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Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorQue en un tema de debate haya juicios de valor es algo imprescindible. De lo que se trata es de disfrutar de la perspectiva de la realidad que tiene el otro porque suele complementar la que tienes tú. Cuando dos discuten, la verdad está en lo que dice el uno, lo que dice el otro y algunos factores más que ni uno ni otro han tenido en cuenta. En cualquier caso, los que estamos en el Trabajo, no nos sentimos atacados porque alguien discrepe de nosotros y es que no nos tomamos esta discrepancia como algo personal.
Conocedor de que Emilia tenía unos amigos que estaban un poco rebotados con Cataluña, le propuse que reflejara sus opiniones en este foro. He de decir que tienen mucha razón en los hechos que denuncian; y no me sabe mal pedir perdón en nombre de mi pueblo en tanto que fueron tratados con soberbia y desprecio por algunos que se creyeron superiores por el hecho de ser catalanes. Claro que aparte de la cuestión nacional, aquí se plantea la típica relación de opresión de los inmigrantes, tanto por la burguesía como por las clases menos favorecidas del territorio que contemplan a los recién llegados como una amenaza. Pero esto no es privativo de Cataluña: actualmente lo están sufriendo en todo el Estado los que han venido de África, de Sudamérica y del este de la propia Europa.
Dejo a los compañeros que se dedican a la educación la respuesta al manifiesto del Sr. Jiménez Losantos en relación con la inmersión lingüística. Sólo decir aquí que los peligros que profetiza, afortunadamente, no se han cumplido. Y también que olvida por completo el hecho de que la lengua catalana estaba en peligro y había que reforzarla.
En cambio me parece interesante prestar atención al encono que reviste en Bélgica el enfrentamiento entre valones y flamencos; fenómeno que también he vivido muy cerca y es exactamente como cuenta Emilia. A mi entender, sería mucho mejor que el estado belga se dividiera en dos: Flandes y Valonia. De esta manera, cada uno podría ser lo que es sin necesidad de afirmarse en contra del otro.
El progreso en la sociedad pasa primero por la democracia: que seamos todos iguales, para continuar, en un nivel superior, atendiendo al hecho de que cada uno de nosotros es diferente. Eso vale para las personas y para los pueblos; y reconocerlo enriquece al colectivo; igual que nos enriquecemos con este debate.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorLa madre del cordero es que para poder asignar los recursos con un plan determinado hay que tener el dominio de estos recursos. Y claro aquí aparece el problema de la libertad que se supone que el mercado permite.
Con este planteamiento, todos los parados podrían pasar la semana próxima por la oficina de empleo; no para renovar el paro sino para informarse del trabajo que se les ha asignado. Pero claro, esto seguramente limitaría su libertad.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorMagnífica explicación que pone claramente de manifiesto que la empresa capitalista ha dejado de ser un vehículo útil para el desarrollo y mantenimiento de la sociedad; porque a la vista está que el objetivo del beneficio por encima de cualquier otra consideración entra en colisión con la finalidad última de cualquier sistema económico que es permitir el sustento de toda la población.
También das en el clavo cuando apuntas que basar una alternativa exclusivamente en el desarrollo de la conciencia individual es algo utópico, porque cualquier sistema económico tiene aspectos técnicos que no se pueden satisfacer mediante el voluntarismo. Así que, si pretendemos prescindir de la empresa capitalista y del sistema de mercado, hemos de proponer una alternativa que permita resolver algo tan indispensable como es la asignación de recursos: qué tenemos qué producir y qué factores vamos a emplear para producirlo. Actualmente esto se hace mediante el sistema de precios de los bienes, del precio de los factores: materia prima, información y mano de obra (salarios); y de rentabilidad del capital (dividendos).
Pero en vez de fijarnos en estos precios y dividendos, también podemos observar directamente los bienes reales, físicos, que se están manejando. A fin de cuentas, los precios, los salarios y los dividendos no dejan de ser una abstracción contable. Lo cierto es que para producir trigo se necesitan gente y arados. Dada una extensión de tierra, podemos estimar el número de personas y arados necesarios para cultivarla, la cantidad de trigo que van a consumir estas personas y la cantidad que, por tanto, sobrará. Considerando también la cantidad de trigo que consumen los trabajadores que producen el hierro para los arados así como el hierro empleado en sus herramientas, tenemos el problema resuelto.
