Caminos hacia el Yo

¿Cómo podemos acercarnos a este YO? En principio no es difícil, porque el YO es el centro de todo cuanto vivimos, la fuente de donde surge todo lo que vivimos. Ello quiere decir, pues, que todo lo que estamos viviendo nos conduce a la fuente: si estoy hablando o escribiendo, ese hablar o escribir surge del YO. Si estoy percibiendo que me encuentro con unas personas en una conversación, esta percepción surge del YO y, a través de ella, puedo remontarme a la fuente, al YO

     De hecho tenemos tres modos principales de realizar esto que ya somos:

 

1º. Exteriorización activa:

 

El primer modo es aprovechar todo lo que sale del YO, lo que nosotros decimos que sale del YO, o sea, todo lo que es elemento activo. Cuando yo me muevo o hago un esfuerzo físico, este esfuerzo, esta energía surge del YO. Cuando expreso un sentimiento, esta expresión surge del YO. Cuando pienso, este pensamiento surge del YO. Cuando me dedico a una labor, a un trabajo profesión, social, del tipo que sea, surge también del YO…

 

… Todo lo que es, pues, movimiento, expresión, todo lo que es hacia fuera, se convierte en medio de trabajo interior, a condición de que no nos quedemos atados al objeto, aunque no hemos de desatenderlo. Hemos de encontrarnos cada vez más y más centrados en tratar de ver claro quién es el que está actuando, qué es lo que queremos expresar cuando decimos YO…

 

…2º. Interiorización activa:

 

Aparte de la expresión, otra forma de trabajo es el otro movimiento complementario, alternante con la expresión, que es la impresión. Expresión: movimiento hacia fuera; impresión: movimiento hacia adentro. La impresión incluye todo lo que capto, lo que percibo, todo lo que es centrípeto, todo lo que, desde lo que yo llamo “fuera”, me viene hacia adentro. Todo lo que percibimos va directamente al YO. Si siguiéramos la trayectoria de todo lo que percibimos, realizaríamos automáticamente el YO. Nuestro problema consiste en que nos cerramos a la percepción, incluso a la percepción que nos agrada. Nos cerramos porque nos hemos    habituado a estar cerrados para protegernos de heridas, lesiones, contrariedades con respecto a las ideas que tengo de mí, no estando nunca abierto para recibir al otro y a lo otro. Nunca estoy abierto para recibir nada de nadie. Todo lo recibo desde lo más superficial de mí, desde la barrera, desde mi muro defensivo.

    

Así cuando quiero escuchar música, no sé admitir la música; y, al querer escuchar el rumor del bosque, no me acabo de abrir a este rumor para dejar que penetre dentro; al contemplar una obra de arte, impido que la obra penetre hasta mi fondo, deteniéndome en unas consideraciones intelectuales, críticas, de valoración estética; si alguien me expresa su amor, aun deseándolo, no sé abrirme del todo, y, de este modo, no dejo que ese amor entre hasta el fondo de mí mismo, allí donde se encuentra la demanda de amor…

    

…3º . Vivencia del silencio

 

El tercer camino es el del Kumbhak, el camino del instante, en que no hay movimiento, ni hacia adentro ni hacia fuera. Todo cuanto existe en la manifestación es movimiento, pero, al mismo tiempo, junto con el movimiento, hay unos instantes renovados constantemente de no movimiento, de quietud, de silencio, de vacío. Todo cuanto existe es vibración y la vibración es por definición un movimiento intermitente. Existen, por tanto, unos momentos de vacío entre movimiento y movimiento. De igual forma funciona nuestra conciencia. Nosotros estamos siempre pensando o haciendo cosas, hacia adentro o hacia fuera, pero hay un momento que no estamos ni dentro, ni fuera, ni en medio; un momento en que he dejado de mirar  hacia adentro, pero todavía no he mirado hacia fuera. Así ocurre en la respiración, en la que existen unos puntos muertos en que he dejado de inspirar, pero todavía no estoy espirando. Esos instantes, esos     kumbhak, esas paradas, silencios, vacíos, son caminos directos, un atajo para ir al YO. Porque en estos instantes no hay no–yo; lo único que hay es YO.

 

Curiosamente, no percibimos esos instantes, o, si se nos presentan delante de nosotros, los recubrimos con la idea de que eso “no es nada”. Esa idea nos impide percibir esa nada de un modo positivo, nos hace huir de esos instantes de silencio y nos vuelve insensible, ciegos a ellos. Así volvemos a buscar el movimiento, la apariencia, el nombre y la forma…

    

    

… En resumen, vemos, así, el triple enfoque de lo que ha de ser el trabajo interior:

 

1.-Aprovechar lo que es movimiento natural hacia fuera, para buscar el sujeto que está detrás.

2.-Aprovechar lo que es movimiento centrípeto, de recepción, para buscar el sujeto receptor.

3.-Y aprovechar los momentos en que no hay movimiento –ni hacia fuera, ni hacia dentro– para captar simplemente quién soy; para sentirme.

 

Antonio Blay Fontcuberta. “Caminos de autorrealización. Tomo I: La realización del Yo central”. Capítulo Primero, III. Ediciones CEDEL. 1982.

A la venta en     https://autorrealizacion.org/recursos/trilogia-caminos

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