Cómo conocí el sistema de Antonio Blay Destacado

Escrito por Andoni Barea

Considero que hay que dar importancia al pasado: mis padres evitaban el contacto social por miedos procedentes de la guerra civil y yo crecí bastante en esta soledad. En 1969 inicié mis estudios en un internado franciscano, me alejé de las circunstancias de la mayoría de las personas y me refugié en estudios y rezos, procurando ser “buen chico y muy estudioso”. Puede que este aislamiento facilitara la aparición de aspectos profundos de la personalidad, como el amor desinteresado y la intuición de verdades profundas pero acabó en un “ataque de nervios” que me reintegró en la vida normal de los muchachos: acabé el bachillerato en el instituto de Donostia.

A los 18 años, después de haber abandonado la idea de estudiar psicología, me invitaron a unas conferencias sobre este tema: allí escuché a Blay por primera vez; y sus palabras me resultaron al mismo tiempo nuevas y conocidas. Escuché que recomendaba el centramiento y compré la trilogía “Caminos de Autorrealización”.

El servicio militar me llevó en 1978 al Pirineo catalán y me dio la oportunidad de ejercitar no solo la energía, sino también la afectividad y la inteligencia conscientes: reuní un grupito de gente y hablábamos de Blay y de Krishnamurti; así que no consideré esta etapa desde la acostumbrada posición de victimismo. En 1980 me trasladé a vivir a Cataluña y empecé a asistir a los cursos de Blay y a desarrollar sus indicaciones: la atención consciente, mirar, los esquemas heredados de la infancia, el personaje, el yo idea y el yo ideal, el potencial de cualidades, el inconsciente, los niveles superiores de conciencia, etc.

Ahí pude percibir y traspasar las pautas limitantes de la cultura en la que nací. Nunca más he vuelto atrás en ese sentido. Me dediqué con entusiasmo a practicar algunas de las técnicas que Blay proponía: cuando descubría que algo me molestaba, me retiraba a “mirar”, hasta que descubría el significado de lo mirado. Por cierto, esta práctica la puede hacer cualquiera y sigue siendo una de mis favoritas. También hacía el trabajo de reeducación del niño, dialogaba con él cuando me iba a dormir y le enviaba los mensajes positivos de que él era esas cualidades de Energía, Amor e Inteligencia.

Las ganas de trabajar en uno mismo van y vienen; a veces es como si el interruptor del entusiasmo se apagara. Es un proceso normal, pueden pasar meses sin que haya ni un solo interés. No pasa nada. Ese interés vuelve y la vida nos trae circunstancias donde continúa el proceso. Blay recomendaba practicar sus técnicas con todo el interés y reiniciarlas cada vez como si fuera la primera. Así se impide que el personaje le busque réditos y engorde y se ponga medallas espirituales.

Pero está claro que lo no resuelto a nivel del personaje impide el contacto frecuente con los niveles superiores. Así pues, conocerse mejor, indagar hasta donde se pueda en la llamada sombra trae claridad a nivel personal y abre la vía para un mejor contacto con la parte divina en nosotros. Pero no asegura su asentamiento si no hay una demanda sincera en nosotros. Es como un permiso de Arriba para darle paso y evitar también que el personaje engorde sabiendo mucho acerca de la autorrealización.

De hecho la Totalidad es la protagonista real de todo: desde Arriba nos invita a ciertas prácticas y eso nos lleva a atender otras cosas. O incluso a permanecer un tiempo sin actuar, observando de dónde procede la atención, como en la última parte del Centramiento.

En aquella época yo creía que bastaba con mentalizarse para que las oportunidades de trabajo laboral llegaran solas y descubrí que no basta con pedirlas a lo Superior si no tienes una dinámica de participación con los demás. Ahí tengo que agradecer la ayuda de muchas personas con las que mantengo colaboración, entre ellas Jordi y Pilar.

Ahora hace 20 años que vivo en Suiza, aquí me siento a gusto después de haber superado dificultades culturales y prácticas, luchando contra la tendencia del personaje a quejarse y a sentirse víctima de las circunstancias. El sufrimiento nos sirve para llegar a la Atención Central que es nuestra Naturaleza Esencial. Al final, incluso me he nacionalizado aquí. Tengo una hija hacia la que he canalizado parte de la felicidad de la que soy capaz, y con la que tengo una muy buena relación. Ella ha heredado el interés por el autoconocimiento.

En los días tan movidos que nos está tocando vivir, vale la pena no perder este norte, ya sea en la acción o en la tranquilidad de la vida interior. En el trabajo de Blay tenemos la posibilidad de conocer lo que somos y de reconectar con las cualidades con las que nacimos. La Realidad siempre está ahí, no debemos pensar que se nos ha pasado la oportunidad de tomar conciencia de lo que somos. La oportunidad siempre ha estado ahí.

También es una realidad la voluntad de manipularnos por parte de los que viven del vampirismo psicológico. La sociedad y las normas cambian pero su propósito es mantener la mecanicidad. En cualquier época se puede despertar. Las cualidades esenciales que actualizamos enriquecen a la sociedad en la que vivimos. Y es de esperar que hagan un mundo en el cual lo dominante sea la solidaridad con cada ser humano. No conviene perderse en el laberinto de cosas que ocurren y sí aprender a reconectar con lo que somos; con el método que sea, o sin método alguno.

Os deseo a todos que lo Superior se instale en vuestras vidas y las llene de Energía, Amor e Inteligencia para enriquecer este mundo. El nuestro.

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