El problema del dolor

Cuando en la vida nos vemos en la necesidad de recibir golpes y pasar por amargos desengaños que nos llegan sin buscarlos, contra toda aparente lógica y justicia, si solo vivimos tales situaciones de un modo personal, convertiremos muchos momentos de nuestra vida en tragedias. No se trata, para evitarlos, de cerrarnos a las experiencias desagradables, volviéndonos insensibles, sino de ampliarlas hasta llegar al fondo de la experiencia, a donde no llega ya su bofetada. Sin este trabajo interno no existe forma posible de solucionar problemas de esta índole. La solución llega buscando la verdad positiva, profunda última de la cosa. Nunca contraponiendo una verdad parcial frente a otra verdad también parcial, que jamás arrojarán una solución total.

El dolor puede servirnos de gran utilidad, no como mecanismo de descarga, pues con frecuencia no podemos usarlo con este fin, sino porque nos obliga a reconocer que no podemos apoyarnos y vivir dependiendo del objeto que ha provocado el dolor. Sentimos dolor porque estamos asidos a las cosas, física, afectiva o mentalmente.

Amamos a las personas, y una enferma, otra muere…; eso nos causa un dolor que, vivido desde un punto  de vista personal, es un drama, pero si subimos a un nivel más universal sin cerrarnos al personal aunque en el hecho adverso medie un aspecto doloroso, se produce al mismo tiempo una desidentificación del lazo exclusivo que nos unía aquella persona. El problema no está en que amemos, sino en que nuestro amor se confunda con la posesión de la persona amada. El amor, desde un nivel superior, deja de ser una identificación para convertirse en una irradiación de amor, en un deseo de bien para el ser amado.

Todos los dolores de la vida van produciendo en mayor o menor grado este efecto de desidentificación. Si no llegan a producirlo del todo, el sujeto se verá una y otra vez en situaciones similares de disgusto y amargura que enturbiarán su equilibrio, hasta lograr por fin conformarlo con el ritmo de la vida.

………….

Sin embargo, afirmamos una vez más que todos los problemas humanos, aun los más agudos, y de orden metafísico, tienen solución. El hombre puede conocer la verdad de las cosas, de la vida y de sí mismo. Lo que ocurre es que para ello es preciso que todo él se abra a la verdad de la vida que circula en él. Ver la verdad de la vida quiere decir ser consciente, en el nivel mental, de la vida que está fluyendo a través de él. Y esto impone una exigencia interior, un trabajo de apertura total de la mente en los niveles personales y en los espirituales. Trabajo que se efectuará en la experiencia diaria.

La Personalidad Creadora

Antonio Blay

Editorial Sincronía, 2017

7 comentarios en “El problema del dolor”

  1. No he experimentado mayor dolor que la muerte de un ser querido. Blay nos dice que tenemos que aprender de esa experiencia. Que el amor en un nivel de conciencia más elevado, no es individual, sino compartido. Que el amor pasa a ser desidentificación con la persona amada y deseo de bien, para él y no sólo, porque es como una explosión: va en todas las direcciones.

  2. Cuando leo a Blay, sé que él no acostumbraba a hablar de algo que no hubiera experimentado previamente; esto me lleva a percibir tanta rotundidad y claridad cuando se refiere a términos tan confusos actualmente como el amor y el dolor que me sobrecoge. Muy buen artículo.

    Muchas gracias Laura.

  3. Blay dice en el texto que «sentimos dolor porque estamos asidos a las cosas, física, afectiva o mentalmente». No es fácil esta desidentificación porque desde la infancia nos conformamos un mundo de cosas y personas y nuestra interacción con ellas. Pero las repetidas pérdidas que nos muestra la experiencia nos hace evidente que no somos la cosa ni la persona que amamos, pero sí que somos el amor con el que hemos interactuado mientras ha durado la relación. Y eso lo somos siempre.

  4. Antonio Blay nos habla del dolor, pero no de un dolor físico, sobretodo de un dolor emocional al que le podríamos poner el nombre de sufrimiento. Hay maestros que dicen que cuando nos saturamos de sufrir, y ya no queremos sufrir más, es cuando estamos preparados para trascenderlo. Y para ello, como Blay (1963) apunta, el trabajo espiritual es la única vía eficaz.

    Y nos muestra el camino de solución, atendiendo a la frase “Ver la verdad de la vida quiere decir ser consciente, en el nivel mental, de la vida que está fluyendo a través de él.” Es a nivel mental donde hay que prestar especial atención, pues todos los problemas empiezan en la mente, y deben resolverse en la mente.

    ¿Como dejamos de aferrarnos al sufrimiento? Mediante la “Verdad de la vida” atendiendo el presente, sin olvidar contraponer la “verdad de la vida” al error del pasado para trascender la fuerza de los hábitos. De este modo, indudablemente la “Verdad de la vida” disolverá la ignorancia, y así el sufrimiento que conlleva.
    Un abrazo

  5. Efectivamente, únicamente viviendo desde el fondo la situación que nos genera dolor seremos capaces de trascenderla y desidentificarnos de ella. De esta forma dejaremos de apoyarnos en el objeto y comenzaremos a vivir conforme a la esencia. La plenitud que experimentamos cuando somos capaces de soltar estas ataduras que nos amarran a lo externo, a las circunstancias, es de una naturaleza indescriptible. No existe mayor liberación que pasar de identificarnos con el dolor que produce algo, a agradecer el hecho porque actúa como estímulo que nos permite experimentar la realidad trascendente que somos.

  6. Laura te agradezco el artículo porque este año he estado muy servida de pérdidas trágicas y aun llevándolo con serenidad me he quedado muy seca por dentro, quizás por la cantidad en tan poco tiempo. Pero el comentario de Georgina me ha conmovido porque precisamente es lo que veo con respecto al dolor de las pérdidas, puede que la mayor lección sea el poder comprobar el amor que se ha vivido y se ha sacado de dentro en relación a esa persona. Porque si cerramos los ojos con las personas que perdemos y que nos duele lo que queda son momentos de amor que de no haberlos conocido no hubiesen aflorado de nosotros.

  7. Gracias a ti Pilar por tu comentario. También creo que estas situaciones nos trasladan de un modo contundente a nuestro centro y nos permiten hacernos permeables al fondo con mayor facilidad.

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