicolás Cabezas, que me empezó a hablar de un tal Antonio Blay. Yo no le conocía en absoluto ni había oído hablar de él pero Nico me hablaba del despertar y yo pensaba: pues a mí esto de lo que me habla me suena, yo esto lo he experimentado. Y un día me pasó los audios. Los empecé a escuchar y me resonaban con una profundidad que por momentos me resultaba insoportable. Los aparté pero al tiempo los volví a retomar.

Hoy se asoma a mi pensamiento esta idea de liberar el alma, una idea que se despierta por conversaciones recientes y por escuchar diariamente a tantas personas anhelando esa liberación que plenifique la vida.

¿Qué sería eso de liberar el alma? Entiendo que sería una liberación que permitiría la expresión nuestro ser real, de lo que fluye desde lo profundo de nosotros en cada paso del camino.

Para ello sería preciso pasar primero por encontrar el alma, por escucharla… Y una vez encontrada, dejarla ser desde lo profundo y expresarse por los cauces que nos muestren nuestra opción más auténtica. Entiendo que el hallazgo no es algo estático, es algo que fluye y se transforma en cada instante de vida. Si no sería un fósil de una idea estancada y vacía de nosotros mismos, un ídolo que impediría ver la realidad más profunda, un obstáculo para ver nuestra realidad esencial. Una de las muchas tentaciones en ese camino de la identidad que se quiere aferrar a formas estáticas, a ideologías acerca de quienes somos.

Tanto en el ámbito del denominado “desarrollo personal” como en la esfera de la espiritualidad en sentido estricto, se usan con frecuencia los términos proceso y sendero para hacer mención a la dinámica que desemboca en la transformación de uno mismo. Así se suele contemplar: como un camino en el que ir avanzando. Sin embargo, Helena P. Blavatsky, en La Voz del Silencio, afirma: “No puedes recorrer el Sendero antes de que te hayas convertido en el Sendero mismo” (I,58). ¿Qué significa esto?
     
Es un espléndido aviso a navegantes: a ti que te pones en marcha e inicias la travesía para descubrir quién eres realmente y vivir coherentemente como tal, no olvides nunca que no se trata de buscar un camino exterior a ti mismo, sino de centrarte en ti y conocerte plenamente. Y el conocimiento de ti mismo tiene un punto de partida obligatorio que radica en saber cómo eres en el momento presente y examinar todo lo que en ti se mueve y manifiesta. Es decir, analizar conscientemente tus emociones y deseos, tus ideas y pensamientos, tus motivos y motivaciones, tu naturaleza interior… las raíces de tu ser. Y ningún aspecto debe quedar fuera de este examen que, por otra parte, nada tiene que ver con la culpa, la carga y el pecado generados en el imaginario de las religiones dogmatizadas.
 

Los efectos de esta acción de nuestra mente individual a través de la Mente Universal no tienen prácticamente límite. Todo depende de la claridad, de la intensidad, de la intensidad, y de la persistencia  con que se puedan mantener las ideas. Puede cambiarse todo. Es más, por el hecho que la persona interiormente cambie y mantenga este cambio interior, exteriormente las cosas le cambiarán, de acuerdo con el cambio interior. El cambio no es instantáneo, sino progresivo, porque estamos viviendo a remolque, como consecuencia de lo que hemos estado generando hasta ahora, y, por lo tanto, para producir un cambio regular estable, es preciso mantener un tiempo la nota positiva, aun cuando las cosas sigan yendo mal, o como antes. En ocasiones, cuando se trabaja de un modo intenso y deliberado, los cambios se producen en muy pocos días o semanas de trabajo.