
La intuición es una facultad que poseemos todos los seres humanos. Es un medio que nos da acceso al conocimiento, que nos es necesario en el desenvolvimiento de nuestra vida.
Los dominios de la intuición son prácticamente ilimitados. La limitación está solo en nuestra capacidad de sintonizar, de recibir de un modo correcto lo que la intuición nos transmite.
Intuición es el nombre que le damos a la conexión de nuestra mente personal con la Mente Universal. En la Mente Universal existe todo el conocimiento que corresponde a las cosas, a todas las cosas que están siendo y que han sido, y a la matriz de todas las cosas que se irán expresando en el tiempo.
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Condiciones para la intuición: Por un lado, es necesario que yo reconozca la existencia de la intuición, y por otro, que yo acepte que el conocimiento que me llega a través de ella es superior al conocimiento que me viene a través de mi razonamiento. Mientras yo confíe más en mis propias ideas, yo estaré cerrado, seré impermeable a la luz de la intuición.
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La intuición es pues, la vía del descubrimiento constante de la verdad de cada momento, de cada cosa, de cada situación. Es como si de repente descubriéramos que tenemos un socio, que nos quiere, que está incondicionalmente con nosotros, un socio con el que podemos contar para su consejo, para el asesoramiento desinteresado que necesitamos para todas las cosas de nuestra vida. Podemos llamarle la Voz de Dios, y realmente lo es, porque es la Mente Divina, la Mente Universal. Podemos llamarlo la voz de nuestro Yo Superior.
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La oración es, en cierta forma, una contraparte de la intuición. Alguien decía que la oración es cuando nosotros telefoneamos a Dios y la intuición es cuando Él nos telefonea a nosotros. El problema es que, cuando Él nos llama, a veces la línea, nuestra línea, está ocupada, por nuestras preocupaciones o porque estamos encerrados en nuestro pequeño mundo.
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La intuición puede registrarse interiormente en forma de ideas claras, de impulsos, de palabras, de imágenes, de sensaciones, pero siempre de cosas que señalan de un modo preciso la dirección. En ocasiones, el signo puede ser un malestar interior. Con él la intuición puede estar indicándonos lo incorrecto de uno de nuestros propósitos. O, por el contrario, la intuición puede darnos su conformidad, su placet, en forma de una sensación de expansión profunda, de paz interior.
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Esta es la verdadera creatividad. Vivir así es vivir creativamente. Estamos dando entonces expresión en nuestra vida a lo que la Inteligencia Creadora tiene destinado como óptimo para cada uno de nosotros.
Antonio Blay Fontcuberta. “Creatividad y plenitud de vida. Cap. XIV La intuición”. Editorial Iberia. 1977.
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