Supongamos que constatamos en la práctica los siguientes datos: Los campesinos consumen 280 quintales de trigo y 12 toneladas de hierro (en forma de arado) y consiguen una producción de 400 quintales de trigo. Los operarios de la industria consumen 120 quintales de trigo y 8 toneladas de hierro y consiguen 20 toneladas de hierro:
280 Qm. de trigo + 12 Tm. de hierro = 400 Qm. de trigo
120 Qm. de trigo + 8 Tm. de hierro = 20 Tm. de hierroEn esta economía cerrada en la que solo se produce trigo y hierro podemos tomar como unidad de cuenta cualquiera de los dos productos; supongamos que elegimos el trigo:
12 Tm de hierro = 400 Qm. de trigo – 280 Qm. de trigo = 120 Qm. de trigo.
Si 12 Tm de hierro valen 120 Qm. de trigo, el valor del hierro es igual a 10 veces el del trigo. O, si se quiere, el precio del trigo es 1 unidad y el del hierro 10 unidades. David Ricardo escogió el trabajo como unidad de cuenta porque aparecía en la totalidad de los procesos productivos y Marx lo convirtió filosóficamente en fundamento del valor; pero lo cierto es que, como unidad de cuenta, tan correcto es elegir el trabajo como los cerdos. Se trata simplemente de establecer unos valores de intercambio que se correspondan con las proporciones reales en que intervienen en el proceso económico las diferentes mercancías.
Pero además, estas proporciones sirven para definir técnicamente que cantidad de cada mercancía se necesita para producir otra mercancía. Así podemos ampliar el ejemplo del trigo y el hierro a millones de mercancías, y establecer para cada una de ellas la cantidad física de todas las demás que se precisa para producirla. Podemos representar la producción de la totalidad de bienes del sistema como producto de combinaciones de todos ellos; en las proporciones determinadas por coeficientes técnicos. Simplemente, si algún bien no interviene en la producción de otro, su coeficiente será cero.
Esto es lo que se conoce actualmente como “Tablas Input-Output”. Si se conoce en profundidad el sistema económico en términos físicos, no se necesita ningún mercado para determinar ni los precios ni los factores de la producción necesarios para producir cada bien. Es más, el mercado lo hace por tanteo y en cambio, de esta manera, se obtienen los datos precisos de una manera inmediata. Para determinar lo que debe producirse sólo hay que decidir si queremos dar preferencia a la producción de trigo o de hierro; sabiendo que para incrementar la producción de cualquiera de las dos cosas debemos incrementar también la de la otra en la proporción que ya conocemos. Por lo tanto, podemos dirigir el proceso de crecimiento en función de objetivos sociales preestablecidos en vez de subordinarlo al beneficio del capital.
Además, conociendo la proporción de intercambio o valor de los distintos bienes, nada nos impiden alterarla siempre y cuando compensemos la disminución de unos con el crecimiento de otros. De esta manera podemos subvencionar, por ejemplo los libros, a costa del alcohol y dirigir el consumo hacia una dirección determinada, al igual que hacemos con la producción. Sólo hay que definir los objetivos que se quieren conseguir y toda la economía se subordinará a su consecución. ¿Y quién decide lo que hay que producir?: pues lo deciden los ciudadanos democráticamente.
Jordi Sapés de Lema
SuperadministradorSí, funcionarios han habido siempre; pero, en el capitalismo inicial, que como sabes nació con la Revolución Francesa, se consideraba que cuantos menos hubiera mejor, porque costaban un dinero que había que pagar con impuestos. Los únicos imprescindibles eran el ejército, la policía y los jueces; se los consideraba necesarios para mantener el poder, pero se les tenía por improductivos: de aquí viene el tópico de que los funcionarios “no hacen nada”. La gente de la calle consideraba que el carpintero que fabricaba muebles hacía crecer la riqueza del país; pero el funcionario que tramitaba su licencia y el funcionario que le cobraba los impuestos hubiera sido mejor que hicieran algo de provecho, como el carpintero. Claro que hay que pagarles un salario a los funcionarios; pero, desde un punto de vista económico, cuantos menos haya mejor porque no son gente productiva.
Eso hasta que llegó un día en que todos los ricos ya tenían muebles y al carpintero se le llenó el almacén de muebles porque la gente normal no tenía dinero para comprárselos. Entonces, desde un punto de vista económico, para que la economía siguiera funcionando, no se precisaban más carpinteros que hicieran más muebles sino gente que tuviera dinero para comprarlos. Por ejemplo: los funcionarios. Así , de paso que hacían de maestros y de médicos de la gente humilde, ganaban dinero y le compraban muebles al carpintero. Claro que había que cobrar más impuestos para pagarles el salario a los enseñantes y a los sanitarios, pero todo el mundo prosperaba.
Hasta ahora. Todavía hay gente en los restaurantes, cierto; quizás funcionarios de carrera que todavía conservan el trabajo. Pero si, al salir, te quedas un rato en la calle, verás por los alrededores un desfile de gente, aparentemente normal y bien vestida, abriendo los contenedores de basura, a ver si pillan algo. Y es que los ricos han decidido no pagar más impuestos.
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