Nos acercamos a los "altibajos" de la vida

Escrito por Paloma Marchesi

La vida es difícil. Las relaciones son difíciles. Toda persona que quiere vivir de acuerdo con su más hondo anhelo, necesariamente pasa por toda clase de crisis y dificultades, por noches oscuras espesas, por numerosos altibajos y momentos de sin-sentido. Toda vida humana genuina implica crisis profundas, luchas internas, sufrimiento, pérdidas, dolor. ¿Cómo vivimos esta realidad inherente a la vida? ¿Cómo la vivo yo?

En uno de sus libros, Antonio Blay menciona que nosotros somos una semilla que contiene dentro de sí la vitalidad del árbol completo, y la intención y el sentido de las fuerzas que hay en la semilla es que llegue a convertirse en un árbol completo, perfecto, en todos los sentidos. Para que esta semilla, que somos tú y yo, llegue a la plenitud necesitamos prestar atención a varias realidades.

Por una parte, he de poder ver, contemplar, mirar y admirar ese estado de plenitud, mi más profundo anhelo, esa semilla que intuye lo que puede llegar a SER. En palabras de Edith Stein: “Saber qué somos, qué debemos ser, y cómo podemos llegar a serlo…” Continuamente revitalizar la tarea más urgente de todo ser humano: llegar a ser mi YO más auténtico e insondable, autorrealizado y trascendido.

Por otra parte, y a la vez, se ha de ir produciendo la muerte de una parte de nosotros mismos; esa muerte al ego que hace posible una nueva gestación, un nuevo nacimiento, un nuevo “amanecer”. Lo que muere es la identificación con la máscara, la apariencia, “el personaje”, un determinado estado de consciencia, para renacer a otro estado de consciencia que se caracteriza por el acceso al mundo del Espíritu, al Misterio que nos habita, a esa experiencia de UNICIDAD de donde fluye el AMOR que nos constituye desde el Origen.

Y, una tercera realidad que se nos impone, es la de aliarnos con el inconsciente, no tener miedo a hurgar, discernir y profundizar en las raíces, allí donde se fraguan los deseos y se traman los mecanismos de defensa que camuflan los autoengaños que acabarán convirtiéndose en actos dañinos. Y eso sólo podemos hacerlo, en la medida en que decidamos observar más de cerca el saber almacenado en nuestro cuerpo.

Y para que se de esta triple realidad, es imprescindible EL SILENCIO INTERIOR, la meditación diaria, consciente, al menos 20 minutos diarios y, mejor, si es dos veces al día.

La experiencia de Pablo, “el bien que quiero no hago, sino que hago el mal que se me presenta…” (Rom 7,24), la de Agustín “Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba…” (confesiones Libro 7,10. 18,27), la de Teresa de Jesús “libradme, Señor, de esta sombra de muerte, libradme de tantos dolores…” (CE 72,4), y la de tantos otros que podríamos mencionar con nombre y apellido, también ha sido la mía.

Desde aquel súbito “toque” de gracia del año 1982, se han ido sucediendo en mi vida experiencias que me dejaban sabor a una Presencia-Plenitud, junto a una honda atracción a lo interior, que hacía que me sintiera como “habitada”, por una Fuerza más grande que yo misma, con un gozo imposible de describir. Una sensación de profunda unicidad conmigo misma, con Dios, con todo ser humano, con el cosmos, me traía una indescriptible experiencia que desearía la “gustara” todo ser humano. Estoy convencida de que a vivir esa realidad es a lo que estamos llamados.

Los años se sucedían y me daba cuenta de que esta energía interior no tenía la suficiente fuerza para centrarme en Dios de una vez para siempre. Mi manera de ser extrovertida, dispersa, negativa, y “difícil” me acompañaba continuamente. No me entendía, no me sentía bien dentro de mi pellejo, y, por ende, en mis relaciones con los demás me era imposible trasmitir la PAZ de Dios que intuía SER mi Centro Vital. Intuía esa gratuidad, esa plenitud esa energía vital, lo que realmente SOY, mi identidad esencial, la plenitud inherente a la vida… pero, por otra parte, me jugaban fuerzas inconscientes que me impedían llegar a SER.

