Tres peligros de la espiritualidad de consumo Destacado

Escrito por Leyre Seminario

Vivimos en la época de la inmediatez en la que con solo apretar un botón podemos conseguir cualquier cosa que deseemos prácticamente al momento.

Esta inercia social consumista nos empuja a satisfacer nuestros deseos y pretender una vida lo más cómoda posible. Buscamos que el exterior satisfaga unas necesidades artificiales creadas por nosotros mismos para disfrutar de una felicidad efímera y una existencia aparentemente sin complicaciones. Y, claro, el ámbito espiritual no es una excepción a todo ello.

En los últimos tiempos estamos asistiendo a la expansión de un modelo espiritual basado en alcanzar la iluminación en cuatro días. Hace poco, pude ver atónita vídeos de cinco minutos en los que se explicaba cómo alcanzar la autorrealización en cinco sencillos pasos, como si de una receta de cocina se tratara en la que combinando ciertos ingredientes de una determinada manera tuviéramos el éxito garantizado. Esto desde luego asusta pero lo que asusta todavía más es la reacción de la gente que se cae de culo al ver semejante contenido diciendo que este tipo de información debería estar al alcance de todos.  

Sabemos de sobra que hoy en día el trabajo personal no vende, lo que venden son los resultados rápidos y sin esfuerzo. Sin embargo, permitidme sugeríos que desconfiéis de estas propuestas espirituales pensadas únicamente para el personaje (el famoso ego), que pretende que le solucionen sus problemas sin despeinarse.

El viaje del desarrollo interior es un camino apasionante de recorrer pero, como todo aquello que merece la pena, en ocasiones es costoso y requiere de un esfuerzo mantenido en el tiempo. Esto es así; de lo contrario, como cabe esperar, no obtendremos resultados duraderos. Y es que, es lógico pensar que si la autorrealización fuera algo tan sencillo de alcanzar, el mundo estaría un poquito más equilibrado y las personas tendríamos una vida bastante más plena. Por ello, cualquiera que se detenga un momento a reflexionar encontrará todas estas promesas de realización personal inmediatas y sin esfuerzo, cuando menos sospechosas.

Así pues, pienso que es urgente alertar de los peligros de la proliferación de este tipo de espiritualidad, que no son pocos. Os dejo una breve muestra:

  1. Engordar el personaje o ego:

En primer lugar, hay que tener claro que ésta es una espiritualidad para el personaje y como tal lo que hace es engordarlo todavía más haciéndonos creer muy importantes y especiales para acabar desarrollando un súper personaje espiritual. Ésta es la peor versión posible del personaje, ya que resulta muy complicada de identificar: nos creemos muy despiertos o avanzados espiritualmente cuando la realidad es que estamos más dormidos y perdidos que nunca. El problema es que suele costar mucho darse cuenta y reconocer que se está cayendo en esta postura narcisista, que es el primer requisito para poder salir del embolado mental que la provoca.

  1. Llenar un vacío interior haciendo turismo espiritual:

Por otro lado, es como mínimo preocupante comprobar cómo constantemente consumimos compulsiva e inconscientemente en todos los ámbitos: ocio, relaciones, productos de todo tipo y, por supuesto, espiritualidad. Aquí nos topamos con el problema tan extendido de la gula espiritual: picotear de aquí y de allá yendo de curso en curso, de experiencia en experiencia y de maestro en maestro sin profundizar en nada. Digamos que es pasearse haciendo turismo espiritual para distraernos y evadirnos del verdadero trabajo creyéndonos además muy modernos y exóticos, con el peligro que ello conlleva. Antes de optar por este tipo de prácticas, conviene abstenerse y quedarse como se está porque el cacao mental puede llegar a ser tal que se acabe bastante peor de lo que se empezó, en todos los sentidos. De lo que se trata es de escoger una línea de trabajo honesta y profundizar en ella; indudablemente, esto es lo único que nos va a garantizar que el trabajo dé sus frutos.  

