No existe una vida espiritual y una vida material

Examinemos ahora, desde una vertiente más profunda, el aspecto económico de la vida: el dinero, la riqueza. 

Para la mayoría de personas, riqueza es todo lo que poseen, bien sea en dinero, o en bienes materiales fácilmente convertibles. En la mentalidad de la gente, la riqueza tiene siempre este carácter posesivo y acumulativo: el dinero, la tierra, las acciones. Y entonces viene la lucha para ganar más dinero, más posesiones, más acciones. Y el dinero que yo tengo es el dinero que consigo sacar a los demás, y cuanto más tengo yo menos tienen los otros. En esta visión siempre aparece el carácter competitivo.  

Y, sin embargo, la riqueza es algo muy distinto. La verdadera riqueza consiste en lo que hace posible que el dinero y los bienes materiales fluyan, vengan, circulen. Así vemos, por ejemplo, que la salud no consiste en que yo tenga mucha fuerza, mucho apetito y un color sonrosado en las mejillas, sino en que haya en mí una excelente circulación de energías vitales. Entonces el apetito y el color sonrosado y la fuerza serán los efectos de la salud, sus signos externos, pero no la salud. 

De la misma manera, el dinero es el efecto de la riqueza, pero no la riqueza en sí. Por esto se da el caso de tantas personas que, a través de largos años de luchas y esfuerzos, llegan a tener dinero, y no por ello son personas ricas ni prósperas. El dinero es algo que está estancado en ellas, es algo acumulativo, algo posesivo, algo que no es vida. 

La fuente de la riqueza, la riqueza en sí, no es otra que la vida divina expresada a partir de este nivel material. La riqueza no es diferente del amor, como tampoco es diferente de la inteligencia, o de la energía. La riqueza es esta misma fuerza creativa expresada a través del nivel material; pero en tanto que fuerza, no en tanto que condensación, que producto, de esa energía divina. Cuando yo lucho por el producto, por los efectos, no consigo la riqueza. Tal vez llegue a conseguir algún dinero, pero veré que, curiosamente, en la medida en que lo retengo, no me produce, y si lo pongo en circulación, me desaparece, si no he conseguido sintonizarme con ese circuito superior. 

En general estamos acostumbrados a aceptar la idea de que una cosa es el mundo espiritual y otra el mundo material. Esto es totalmente falso. Solamente existe una realidad, solamente existe una vida. La vida es única, y esta vida única es Dios expresándose en todo. No existe una vida espiritual y una vida material. Existe solo una mentalidad materialista y una mentalidad espiritualista. Son modos de ver, de pensar o de creer, pero no responden al modo de ser de las cosas; las dos cosas son una sola cosa. Ahora bien, mi modo de ver puede ser parcial, y de hecho lo es tanto cuando lo llamo espiritualista por oposición a materialista, como cuando lo llamo materialista por oposición a espiritualista. La verdadera visión es descubrir que la base de todo lo que existe es la Vida, el Ser, la Realidad, Dios, el nombre que se quiera, y que no hay ninguna diferencia substancial entre las manifestaciones a nivel más elevado y las manifestaciones a nivel más elemental, porque en ambos casos se trata exactamente de la misma vida divina. Es la misma Vida universal que se expresa a través de mi salud, a través del sentido de la riqueza, a través de la inteligencia, de la intuición, o de cualquier estado por elevado que lo imaginemos. Es la misma y única Vida. 

Antonio Blay Foncuberta. “Creatividad y plenitud de vida”. Editorial Iberia 1977. Barcelona. 

Imagen Pixabay

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