Esas resistencias y fuerzas que se enfrentan con nuestra voluntad consciente y que ponen trabas a nuestros anhelos más hondos, es el INCONSCIENTE. Hacer consciente el material inconsciente, reprimido, de toda una vida, ha sido el regalo más doloroso y la vez más liberador que se me dio hace cosa de 30 años. “Toqué” un fondo oscuro, de pecado y motivaciones egoístas, pero el DON de la liberación interior se me hizo patente en el cambio de actitudes. Después de semejante experiencia, ¿cómo podría yo atreverme a juzgar, criticar, mirar con indiferencia, creerme “algo” o “alguien” …?

Dame, Dios de la Vida, un corazón misericordioso y compasivo, ¡¡¡como el tuyo!!!

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Escrito por Paloma Marchesi
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5 comentarios

  • Enlace al Comentario Imanol Cueto Mendo Imanol Cueto Mendo Jueves, 25 Junio 2020 19:11

    Todo un cuaderno bitácora para navegantes del espíritu:
    Llegar a ser mi YO más auténtico e insondable
    La muerte de la identificación con la máscara.
    Aliarnos con el inconsciente profundizando en sus raíces.
    Y todo ello aderezado con silencio interior para que brote esta triple realidad

    Muchas gracias Paloma, un placer leerte.

  • Enlace al Comentario Carlos Carlos Miércoles, 24 Junio 2020 21:11

    El viaje de la vida es complejo, y en él lo inconsciente está muy presente. Paloma nos recuerda que si queremos profundizar en lo espiritual, es necesario trabajar lo psicológico. Atrevámonos.

  • Enlace al Comentario Jordi Sapés de Lema Jordi Sapés de Lema Lunes, 15 Junio 2020 18:18

    Blay repetía con frecuencia una frase que nos ha quedado grabada: "aquello que no se aprende por discernimiento se aprende por sufrimiento". En mis primeros pasos en el camino espiritual esta frase me sonaba como una de tantas amenazas a las que nos tenía acostumbrada la religión; pero, a fuerza de vivir más situaciones de sufrimiento que discernimiento, acabé por constatar que el sufrimiento que me llevaba a la luz acompañaba la comprensión con el amor. Esto es lo que señala la sexta bienaventuranza cuando exige la limpieza de corazón para ver. Y explica también que gran parte de la compresión que alcanzamos nos la aporte este inconsciente que va dosificando las experiencias difíciles para que las podamos asimilar. Y es que la realidad es tan grande para una forma tan limitada como nuestra mente que, a menudo, solo la puede comprender renunciando a ello.
    Gracias por tu artículo Paloma.

  • Enlace al Comentario Isabel Isabel Domingo, 14 Junio 2020 14:03

    Gracias Paloma por tu artículo, no sólo lo por la profundidad de lo que nos expones, sino también por hacernos partícipes de tu experiencia personal.

    Ciertamente el inconsciente nos juega muy malas pasadas, precisamente porque no lo vemos venir, no lo conocemos y nos dejamos guiar por sus mandatos, sin cuestionarlos, como si fueran verdades absolutas.

    En esta tarea de “aliarnos con el inconsciente” que citas, a mí me ha servido una indicación de Blay que leí hace tiempo en su libro “Despertar y sendero de Realización”.
    La transcribo a continuación porque me parece que el trabajo del inconsciente, a veces, requiere que se refuerce desde diferentes frentes, ya que como dices “.. nos urge hacer consciente el material inconsciente, reprimido de toda una vida”

    Cita de Blay:
    ...”En lo que se refiere a esta actividad automática de la mente podemos hacer un trabajo consciente, podemos cambiar a voluntad todos los condicionamientos...
    En un acto de reflexión de mi mismo, hablando con sinceridad, debo afirmar: Quiero vivir toda la energía que hay en mí, quiero vivir toda la afectividad que hay en mí; que emerjan todos los bloqueos y todas las negaciones. Quiero vivir progresivamente (decir “progresivamente”) toda la riqueza, todo el caudal de energía, de inteligencia y afectividad que hay dentro. ...”

    Gracias también, Paloma, por recordarnos que es imprescindible cultivar el Silencio Interior, el contacto con la Esencia, para que se dé esta triple Realidad.

  • Enlace al Comentario Rosa Rosa Domingo, 14 Junio 2020 11:47

    ¿Con qué nos identificamos, con un determinado estado de conciencia, o con la unicidad del fondo?
    “Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba” nos dice San Agustín
    Un determinado estado de conciencia sigue siendo fuera.
    La fijación en un estado de conciencia, lo cosifica, y lo convierte en un obstáculo que nos impide avanzar en el camino espiritual.

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