  1. La limitación de vivir pendiente únicamente de uno mismo:

Así mismo, conviene tener presente que la espiritualidad no consiste en encerrarse en nuestra cueva a meditar o a leer libros muy elevados sino en aplicar el potencial que somos a las situaciones que la vida cotidiana nos presenta en cada momento. Este es el mejor campo de prácticas para ejercitar nuestras capacidades: la energía solo se desarrolla actuando, el amor interesándonos por los demás y la inteligencia investigando aquello que desconocemos. Podemos dedicar horas y horas a meditar sin darnos cuenta de que quien tenemos al lado necesita nuestra ayuda. Y es que cuando te vives como parte de una realidad total en vez de vivirte únicamente centrado en tu propio proceso, la experiencia adquiere una realidad y una riqueza totalmente única.

La buena noticia es que existen algunas líneas de trabajo espiritual serias y rigurosas; propuestas estructuradas y metódicas alejadas de los fuegos artificiales y las experiencias fuertes que enseguida se quedan en agua de borrajas. Ahora bien, hay que estar atentos pues el personaje, en su afán de espectacularidad, se deja deslumbrar y se engancha fácilmente a dichas experiencias que no dejan de ser apegos que nos inyectan un engañoso chute de adrenalina momentáneo. Como en todo, simplemente debemos aplicar el sentido común y dejar de pretender soluciones milagrosas a nuestros problemas. El desarrollo pasa necesariamente por adquirir el compromiso con nosotros mismos de hacer un trabajo sincero y real, que es lo que nos permitirá vivir una existencia plena.

Debemos tener claro que la espiritualidad verdaderamente transformadora es aquella sencilla a la vez que honesta y profunda. Ésta nos ha de servir para integrarnos en el mundo aportando lo mejor de cada uno con el objetivo de construir una sociedad más consciente, en vez de situarnos por encima de los demás creyéndonos personas más avanzadas. Por ello, de nada sirve una espiritualidad egocéntrica enfocada únicamente en nuestro desarrollo individual, ya que éste no puede darse si no vivimos lo colectivo como propio trabajando para expandir en él la semilla de nuestra experiencia.

La propuesta de Trabajo espiritual que ofrecemos desde ADCA cuya base es la obra y experiencia del maestro Antonio Blay (precursor de la psicología transpersonal en España) se enmarca totalmente en esta dirección. Lo que podemos asegurar basándonos en nuestra experiencia y en la de muchas personas a lo largo del tiempo es que, si uno se compromete, este Trabajo funciona y transforma desde el fondo. Próximamente tenéis la oportunidad de conocer nuestro método en el Curso de Introducción a la obra de Antonio Blay que se impartirá online del 23 al 29 de noviembre. Sin duda, un verdadero regalo para todo aquel que busca el sentido auténtico de la existencia que redundará en una vida plena y consciente.   

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Escrito por Leyre Seminario
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4 comentarios

  • Enlace al Comentario Carlos Carlos Jueves, 12 Noviembre 2020 17:06

    Al final las cosas son todas parecidas, salvando las distancias. Hay quien vende el "hable inglés en tres semanas" y, para hablar inglés, como cuando se aprende a conducir, hay que practicar, en definitiva, hacer. Nadie nos libra del esfuerzo personal.

  • Enlace al Comentario Jordi Sapés de Lema Jordi Sapés de Lema Martes, 10 Noviembre 2020 15:38

    Muy bueno el artículo. Eso que dices nos ha de animar a divulgar un camino serio y riguroso olvidándonos de este sector milagrero que no está dispuesto a hacer ningún esfuerzo. Explicando que el esfuerzo es indispensable para descubrir donde están las trampas que nos han puesto y eludirlas con la conciencia vamos a atraer a la gente que lo ha intentado y se ha dado cuenta de que no es tan fácil. Para esta gente que alguine les diga que es difícil pero factible es una señal de que el que habla tiene experiencia y sabe lo que dice.

  • Enlace al Comentario Carmen Carmen Domingo, 08 Noviembre 2020 17:36

    Gracias por tu artículo Leyre!! Me ha gustado leerlo.

  • Enlace al Comentario Lu Lu Jueves, 05 Noviembre 2020 04:03

    Muy interesante propuesta, la verdad es que siento que quiero abrirme a una vida más plena y sentida.

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