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El capitalismo actual y la dignidad humana

Escrito por Carlos Ribot

Leo con satisfacción un artículo que reflexiona sobre la economía en tiempos de la pandemia. Defiende un cambio de concepción en el capitalismo basado en el principio de que la empresa tiene que satisfacer los valores de sus grupos de interés, porque o nos salvamos todos, o no nos salvamos ninguno. 

Parece que hay aires de renovación en las teorías económicas e incluso se atreven algunos  (Business Roundtable, BRT, que asocia a 181 de las principales empresas de USA) a pulverizar el paradigma de Milton Friedman en el que se definía el sentido de la empresa como el de maximizar el beneficio del accionista. BRT cree decretado el final del capitalismo de beneficios a corto plazo y  propone este otro paradigma empresarial: el propósito de la empresa es el bienestar de sus trabajadores, clientes, proveedores  y el medio ambiente.  A esta tendencia se une la política social que propone el recién elegido presidente de USA, Joe Biden, planteando un salario mínimo de 15 $ a la hora,  que los trabajadores sin papeles logren la ciudadanía y que coticen más impuestos los más ricos y  las empresas que más pueden (sobre todo las tecnológicas).

Todo esto parece que habla a favor de que los tiempos están cambiando. El fundamento de estos cambios vislumbra un nuevo humanismo, una economía hecha para el hombre y no al revés. Pero me da la impresión de que este giro se puede producir por una necesidad del mecanismo económico en sí y no tanto por un cambio en la consideración del ser humano.

Lo que  transmiten estas posiciones es que el mundo de los negocios y de las finanzas está empezando a darse cuenta de que, por un lado, las personas pobres no consumen y por lo tanto no se genera riqueza ni crecimiento económico, y por otro lado, que siguiendo el camino por el que vamos, podemos destruir el planeta y con él pueden desaparecer sus habitantes, sean ellos los beneficiados de la economía o los perjudicados por ella, o sea, todos. Lo cual me hace preguntar si esto es un retorno a los valores humanos, como defiende ese artículo o más bien algo necesario para mantenerse en la situación que vivimos porque, si no, se hunde el barco y todos con él.

Y es aquí donde entramos nosotros. El curso que acabamos de terminar  es una propuesta práctica y  factible, de un trabajo personal, de eficacia comprobada (véase en nuestra web el estudio preliminar que sobre esto se ha hecho https://autorrealizacion.org/recursos/ii-congreso-adca ) para que recobremos nuestro protagonismo como personas que vivimos una existencia concreta, en un momento determinado. Y que podemos dar la respuesta más adecuada a las situaciones en las que nos desenvolvemos. Pretende que cada uno de nosotros desarrollemos, actualicemos, el potencial que somos. Parte de la consideración de que el ser humano tiene una dignidad que es en sí infinita, inacabable, que se funde en el todo y en la unidad,  y que se manifiesta en infinitas formas, infinitas personalidades, todas ellas diversas y únicas. Y  pone el acento en lo que eres tú y yo, en lo que somos, en el ser y en la esencia. Nos recuerda que no tenemos que llegar a convertirnos en nada, porque ya somos. La propuesta que hace es la de nacer de nuevo, redescubrir la felicidad que somos, manifestación del amor que nos constituye.

Lo que este curso nos ha traído a mano es el ofrecimiento de un camino para volver a vivir en nuestro hogar, en la casa de la que nunca habíamos salido, porque permanecía en nuestro inconsciente, en nuestro interior,  pero de la que el ruido de la existencia nos había separado.

En definitiva con esta propuesta ADCA quiere  poner su granito de arena para colocarnos a nosotros, al ser humano individual y a los seres humanos globalmente considerados, como centro de la vida, la sociedad y el mundo.  Pero no como algo necesario para que todo siga funcionando, como si fuera un mecanismo que de vez en cuando hubiera que engrasar. Sino con la consideración de que todo transita por algo esencial, que nos constituye, que nos da forma, y que nos confiere la dignidad que somos.

Es desde esta dignidad desde la que hay que construir ese nuevo humanismo, profundo y trascendente.  Para mucha gente la parte de trascendencia le resultará difícil de compartir, por no entenderlo o por considerarlo como  “opio del pueblo”.  Hasta podría estar de acuerdo con ellos en el sentido que tienen esas palabras cuando fueron escritas. Sin embargo el camino que proponemos es experiencial. La trascendencia de la condición humana no se puede pensar, solo se puede experimentar.  Y es a esa experiencia, consciente y decidida, a la que os invitamos.

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Escrito por Carlos Ribot
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1 comentario

  • Enlace al Comentario Jordi Sapés de Lema Jordi Sapés de Lema Sábado, 05 Diciembre 2020 17:41

    Ojalá que los tiempos estén cambiando porque, de lo contrario, caminamos hacia una distopía del tipo que presentan películas como Elysium o la serie de Mad Max, con un grupo restringido de habitantes extremadamente ricos viviendo separados del resto de una humanidad que luchan por sobrevivir en niveles de miseria absoluta. Esto adquiere de entrada el aspecto de enfrentamientos por cuestiones políticas, pero si no se enfrenta decididamente el problema de los colectivos que van quedando marginados, los poderosos utilizarán los conflictos que se van a producir para eliminar la democracia. Así que estamos luchando por algo que es muy decisivo.

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