Ser uno mismo ©pixabay

Ser uno mismo Destacado

Escrito por Rosa Bachs, Carmen Vinagre, Carlos Ribot

El significado de ser uno mismo no es un significado de lo que el mundo valora ser uno mismo, es decir: una personalidad adaptada  o inadaptada  a lo que se lleva en el momento. Porque depende de las épocas, las modas, los avances y las influencias de conceptos religiosos,  filosóficos y científicos sobre la mente.

     Todas estas tendencias no van más allá de la mente. Se limitan a la psicología,  que procesa el ámbito de nuestras relaciones con lo material, a través de  los pensamientos, las emociones y  la conducta, todo lo cual se identifica con la forma.

    

     Cuando nos preguntamos  qué o quién soy de verdad, nos situamos ante una paradoja: para muchos es una pregunta filosófica aburrida, para unos pocos es la pregunta fundamental.  Y la respuesta necesariamente tiene que ser personal, que proceda de lo más hondo de nuestra conciencia. No vale de nada lo aprendido ni lo leído. Sólo vale aquello a lo que lleguemos por haberlo experimentado.  Podemos plantear la pregunta sobre la identidad de esta otra manera:  ¿qué está estipulado como verdad  oficial? ¿es la verdad científica la última palabra, o no hace más que arañar en la superficie de la dimensión humana?

    

     Es necesario dar un salto, pasar de lo que me han enseñado a lo que vivo y experimento en primera persona, como protagonista de mi existencia. En ese camino descubro que soy un potencial de ver, de  amar y  de hacer; y con ello, la visión se me purifica a un nivel más sutil, el espiritual. Y logras dar el salto a lo sutil porque en cada momento de tu cotidianidad surge lo que corresponde para ti de una manera precisa, justo lo que necesitas.

    

     La conciencia psicológica es inevitable y necesaria en un momento determinado de la integración de la naturaleza esencial, para desbrozar nuestro espacio interior  con sinceridad y honestidad, y permitir que se revele la espiritualidad con fuerza. Ser consciente de que tan solo es una etapa en el proceso, es importante, para no quedar atrapados en el callejón sin salida del mundo psicológico. El acceso a un nivel superior de conciencia  precisa que el nivel inferior esté equilibrado y desarrollado.    

     Para que veáis que no es pura teoría os ponemos un ejemplo real de cómo se vive esto en la vida cotidiana, en la siguiente experiencia a partir del proceso por el que ha pasado una de las tres personas co-autoras de esta ponencia del Congreso:

      

     Uno de los trabajos que ha supuesto para mí escribir esta ponencia ha sido el de hacer  videoconferencias. El motivo es que no me gusta mucho verme grabada en las cámaras Cuando comenzamos hablando de que no somos nuestro cuerpo, yo pensaba: “sí, claro, qué fácil es decirlo, pero la imagen condiciona…”.  Y en ese dilema me quedé un tiempo atascada. Normalmente, en mi día a día, la imagen que me devuelve el espejo no me influye  demasiado: me aseo, me peino, me doy mi crema… ¡y a correr!

    

     Pero cuando en alguna ocasión me veo peor es como si me bloqueara todo el día.  Lo cual se entiende dada la obsesiva importancia que le damos ahora a la imagen.

    

     Cuando despierto, desparece esta preocupación porque hay una energía interna que me mueve y yo me siento plena. A veces esto lo he llegado a experimentar como una energía que emana de dentro, asciende y me estimula a nivel vital, a nivel afectivo y a nivel intelectual, y desde ahí yo soy tal y como soy. Y he de decir que he comprobado que actúo con una soltura, espontaneidad y alegría diferentes. Con lo cual, a un nivel más profundo, es cierto que no somos nuestro cuerpo.

    

     La semana pasada tuve que hablar en público. He de decir que no me vestí de cualquier manera e, incluso, me fui a la peluquería porque ir bien peinada me iba a dar seguridad. Y ¿en qué lugar queda nuestra imagen, si no somos nuestro cuerpo…?

    

     Cuidar la propia imagen es una manifestación del amor que somos. Es contemplar lo superficial desde lo profundo.

    

     Esa conclusión no viene por las buenas,  es producto de que se produce una apertura, la cual permite llegar a una visión real de ti. Entonces, esa  realidad es belleza, y  me doy cuenta de que ésta me rodea porque la hay en todo.

    

     Sobre esto profundizaremos en el Congreso.

    

     Hasta entonces.

                                                                                                   

    

 

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Escrito por Rosa Bachs, Carmen Vinagre, Carlos Ribot
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1 comentario

  • Enlace al Comentario Maria jesus Maria jesus Jueves, 09 Junio 2022 07:49

    Muchas gracias por este artículo precioso a tres bandas.
    Es un aperitivo perfecto que invita a profundizar más durante el III Congreso de ADCA.

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