¿Y ahora, qué?

ADCA La experiencia del III Congreso ADCA podría definirse de muy positiva. Todavía procesando la información recibida y el sentir de hermandad generado. Decidí ir presencialmente y no me equivoqué.

     Los diferentes encuentros y conversaciones con otros congresistas siempre sumaban alguna cosa, ampliaban horizontes y las sesiones de yoga, dirigidas con tanta sensibilidad por Sergio Blasco, acabaron situándome en el Yo. No hace falta comentar la excelencia de los talleres ni la práctica irrenunciable de los centramientos. Aquel silencio, la magia de estar en el mismo lugar donde Antonio Blay realizó sus cursos… se  notaba. Las ponencias, singulares y a la vez complementarias, marcaron el ritmo del Congreso. Así surgió la naturalidad y espontaneidad que soy, como quién no quiere la cosa.  

 

     Una vez terminado ese oasis de paz, la vuelta a casa y al trabajo laboral  ha sido serena. Observo el mundo de manera diferente durante unos días. La música me hace vibrar y  sonrío a la gente con la que me cruzo, que me parecen más cercanos;  tengo más comprensión con mi marido y familia. El amor y la paciencia reinan el ambiente.

 

     Esta sensación, poco a poco, se diluye y vuelve la vorágine del día a día… Y ahora, ¿qué?  Ahora es cuando se hace el verdadero el Trabajo, en la cotidianidad, cuando la realidad nos plantea retos y el personaje se quiere hacer con el control. Por ello, el empeño en realizar los diarios, eventos, registros, etc., ha de mantenerse. Es el momento de coger las riendas de la vida y ver dónde poner el granito de arena que la realidad requiera…, ¡y esperar con ilusión el próximo encuentro!

 

Imma Cano Flores

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