Nombre del autor:Jordi Sapés de Lema

El sentido de la vida, desde la infancia

De la trascendencia procede la  vida y la conciencia que nos permite tener un papel creativo en este plano material. Nuestra participación en el mundo no se inicia cuando nos introducimos en el mundo laboral; empieza en el mismo momento en que nacemos. Los niños participan en todo momento en el colectivo; primero en la familia; después en la escuela y en los estudios medios o superiores; a continuación, en el mundo laboral y, posteriormente, en el social y el humano. Y aportan a cada uno de  estos planos lo que han vivido en el anterior.

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El ejercicio de despertar (3 y final)

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Las dificultades del ejercicio

 

Por desgracia, la experiencia del despertar es muy inestable al principio. Después de tantos años de poner toda la atención en el exterior es difícil cambiar esta inercia de buenas a primeras. Nuestra mente no está acostumbrada a prestar atención a nuestra presencia; está acostumbrada a pensar en nosotros. Se pasa todo el tiempo juzgándonos y considerando lo que tenemos y lo que nos falta, pero no nos presta atención alguna. El personaje todavía nos está educando y piensa en nosotros en términos de futuro. Es más, considera que prestarnos atención a nosotros mismos, tal como somos, es una pérdida de tiempo y una falta de responsabilidad.

 

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El ejercicio de despertar (2)

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De entrada cuesta una barbaridad distraer parte de nuestra atención para ponerla en nosotros mismos porque de pequeños nos obligaron a ponerla toda en el exterior y nos hemos habituado. Para el personaje ¿qué sentido tiene prestarnos atención a nosotros mismos si nuestra identidad, valor y seguridad dependen de lo que hagamos cara al exterior? Es lógico que pongamos allí los cinco sentidos. De hecho, es mejor que, inicialmente, practiques este ejercicio [ver el artículo anterior: “el ejercicio de despertar (1)”] mientras haces algo simple que no requiera mucha atención por tu parte; por ejemplo: caminar. Puedes caminar y prestarte atención a ti caminando.

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Seminario del Evangelio. Juan. 8, 31-47

Santa María de Vico. Imagen propia

A continuación dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: “Si aceptáis mi mensaje seréis realmente discípulos míos y llegaréis a conocer la verdad, y la verdad os hará libres” “Somos descendientes de Abraham”, le respondieron, “y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Qué quieres decir con eso de ‘llegaréis a ser libres’?” Jesús repuso: “Os lo digo muy de veras, el que comete un pecado es esclavo, y el esclavo no es miembro permanente de la casa, como lo es el hijo. Así que, si el Hijo os hace libres, seréis hombres verdaderamente libres. Ya sé que sois descendientes de Abraham, pero intentáis matarme porque mi mensaje no encuentra lugar en vosotros. Yo hablo del Padre por experiencia personal, mientras vosotros solo hacéis lo que habéis oído de vuestro padre.” “¡Abraham es nuestro padre!”, le replicaron. “Si fuerais hijos de Abraham”, les dijo Jesús, “haríais las obra de Abraham. Pero en cambio estáis tratando de matarme, a mí que os he dicho la verdad que he oído de Dios. Abraham no hizo eso. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.”  “No hemos nacido ilegítimamente”, protestaron ellos,” ¡Tenemos un solo Padre, Dios!” Jesús les dijo: “Si Dios fuera vuestro Padre me querríais a mí, pues yo he salido y vengo de Dios. No he venido por mi propia cuenta sino que Él me ha enviado. ¿Cómo es que no recordáis mi modo de hablar? Es porque no sois capaces de hacer caso de mi mensaje. Tenéis al Diablo por padre y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él ha sido homicida desde el principio y nunca se ha mantenido en la verdad, porque la verdad le es ajena. Cuando dice la mentira habla su propio lenguaje, porque es mentiroso y padre de la mentira. Pero a mí, como digo la verdad, no me creéis. El que pertenece a Dios atiende a las palabras de Dios. El hecho mismo de que no me hagáis caso prueba que no pertenecéis a Dios.” 

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Parábola del sembrador (Mateo 13,1-23)

Editorial Boira

“Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno a él una multitud tan grande, que tuvo que subir a sentarse en una barca, mientras toda la multitud permanecía en la orilla. Y se puso a hablarles muchas cosas con parábolas: —Salió el sembrador a sembrar. Y al echar la semilla, parte cayó junto al camino y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra y brotó pronto por no ser hondo el suelo; pero al salir el sol, se agostó y se secó porque no tenía raíz. Otra parte cayó entre espinos; crecieron los espinos y la ahogaron. Otra, en cambio, cayó en buena tierra y comenzó a dar fruto, una parte el ciento, otra el sesenta y otra el treinta. El que tenga oídos, que oiga. Los discípulos se acercaron a decirle: —¿Por qué les hablas con parábolas? Él les respondió: —A vosotros se os ha concedido el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido. Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo con parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Con el oído oiréis, pero no entenderéis; con la vista miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane. Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que estáis oyendo y no lo oyeron. Escuchad, pues, vosotros la parábola del sembrador. A todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno pedregoso es el que oye la palabra, y al momento la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda estéril. Y lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.”

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Más sobre el personaje

A medida que avanzamos en el Trabajo vamos modificando la forma de referirnos a nosotros mismos y de considerar la realidad cotidiana. Esto es debido a que percibimos factores que intervienen en ella, que antes desconocíamos, por ejemplo: el personaje. Antes de verlo, acostumbramos a introducirlo en nuestros comentarios, sin haber comprendido su verdadera naturaleza, atribuyéndole la culpa de todo: nosotros queremos hacer algo, pero el personaje nos lo impide y los personajes de los demás se ponen imposibles. En contrapartida, hablamos de “mi personaje” como si fuera algo que controlamos y manejamos.

 

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