El estímulo en la actualización del potencial

Escrito por Jordi Sapés

Definimos el potencial como la capacidad de ver, amar y hacer inherente al ser humano.

Todo cuanto existe está hecho de energía, inteligencia y amor, pero la especie humana es la única que conocemos capaz de tomar consciencia de esta realidad y de utilizarla de forma voluntaria. Una utilidad que influye y conforma el entorno que nos incluye y nos cobija.

 

     Podemos ver al potencial actualizándose espontáneamente en los primero años de la infancia y también constatar cómo se bloquea en el momento en que empieza la socialización y el niño constata  que le trae más problemas que ventajas. En aquel momento empezamos a inhibir lo  que nos define como especie y vamos perdiendo la ilusión por la vida, que se convierte en una especie de cruzada por hacernos un sitio en el engranaje que lo maneja todo. Continuamos siendo inteligencia, amor y energía pero no disfrutamos de serlo porque se nos obliga a invertir estas capacidades en algo preestablecido.

 

     Lo que llamamos demanda es la presión de este potencial que clama por expresarse. En algunos momentos de la existencia como la pubertad, la adolescencia, la juventud, el inicio de la vida laboral o la crisis de los 40, nuestra naturaleza esencial pugna por hacerse oír, pero nosotros mismos la acallamos para no tener problemas, por miedo a perder la poca estabilidad que hemos alcanzado.  No vemos que la mayoría de nuestras dificultades psicológicas son resultado de esta dimisión personal a la que nos ha forzado el personaje.   

 

     Sin embargo, al despertar, redescubrimos esta capacidad de ver, amar y hacer  y también un mundo exterior insospechado, interesante y lleno de oportunidades para actualizar este potencial que somos. Y recuperamos la espontaneidad de la infancia que nos permite sentir ilusión por vivir; con el añadido de un yo experiencia que hemos desarrollado y que constituye una magnífica herramienta para intervenir en la realidad de un modo creativo.

 

     Pero si resulta que la espontaneidad nos supuso problemas en el momento de iniciar nuestra socialización , ahora el personaje contemplará esta eventualidad con espanto, imaginando que nos vamos a descontrolar y que actuaremos de una manera caprichosa y alocada, ignorando el entorno que nos rodea y las responsabilidades que hemos asumido. Para el personaje, ser  espontaneo es sinónimo de irracionalidad, inmoralidad e improvisación. Él teme los cambios que pueden enviar al traste una labor de años, invertidos en construirnos una forma más o menos cómoda y estable que debemos sostener y reproducir cada día.

 

     Sin embargo, el potencial se actualiza mirando directamente la realidad sin discriminarla, tal cual se presenta; el potencial se apasiona por la realidad, sin excluir nada, tampoco la razón y la moral existente. Pero actúa en el plano de las formas de una manera creativa, dando una respuesta que las transforma constantemente en vez de reproducirlas y sostenerlas sin cambio alguno. Despertar no significa abandonar nada, al contrario, implica que nos hacemos cargo de la realidad en la que estamos viviendo para iluminarla y reforzarla.

 

     Así que, si bien la iniciativa parte del sujeto, lo que vehiculó este impulso vital es el objeto a entender, integrar o trasformar. El objeto es lo que da sentido a la existencia y protagonismo al sujeto. El potencial moviliza al sujeto aportando esencia a un objeto que la asimila. No hay actualización del potencial sin un estímulo externo que lo reclame. La existencia desde lo Superior es justamente esto: un vaciamiento total en el objeto que busca ser. El sujeto, cuando es consciente de sí, ya es, no puede crecer. El objeto sí porque es forma, proyecto.

 

     El Ser es algo previo al potencial. El potencial es su posible manifestación, una manifestación que se produce en el espacio y el tiempo, como constante creación. La existencia es dualidad que conecta la esencia con las formas. La esencia no se puede entender, carece de sentido y de propósito porque ya es y por lo tanto no tiene finalidad. Pero se revela en la existencia entregándose a ella.

 

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