#1964
Jaume
Participante

El príncipe Liubovedsky se compromete ayudar a Gurdjieff. Le presenta el derviche Boga Eddin y este le redirige a un anciano derviche de una hermandad que vive cerca de allí. Se lo encuentran en silencio, sentado, debajo de un árbol y rodeado por alumnos suyos.
Gurdjieff le pregunta: -“Sed amable y decidme lo que pensáis de los ejercicios de respiración. Después de respirar el aire, lo mantengo un rato, luego lentamente lo exhalo.”. El viejo derviche le contesta: -“Que Dios mate a quién no sabe y que presume de enseñar a otros el camino.”. Y le aconseja “Tienes que cambiarlo todo o nada, de otro modo, en vez de bien puedes hacer daño”, finalmente le pide que no haga más ejercicios.
En esta escena observamos como Gurdjieff habla desde las ideas que tiene adquiridas y lo hace con cierta arrogancia (des del personaje), pero las sabias y punzantes palabras que le contesta el anciano, le hacen despertar y le permite resituarse con la actitud de buscador.

Una noche en un café, el príncipe Liubovedsky y Gurdjieff están tomando un té, y se les acerca una visita inesperada. Un extraño hombre se sienta junto a ellos, y llama al príncipe por su nombre de la infancia, Gogo. Este sorprendido le pregunta como sabe su nombre. Pero el extraño hombre le contesta: -“Has trabajado y sufrido todos estos años…pero nunca has sabido cómo trabajar. Cómo dejar que el deseo de la mente se convierta en el deseo del corazón.”. Y el príncipe contesta:-“¿Quién eres?, a lo que el extraño le dice: -“Eso realmente no importa. ¿No es tu curiosidad, una de las principales razones que ha hecho que en tu vida no llegues a nada?.”.
Este dialogo indica que el hecho de no tener una orientación clara, como el de no saber cómo trabajar, es un problema para el desarrollo espiritual del hombre.
El príncipe cree que es demasiado tarde para trabajar en lo que busca. Pero el extraño le dice:-“Quizás no sea demasiado tarde. Si sientes con todo tu ser que estás realmente vacío, entonces, te aconsejo que lo intentes una vez más.” Y le pone una condición, morir conscientemente, a la vida que ha llevado hasta hoy. Y los dos se van, dejando a Gurdjieff allí sentado.
Queda claro que, morir a la vida que se ha llevado hasta el momento también es condición indispensable para el despertar del hombre.

Continuará…

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