Hay que poner en juego todo para la autorrealización 

    Esta realización no depende de nada exterior. Por eso es posible; no depende de condiciones, de circunstancias, de un ambiente, sino que depende únicamente del interior. La autorrealización no es sino una actualización de algo que ya está dentro. Su proceso tiene lugar de dentro a fuera; por lo tanto, no requiere que se le añada nada del exterior, no requiere ningún ingrediente, ninguna circunstancia, ningún dato. No depende de nada ni de nadie. Es cierto que hay circunstancias que la favorecen, la estimulan, aceleran el proceso, pero también es cierto que todas esas circunstancias y enseñanzas, que son útiles o necesarias nos vienen dadas porque en el fondo, el mismo que dirige ese desarrollo interior, es el mismo que está dirigiendo las circunstancias, los hechos, todo cuanto está ocurriendo.  

Por lo tanto, estoy enfrentado ante algo muy concreto: el hecho de que existe en mí la demanda de una vida plena, de un descubrir el sentido, el porqué de las cosas, de un descubrir qué es mi verdadera identidad; de llegar a la verdad, a la evidencia de lo que está detrás de todo cambio, de toda mutación, de toda transformación.  

¿Tengo yo esa necesidad, la siento? ¿En qué medida la siento? ¿La siento de un modo suficientemente claro, como para que me comprometa, ante mí mismo, a ser consecuente con esta demanda?… Este es el problema que tenemos ahora planteado. Si yo, teniendo esta demanda, trato de buscar las satisfacciones de la vida corriente, nunca encontraré la plenitud. Nada puede sustituir esta realización interior. Mas también es cierto que yo no he de aparentar que tengo esa aspiración, si no la tengo. Muchas veces utilizamos lo espiritual para contentar frustraciones, inquietudes, fracasos o miedos en lo psicológico, en lo humano. En estos casos, esta falsa aspiración nunca podrá encontrar una verdadera culminación, ya que nuestros problemas deben de ser enfrentados en su propio nivel, pues lo que falta por desarrollar en nosotros ha de ser inexorablemente desarrollado. El sentido de nuestra vida está en desarrollar todas nuestras capacidades, en madurar, a través de una experiencia plena, y nada puede sustituir esta actualización total de nosotros mismos. No podemos huir hacia lo superior; lo superior viene como una culminación de lo inmediato, de lo que es humano. Es cierto que podemos abrirnos a eso más profundo, superior, para recibir más fuerza y una capacidad mayor para afrontar las dificultades internas o externas que tengamos en la vida. Pero no podemos llegar a una realización superior sin que de algún modo hayamos pasado por una realización a nivel humano. Lo espiritual ha de ser una complementación, una fase ulterior de nuestra realización humana.  

Yo creo que es importante que cada persona se plantee con sinceridad qué es lo que está buscando realmente en esta vida. ¿Tiene o no esta demanda de lo auténtico, de lo que está detrás de las apariencias, de lo que son esos valores por los que suele vivir la gente? Si es así, no le queda otra alternativa que embarcarse en esta aventura hacia eso desconocido; es una auténtica aventura, una aventura que involucra a toda la persona, a todas las dimensiones de la persona. Cuando uno se embarca en eso ha de saber que poco a poco le será exigido que ponga en juego todas las facetas, todos los aspectos de su personalidad; uno no puede trabajar en una realización espiritual sólo en un pequeño sector de su mente, de su voluntad, de su afectividad. Esto se puede hacer al principio, pero llega un momento en que uno se da cuenta que se está buscando un todo y que también hay que ponerlo en juego todo.  

Antnio Blay Fontcuberta. “Caminos de autorrealización. Tomo I, la realización del Yo central”. Editorial Cedel. 1982 

Imagen: Pixabay

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