#1815
Jordi Sapés de Lema
Superadministrador

Transcribo a continuación un artículo representativo de un sector de la Iglesia preocupado por no perder las “esencias”. Como veréis es un llamamiento al conservadurismo:

«Durante la homilía el otro día el sacerdote exhortó a los cristianos a comprometerse con dar de comer a los hambrientos, ocuparse de los sin techo, visitar a los presos. Terminó diciendo que no deberíamos morirnos pensando en nuestros pecados y especialmente en los relacionados con el sexo, sino comprometernos en lo que es más importante para Jesús – cuidar del pobre y promover la justicia social. He escuchado a este sacerdote muchas veces antes, y sabía que no quiso decir que el pecado no importa. Por eso fui a preguntarle por qué sentía la necesidad de hacer esa extraña distinción entre amar a los pobres y evitar el pecado. En la vida cristiana, ¿debemos escoger entre uno u otro?

Su homilía fue un clásico ejemplo de la cautivadora pero falsa dicotomía entre la doctrina teológica y la justicia social que ha dominado mucho el pensamiento católico y la predicación desde los años sesenta. Este tipo de pensamiento ha causado división y sospecha entre las diferentes “filas” de católicos. Un amigo una vez me confesó que siempre que oía a un católico usar la expresión “justicia social”, asumía, según su experiencia, que esa persona apoyaría el aborto.

Este abismo entre justicia y ortodoxia también ha tenido efectos negativos en la asistencia de fieles, y ha vaciado a la Iglesia del mensaje redentor del catolicismo. Según algunas estimaciones, hasta un tercio de los católicos estadounidenses ha dejado la Iglesia desde los años sesenta, y muchos de ellos lo ha hecho para unirse a los evangélicos conservadores. Es enorme la cantidad de evangélicos que he conocido que fueron educados como católicos, que asistieron a escuelas católicas y terminaron dejando la Iglesia. La razón principal que oí es que ellos raramente oyeron hablar sobre la amistad con Jesús o los principios básicos de la fe cristiana – hasta que encontraron a los protestantes evangélicos.

Este éxodo no se limita a Estados Unidos. Como dice el dicho en Latinoamérica: la Iglesia optó por los pobres, y los pobres optaron por el Pentacostalismo y el Evangelismo. Uno de los desarrollos interesantes que hay que seguir en los próximos años será ver cómo el Papa Francisco ayuda a romper esta engañosa oposición de doctrina –justicia. Puesto que él entiende el error de cortar ambas piernas que llevan la vida cristiana, Francisco no juega a uno contra otro, sino que enfatiza cada uno en su lugar, e incluso insiste en su interdependencia»

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