Sobre la reserva a la hora de comentar los artículos.

En la pasada asamblea anual de ADCA, algunos de los asistentes hicieron mención de la dificultad que encuentran en comentar los artículos que salen cada mes en la web, como este mismo, ya que observan en ellos un nivel y profundidad ante los cuales creen que cualquier cosa que digan no aportará nada al mismo, que en lugar de enriquecer no se hará sino empobrecer lo que ya está escrito.

Este comentario generó una cierta desazón en los redactores, ya que convertía el esmero con el que se emplean para ofrecer unos materiales dignos de ser leídos y comentados en una especie de boomerang que se volvía en contra de su propia finalidad.

Cuando oí estos comentarios, me vino a la cabeza el silencio que se produce al acabar la exposición inicial en las charlas previas a los cursos que, personalmente, estoy dando desde hace años. En ese lapso de tiempo, que parece eternizarse pero al que la práctica ha ido restando inquietud, siempre doy por sentado que mucha gente tiene serias dudas sobre la idoneidad de la pregunta que quiere formular, si es algo demasiado simple u obvio, si es algo que por cualquier motivo le da reparo comentar, etc. Sin embargo, he de decir que cuando alguien da el primer paso y toma la palabra, cosa que afortunadamente hasta ahora siempre ha sucedido, la respuesta y los comentarios que provoca esta primera intervención no sólo genera nueva información que enriquece sobremanera la explicación inicial, por académicamente correcta que ésta haya sido,  si no que, además, da pie a otras cuestiones que, al abordarse ya de forma abierta, permite entre otras muchas cosas que las personas hagan bajar a la tierra, a su realidad particular, los conceptos y las propuestas que, con carácter más genérico se han expuesto en un principio.

Creo que es importante reseñar que estos comentarios en las charlas rara vez pretenden situarse en el mismo plano que el discurso inicial, no procuran -ni se preocupan por- estar al mismo nivel, ni por encima, ni por debajo, de nada, sino que en la mayoría de casos todo su interés se centra o bien en solicitar alguna aclaración o ampliación sobre algún tema concreto, o bien en aportar una experiencia particular que, por si misma, propone una relectura determinada de algún tema. En cualquier caso, suele suceder que otras personas se añaden a la tertulia y entre unos y otros se consigue ampliar y profundizar ese aspecto que el grupo ha considerado oportuno tratar, en un proceso que es, por su propia naturaleza, muy enriquecedor para todo el mundo, ponente incluido. Un buen ejemplo de lo beneficiosas que son estas dinámicas lo tenemos, salvando las distancias, en el libro SER. Curso de psicología de la Autorrealización, de Antonio Blay; a poco que le echéis un vistazo podréis comprobar enseguida cuán distinto sería este libro sin las preguntas que los asistentes, sin duda salvando también algún apuro inicial, le formulan a Antonio.

He de decir que, además, en este caso de los comentarios hay algo que juega poderosamente a su favor, y es la propia razón de ser de estos artículos, y por extensión de la Asociación en sí, que no es si no poner a disposición de todos un tema relacionado con el Trabajo para que cualquier persona pueda compartir opinión y parecer con el resto de lectores. Y, en todo momento, lo que se pretende es que este intercambio tenga un carácter recreativo, entre personas que comparten o tienen simpatía por una determinada visión de la vida y del ser humano, la cual, no lo olvidemos, nos preserva de juicios y prevenciones del personaje. Si hemos tenido una vivencia relacionada en mayor o menor grado con lo expuesto, si conocemos algún tema afín que puede ser conveniente apuntar o, si, simplemente, hay algo que creemos que puede ser interesante, o divertido, o aclarador, exponer, ya tenemos de entrada tres motivos  para lanzarnos al ruedo y comprobar que este toro, en lugar de embestir, hace cosquillas agradables. Y podría encontrar fácilmente muchos otros incentivos, entre ellos el hecho de que, con estos comentarios, la ilusión con la que los redactores escriben estos textos tendrá la oportunidad de ser compartida con todos vosotros.

 

4 comentarios en “Sobre la reserva a la hora de comentar los artículos.”

  1. Lo que está escrito, escrito está; nada lo puede empobrecer. En cambio, comentarlo, afirmarlo, matizarlo,etc. equivale para el autor a contemplar como crece la semilla que ha plantado.
    Este artículo de Jordi Calm da en el clavo cuando habla de las expectativas que tiene el autor. Porque cuando al final de una conferencia se abre el turno de preguntas y nadie pide la palabra, te entra la duda de si se ha comprendido todo o no se ha comprendido nada. Yo siempre invito a la gente poner «peros», no para que me lleven la contraria por sistema sino para captar e intentar resolver la dificultad que entraña para ellos poner en práctica lo que acaban de escuchar o leer. Lo hago con la intención de evitar aquello de: «en teoría está muy bien pero en la práctica…». Y es que si en la práctica no resulta es que la teoría se ha equivocado considerando irrelevantes aspectos de la realidad que no lo son. Y estos aspectos puede ser distintos para cada persona que lee el texto. O sea que siempre tenemos algo que aportar: nuestras dudas y dificultades.

  2. El que se atreve a contestar, replicar, agradecer o dudar; en el hecho de hacerlo gana experiencia, seguridad y conocimiento, solo por eso vale la pena, pero os aseguro que cuando es uno el que lo hace espera porque es apasionante, ver el punto de vista del otro y siempre enriquece.

  3. EL miedo al ridículo desde luego que condiciona, aunque no luzca bien para el personaje el resultado, o descubres que lo que querías decir no lo va a entender nadie aunque lo lea 19.894.756 veces y no porque sean tontos, si no porque no has sabido explicarte bien.

    Es importante superar los miedos, como decía aquel, el miedo llama a la puerta, la confianza va y la abre, y ve que no había nadie.

  4. Pues aquí tienes uno que es capaz de leerlo 19.894.757 veces si es necesario; hasta que entienda lo que quieres decir. Aunque la verdad es que siempre te comprendo a la primera.
    El personaje, por definición, nunca se luce lo suficiente, pero estar de verdad al lado de las personas, viviendo sus luchas, sus fracasos y sus victorias, es un privilegio que no tiene precio.

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