
El sentido de la vida, tal como está funcionando, es exactamente el sentido de mí mismo funcionando, porque yo no soy distinto de la unidad, yo no soy de una naturaleza distinta.
A título de sugerencia, yo diría que, para mí, la vida –si es que hemos de formularlo así, en explicaciones- trata de que nosotros desarrollemos unas capacidades positivas creativas que llevamos dentro. Diría que gracias a este desarrollo yo crezco externamente, me fortalezco, e internamente adquiero una conciencia de mí mismo y una conciencia de felicidad, de plenitud, de autenticidad. Y que, paralelamente a este crecimiento individual, paralela e inevitablemente se produce el crecimiento social, el del grupo. Y que tanto uno como otro, que es el mismo crecimiento visto desde dos puntos distintos, apuntan a una conciencia de plenitud y de realidad, a algo que podríamos llamar: Sabiduría, Dios, Poder, o cualquier nombre que queramos darle, pero que, por el momento, se manifiesta en nosotros en un sentido muy concreto, muy dinámico: en primer lugar, Yo, desarrollar mis capacidades positivas, físicas, afectivas, mentales, espirituales, estéticas, etc. Gracias a esto, internamente se produce en mí una conciencia de plenitud, de satisfacción, de autenticidad. Y, luego, este desarrollo subjetivo y objetivo se comunica socialmente, porque yo crezco en la medida que ejercito en los demás, junto con los demás, a través de los demás. Y con esto facilito el crecimiento de los demás. Expreso esta mayor conciencia y capacidad que voy adquiriendo en mi expresión con los demás. Formo con ellos un tejido vivo, pero con puntos de conciencia muy claros, muy diferenciados, y con ellos hago un trabajo creador, individual y colectivamente, con tendencia a una unidad superior, plena, máxima, indefinible.
Pues bien. Si esto es así, entonces las consigna en la vida no será pasarlo muy bien, ni muy mal, no consistirá en demostrar que yo soy superior o que soy inferior, sino sencillamente en conseguir ser yo mismo del todo, en desarrollar toda mi capacidad de ser yo. Mi vida ha de ser una constante creación de mí, un constante descubrimiento de mí. Y, gracias a este descubrimiento que yo hago de mí, actuando, creando, entregándome inteligentemente, ayudo a esta misma creación, a esta misma realización en los demás. Este sentido de la vida no es algo a lo que me he de supeditar, algo a lo que he de sacrificar otra cosa. El sentido de la vida es mi afirmación profunda; pero una afirmación que implica, al mismo tiempo, la expresión plena de mí y la afirmación cada vez mayor de los demás. No es una negación con vistas a una afirmación. Esto sería erróneo. Se trata de una afirmación básica de mí que se expresa dinámicamente y que se traduce en una afirmación progresiva de los demás, en los demás. En la medida en que soy más yo, podré hacer mejor lo que soy capaz de hacer y ayudar a los demás a que ellos sean más ellos mismos.
Es posible que esta formulación no encaje en algunos modos de ver. Sin embargo, yo desearía que, cuando menos, se considerara, para ver si despierta algún eco en la persona. Porque, para mí, es fundamental que uno descubra el sentido de su existencia, porque nunca podrá vivir de una manera distinta a esta consigna, a esta perspectuiva que, consciente o inconscientemente, esté manteniendo dentro.
Antonio Blay Fontcuberta. “Creatividad y plenitud de vida. Cap. IX. Cuál es y cuál debería ser el sentido de mi vida». Editorial Iberia. 1977.
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Muchas gracias Imanol.
Todo lo que pueda decir de Blay se queda corto. Sus palabras me iluminan, me inspiran, me reconfortan, me consuelan, me alegran, me hacen crecer, me hacen mejor. Desde la primera vez que leí sus textos una misma sensación me acompaña, la de no tener más preguntas, ni nada más que buscar.
Muy agradecido, aprovecho la ocasión para desearte un buen 2026.
Desde hace muchos, muchos años siempre fue, es y será mi único y gran Maestro.
Él decía que había tenido muchos maestros, entre ellos perros y gatos.
Gracias por el comentario, Josep