Factores que concurren en la experiencia espiritual (1º de 3)

En el capítulo anterior estuvimos hablando de la experiencia central, que es lo más importante que hay en ese trabajo de realización espiritual. Conviene que nos detengamos un momento en esta experiencia para aclarar las circunstancias, el ambiente, los factores que, de un modo u otro, concurren, son favorables para que la experiencia sea óptima.

Muchas personas están dando vueltas alrededor de lo espiritual. Afirman que sienten por ello mucho interés, que lo desean mucho, que en el fondo son muy espirituales. Pero se pasan toda la vida alrededor de lo espiritual. En realidad no se puede hablar de lo espiritual hasta que no empieza a vivir experimentalmente. Todo lo demás es un deseo, una vaga aspiración que están bien, pero que no son nada que pertenezca propiamente a la vida espiritual. La vida espiritual no es la vida hecha a base de ascetismo, de mortificación. Esto puede ser una vida que eduque, que desarrolle algunos aspectos de la personalidad. Pero no es la vida espiritual. Esta sólo empieza cuando el espíritu, a través de la experiencia directa, llega a ser protagonista en nuestra vida. Mientras esto no ocurre nosotros seguimos siendo los protagonistas en nuestra personalidad corriente.

Indicaremos ahora unos requisitos que si se cumplen y se trabajan proporcionarán el máximo de seguridad y rapidez en la experiencia.

Aspiración e intuición

1º. El primer factor indispensable es que exista una aspiración real y una intuición real.

Distingamos: aspiración es aquella demanda que hay en nuestra afectividad, la cual busca un modo más importante, más universal de sentir, de amar. Yo creo que en toda persona existe aspiración en un grado u otro, porque, unos más y otros menos, todos hemos conocido momentos en que nuestro corazón ha parecido ensancharse y hemos experimentado un amor más profundo, más amplio, más elevado. Esta experiencia ha dejado como huella una nostalgia, una amenaza. Y esa tendencia a volver a tener lo mismo, a progresar en este sentido, eso es aspiración. Cuando nuestra vida está empujando afectivamente, deseando sentir y vivir esa realidad afectiva de amor, de felicidad, de belleza, en un grado máximo, esa es la aspiración.

La intuición es de un orden distinto. Aquí no se trata de sentir una demanda afectiva, sino de experimentar el hecho de una verdad que nuestra mente acepta como cierta sobre la existencia de una realidad superior al mundo normal conocido. Esta verdad superior se presenta como algo total, como algo único. Puede presentarse como un nivel de sabiduría desde donde las cosas pueden ser conocidas, pero también ofrecerse a la mente intuitiva como la realidad del ser que está detrás de todo lo que se mueve. Es decir, puede presentarse de muchos modos, con muchos matices, pero siempre adquiere la forma de un asentimiento, de una certidumbre, sin pruebas racionales de ninguna clase, de que existe una Realidad Superior y de que esta Realidad Superior está en contacto con nosotros y nosotros podemos establecer contacto con ella.

Pues bien; esa aspiración y esa intuición, en un grado u otro, existen. Conviene que existan ambas cosas, pero también que estén bien definidas una de otra, que dejen de ser aspiraciones vagas para

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convertirse en aspiraciones claras y, sobre todo, integradas con la mente concreta. Es decir, yo puedo tener la intuición y la aspiración, pero ambas pueden girar tan lejos de lo que es la órbita de mi vida consciente diaria que sean simplemente como una nube que yo traigo conmigo, como un ambiente que me rodea, pero que no está perfectamente integrado, actualizado conmigo; que sigue siendo, pero que puedo prescindir de él, y, en mi vida diaria, de hecho, prescindo. Es preciso que nuestra mente consciente se integre con esa aspiración, es necesario que para nosotros esta intuición y aspiración vayan siendo cada vez más claras, más reales, más evidentes y efectivas. Para conseguir esto será bueno que yo me dedique, en caso de no tener un concepto muy claro, a lo que se llama un trabajo de meditación, cuyo objetivo consiste precisamente en irme aclarando sobre las cosas que son objeto de aspiración o de intuición, tanto si son sentimientos como si son verdades. A medida que vaya meditando –y meditar significa ir reflexionando profundamente para conocer algo más en mi interior, mirar claramente lo que siento para penetrar más en ello–, esa aspiración e intuición irán consiguiendo solidez, y una solidez próxima a la mente consciente.

Por lo tanto, el primer requisito consiste en que la aspiración sea algo muy concreto, algo muy mío, muy próximo a mi realidad; no algo lejano y fluctuante.

Antonio Blay Fontcuberta. «Caminos de autorrealización. Capítulo IV Factores que concurren en la experiencia espiritual». Editorial Cedel. 1983.

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