El Sermón de la Montaña. Interpretación según la línea de Antonio Blay. (Primera parte, de 3).

Escrito por Jordi Sapés de Lema

Tenemos que felicitarnos por ser conscientes de no ver claro y buscar una respuesta más convincente; por no conformarnos con menos de la felicidad total; por no colaborar en los conflictos inútiles; por sentir una demanda de realidad que nos lleva a experimentar el potencial que somos; por no poder ser felices si los demás sufren; por querer ver la verdad, sin buscar la explicación que nos conviene.

   

Las Bienaventuranzas (Mateo 5, 1-16)

 

«Viendo a la muchedumbre, subió a un monte, y cuando se hubo sentado, se le acercaron los discípulos; y abriendo Él su boca, les enseñaba diciendo:

 

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

 

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

 

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

 

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

 

Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

 

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.

 

Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en los cielos, pues así persiguieron a los profetas que hubo antes de vosotros.

 

Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se salará?  Para nada aprovecha ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres.

 

Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse ciudad asentada sobre un monte, ni se enciende una lámpara y se la pone debajo de un celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a cuantos hay en la casa. Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos».

 

 

     Interpretación:

 

     Lo trascendente observa los diferentes intereses de la personalidad y se coloca en el punto más elevado de la mente para iluminar a la parte que busca la esencia,  explicando el sentido de todo lo que experimenta.

    

     Tenemos que felicitarnos por ser conscientes de no ver claro y buscar una respuesta más convincente; por no conformarnos con menos de la felicidad total; por no colaborar en los conflictos inútiles; por sentir una demanda de realidad que nos lleva a experimentar el potencial que somos; por no poder ser felices si los demás sufren; por querer ver la verdad, sin buscar la explicación que nos conviene.

    

     En un nivel superior de conciencia, vemos que todo está bien y marcha hacia la autorrealización, pero tenemos que enfrentar la inseguridad que produce nuestra identificación con la forma.

    

     En la práctica, solo podemos conectar con lo trascendente, asumiendo la insubsistencia de la forma. Esto lo hemos vislumbrado repetidas veces, pero siempre acabamos cayendo en la trampa de buscar la realidad en la existencia.

    

     Hemos de cuidar de no poner el Trabajo espiritual al servicio de la existencia, porque se desvirtúa y pierde  toda eficacia. La señal de que estamos cayendo en esta trampa es el miedo a ser mal vistos socialmente por sentir atracción por lo espiritual, que nos lleva a mantenerlo escondido y a considerarlo como algo perteneciente a nuestra intimidad. La espiritualidad ha de estar por encima de todo y alumbrar, no solo al individuo, sino a la colectividad; no con ideas, sino con hechos y a la vista de todos.

 

 

Jordi Sapés de Lema. “El Evangelio interpretado desde la línea de Antonio Blay”. Colección Jordi Sapés. Boira Editorial. 2020.

Imagen: Pixabay, mar de Galilea.

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