El yo-idea y el yo-ideal

Escrito por Jordi Sapés
Este guion de vida se utiliza como una plantilla que se sobrepone a la existencia promoviendo la interpretación sesgada de todo cuanto aparece en la conciencia del sujeto, empezando por él mismo.

Todas las alternativas [que propone el personaje] tienen la misma estructura mental: constan de una idea de deficiencia supuestamente cierta e insuperable, como un baldón de nacimiento, y de un objetivo de conseguir una excelencia personal que se ha de realizar en el futuro y que disimulará esta deficiencia. Es lo que Blay denomina yo-idea y yo-ideal. El yo-idea es una realidad actual: “soy torpe”; el yo-ideal es un futurible: “pero seré muy bueno”, que tiene un corolario: “y entonces todo el mundo me ayudará”. El yo-ideal no es exactamente la idea opuesta al yo-idea, porque la mente lógica observa el principio de no contradicción, pero tiene el objetivo declarado de resolver indirectamente la deficiencia que señala el yo-idea y, a ser posible, de superar a los que no muestran dificultades en este ámbito: [la fantasía de que] supuestamente, al final, al último de la clase le van las cosas mejor que al primero.

 

     Este guion de vida se utiliza como una plantilla que se sobrepone a la existencia promoviendo la interpretación sesgada de todo cuanto aparece en la conciencia del sujeto, empezando por él mismo. Las cosas y las personas tienen su propia realidad; pero en cuanto el individuo asume que tiene un proyecto, pasan inmediatamente a ser codificadas como favorables, perjudiciales o irrelevantes para este proyecto. Y si el proyecto es nada menos que llegar a disponer de una identidad social mínimamente respetable que asegure reconocimiento, consideración y estabilidad personal, todo lo demás pasa, lógicamente, a un segundo plano. Las cosas y las personas dejan de ser lo que son para pasar a ser amigas o enemigas, auxiliares o competidores, admiradores o críticos. El personaje no puede considerarlos en tanto que ellos mismos porque ni tan sólo considera el propio sujeto como una entidad real: no es más que un proyecto y los demás son factores de este proyecto. Así que el yo-idea y el yo-ideal generan un mundo idea y un mundo ideal; distorsionando toda la realidad que aparece en la conciencia y comunicando su alienación a las personas o a las situaciones, que pasan a ser consideradas objetos aprovechables o molestos.

 

     El protagonista de esta proyección es un ser humano que intenta realizar su propia naturaleza: encontrar sentido a la existencia, sentirse integrado en la realidad que le incluye y participar de una forma consciente y voluntaria en el desarrollo de la existencia que está protagonizando. Y el hecho de no conseguirlo, según los baremos al uso, realza su idea de no ser, una negación de sí mismo que genera angustia: angustia de identidad, de soledad y de impotencia. El personaje considera al propio sujeto en estado de prueba para merecer y conseguir que el entorno le acepte. Si no consigue este reconocimiento y aceptación proyecta esta angustia en el entorno. Y antes de aceptar su nulidad, responsabiliza del fallo al entorno: él hace todo lo que puede pero no recibe a cambio lo que le prometieron de pequeño. En todas partes encuentra oposición, reproches, dificultades, pegas, etc. Sólo hay dos posibles explicaciones para este desaguisado: o él no es digno de respeto por no haber alcanzado lo que se había propuesto o los demás están incumpliendo el compromiso de recompensar el esfuerzo que hace. Es una visión del mundo en el que siempre hay un culpable.

Jordi Sapés de Lema "El concepto de personaje en la línea de Antonio Blay". Ed manuscritos 2015.

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1 comentario

  • Enlace al Comentario Carlos Carlos Domingo, 16 Mayo 2021 10:31

    La segunda parte es que, si el culpable es el otro, yo no puedo hacer nada. Y por tanto, no tengo capacidad ninguna para ser yo mismo o salir de ese embrollo.
    Pues no, Jordi nos ayuda a entenderlo. Y hay muchos dichos que van en esa dirección:
    La vida baraja las cartas, nosotros decidimos la manera de jugarlas.
    Y con la claridad de Blay (de memoria): No podemos elegir los estímulos que nos vayan a aparecer pero sí la respuesta que demos.

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