El sentido de la vida desde el nacimiento (2).

(Continuación de https://autorrealizacion.org/el-sentido-de-la-vida-3/

Es urgente superar una educación basada exclusivamente en conceptos que no dan la importancia debida al sujeto que los ha de manejar y aplicar en su existencia. Nuestra vida cotidiana está repleta de obstáculos, que se repiten, y de complejidades que requieren una solución. No debería ser ningún problema que la enseñanza abordara estas situaciones, aplicando estos conceptos de un modo práctico y convirtiendo a los niños en sujetos responsables. Solo así aprenderemos realmente a ser competentes, a responder a la realidad de una forma impecable y a desterrar la mala costumbre de hacer lo mínimo indispensable para salir del paso. 

Queremos resaltar que implicarnos en la existencia significa que todos seamos conscientes de que nuestra responsabilidad personal aparecerá como algo natural, si en la educación que impartimos nos preocupamos de alimentar el espíritu, además de la mente. Los padres y maestros, que estamos recorriendo este camino que llamamos Trabajo espiritual, aceptamos el compromiso de incluir en la información que transmitimos a nuestros hijos y educandos algunas ideas referidas a la trascendencia. 

Para ello, podemos utilizar textos de nuestra tradición espiritual judeocristiana, como son el Decálogo y las Bienaventuranzas, fragmentos de la misma que resumen la aportación que lo Superior ha hecho en nuestras conciencias y que nosotros deseamos compartir con las suyas. Tenemos la responsabilidad de conocerlos y de reinterpretarlos, conforme a nuestra visión de una realidad que está hecha de energía, inteligencia y amor. 

Su contenido no tiene nada de represivo; todo lo contrario, nos plantea la mejor forma de vivir, la más consciente; una forma de vivir que queremos promover entre nuestros descendientes, para que continúen nuestra labor en el desarrollo de la especie. Han de ver en nosotros un claro ejemplo de cómo tenemos presentes los valores que estos textos transmiten: al relacionarnos con nuestro entorno habitual o al responder a situaciones que se salen de lo ordinario y requieren reflexión y toma de decisiones. Esto les hará conscientes de su propia capacidadde intervenir en el mundo de una manera positiva. 

Porque nosotros no apoyamos esta visión pesimista del mundo que se pretende difundir, una visión en la que nuestros hijos no podrán alcanzar el nivel de vida y de satisfacción que hemos tenido nosotros. Consideramos que la especie humana solo está recorriendo las primeras fases de su desarrollo potencial y que, en estos momentos, empieza a atender aspectos de la existencia que van más allá de la satisfacción de las necesidades materiales. 

Con una adecuada distribución del trabajo y de la riqueza, la humanidad podrá dejar de preocuparse, en los próximos años, de su subsistencia física y avanzar en el desarrollo mental y espiritual que nuestra conciencia nos permite. En este avance, los jóvenes han de tener un gran protagonismo y, con este objetivo, debemos inculcar en ellos la ilusión por situarse en la vanguardia de este salto evolutivo, superando la visión limitada e interesada del mundo que recibimos en la infancia. 

Jordi Sapés de Lema y Maria Pilar de Moreta. “Espiritualidad, infancia y educación”. Editorial Boira. 2022. 

Imagen Pixabay.

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